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Air Doll

Film: ‘Air Doll/Kûki ningyô‘ (2009), de Hirokazu Koreeda

Secuencia película-min.45

– Dime, ¿has oido hablar de un insecto llamado efímera? Ese insecto muere un día o dos después de dar a luz. Tiene el cuerpo vacío, no tiene ni estómago ni intestinos. En su interior solamente tiene huevos. Es una criatura nacida sólo para dar a luz. Los seres humanos no somos muy diferentes, nada tiene sentido.

– Yo también estoy vacía.

– Que coincidencia, a mi me pasa lo mismo, estoy vacío.

 – ¿Cree qué habrá más como nosotros?

– Hoy en día, todo el mundo está vacío. 

– ¿Tódo el mundo?

– Sí, sobre todo las personas que viven en ciudades como esta. No eres la única. Oye, ¿conoces alguna poesía?

– ¿Poesía?

 – ¿No conoces ninguna poesía? Ahh, no importa. La vida está…
– La vida está…

Parece que la vida está organizada de una forma en la que nadie es feliz sin compañía.

Así como las flores no les basta con tener pistilos y estambres. Un insecto o el viento deben ayudarlas a polinizar.

La vida es soledad que sólo con otro se puede satisfacer.

Parece como si el mundo es la suma de esos otros. Y, sin embargo, no sabemos no nos dicen que nos complementamos mutuamente. Vivimos de forma desperdigada.

Conducimos nuestras separadas vidas, perfectamente ignorantes uno del otro. O a veces, poder encontrarnos con la insoportable presencia de otros.

¿Por qué este mundo está construido de forma tan improvisada?

Un tábano, rodeado de luz, vuela hasta posarse sobre una hermosa flor. Yo también podría haber sido un tábano para alguien. Y quizás tú también alguna vez hayas sido mi brisa

Película completa (1:56:00)

Tener alma es una terrible experiencia.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Lo que quiero ahora

Será por la edad, porque de leer siempre algo queda, por esos golpes de la vida, de tanto caer y de no tener más remedio que levantarte -más por los demás que por uno mismo-, porque hay que ser positivos. Sí, eso es. Basta de quejarse, de tantos choques de ego.

El otro día me llegó vía @ un artículo de Ángeles Caso, a la que realmente -desde su paso por TVE en los años 80 y por sus premios literarios- apenas la he seguido. Y ahora me doy cuenta de lo mucho que me he podido perder. De saber lo que uno quiere. Bueno, casi. De lo que percibe. ¿Quién lo sabe a ciencia cierta?

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Lo que quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran areposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Por Ángeles Caso (Gijón, 1959) en Magazine LA VANGUARDIA

I find shelter, in this way
Under cover, hide away
Can you hear, when I say?
I have never felt this way

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Could I be, was I there?
It felt so crystal in the air
I still want to drown, whenever you leave
Please teach me gently, how to breathe

And I’ll cross oceans, like never before
So you can feel the way I feel it too
And I’ll mirror images back at you
So you can see the way I feel it too

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Música- The xx

+ info en 11.1.11

+ info en Lo que NO quiero

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Hay tiempo

Puedes intentar huir de la historia de tu vida. Pero no puedes (…)

El corazón se rompió. Te conoceré cuando seamos dos viejos. Y puede que sabios. Espero que sabios.

Te conozco ahora. Tu historia. La mía no es la que hubiera elegido desde el principio. Pero la acepto. Es mi historia. Y sólo mía. Y aún no ha terminado.

Hay tiempo.

Hay mucho tiempo

Fragmento final del capítulo 4, de la serie ‘Iluminada

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Life in a Day

La vida en un Día‘ (2010)

Más que un documental, historias entrelazadas, sentimientos encontrados, risas solapadas.

Porque hay más de una, de dos, varias maneras de vivir.

En total, 80.000 vídeos procedentes de aficionados de 192 países.

Un proyecto de YouTube producido por los hermanos Ridley y Tony Scott, y dirigido por Kevin MacDonald.

(…) A medida que pasan los años, la vida no es más que un constante proceso de pérdida

(por Haruki Murakami, en ‘1Q84‘)

© Iñigo Ortiz de Guzmán


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