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2º Asalto

Pactar es ceder un poco

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Mariano Rajoy sigue sin contar con ningún apoyo a su candidatura tras unas conversaciones en las que se ha confirmado el distanciamiento del PP con el resto de formaciones, a las que no ofrece medidas concretas

Lo intuyó Dámaso Alonso: Madrid es una ciudad de más de un millón de pactistas, pero sin tradición de pactos. Por eso los pactos no salen. Ya fallaron en la pasada legislatura y, si nadie lo remedia, la situación va camino de repetirse, aunque no a petición del distinguido público. El PP tiene claras las cosas: o se acepta que Mariano Rajoy sea presidente o habrá nuevas elecciones. ¿Qué ofrece a cambio? No se sabe. Dijo, eso sí, que debe haber un gobierno estable, pero se olvidó de explicar las acciones que acometería el ejecutivo para el que pide apoyo parlamentario. Sus portavoces hablan de matizar el programa electoral, e incluso de modificar la ley de educación, aprobada durante los años de mayoría absoluta contra todos los demás partidos y movimientos sociales. Pero eso es ofrecer la piel de un oso que no ha cazado y que no tiene medio de cazar: no puede aplicar su programa electoral porque carece de apoyos suficientes y, aunque Rajoy consiga ser presidente del gobierno, este tendrá que asumir las modificaciones que el Parlamento introduzca en las leyes que aprobó en su día en solitario (solo la laboral contó con los diputados de la entonces CiU). Mientras, visto que en la primera repetición el discurso del miedo a la inestabilidad y a Podemos le permitió crecer en número de diputados, Rajoy ha decidido insistir en la estrategia confiando en atemorizar a los que vieron sus fuerzas disminuidas.

Complicado acercamiento

Hay en la Cámara formaciones más afines a la derecha. En primer lugar, Ciudadanos (que el miércoles daba un giro a su estrategia al anunciar su abstención

El discurso exhibido por el PP hace que el acercamiento a los nacionalistas resulte casi imposible

en segunda vuelta), pero también el PNV o el Partit Demòcrata Català (PDC), que agrupa las cenizas de Convergència. Pero los populares han esgrimido el discurso del españolismo recentralizador con tal vehemencia que el acercamiento a ellos resulta imposible en el caso del PDC y muy difícil con los nacionalistas vascos, sobre todo porque en Euskadi habrá elecciones en otoño. Es cierto que el PNV ha sido siempre un partido de orden y que incluso su primera negativa fue educada, pero el acercamiento a cualquier nacionalismo periférico resulta indigesto para Ciudadanos, único partido que ha cuestionado el cupo vasco. Algo que ni siquiera el PP hace porque, como dijo en campaña el filósofo y candidato jeltzale Daniel Innerarity, “no conviene patear un avispero”.

El socio natural

Así las cosas, el probable aliado del PP es Ciudadanos. Sus dirigentes ya han entendido que su misión es encontrar la vía que facilite prestar sus votos al Partido Popular.Albert Rivera ha aprovechado estos días para trabajarse el discurso de modo que donde dijo que nunca permitiría (ni con el voto ni con la abstención) que Mariano Rajoy repitiera como presidente figure que había dicho todo lo contrario, naturalmente, por el bien de España. El problema es conseguir, como pretende, que le ayude el PSOE (aunque sea absteniéndose), de modo que Ciudadanos no quede como único apoyo a un PP con el que no quiere pactar nadie, entre otros motivos porque los populares no quisieron pactar nada durante los cuatro años en los que no les fue necesario. La insistencia de Rivera en que el PSOE debe colaborar en la investidura de Rajoy hay que entenderla como una acción en defensa propia: si Ciudadanos se convierte en la muleta del PP, con Rajoy al frente, sin compensaciones en una supuesta lucha contra la corrupción, su futuro puede quedar en entredicho. ¿Para qué dos partidos de derechas si el comportamiento es similar?

La papeleta del PSOE

El papel más difícil, sin embargo, es el de los socialistas. Aunque Pedro Sánchez sugiera que no habría terceras elecciones si no hubiera habido segundas, lo cierto es que el PSOE lo arriesga todo, tome la decisión que tome, tras un primer voto (al que Rajoy puso fecha en el 3 de agosto para aumentar la presión) que será necesariamente negativo. El líder socialista dejó muy claro que la obligación de encontrar apoyos para el gobierno del PP es del propio PP y no puede cargar a los demás con la culpa de sus incapacidades. Sánchez reiteró que el voto de los socialistas será siempre negativo, pero no por Rajoy, sino porque el programa del PP es incompatible con el del PSOE. Los socialistas no pueden conceder en modo alguno que Rajoy salga a la primera y solo muy a regañadientes pueden aceptar abstenerse en la segunda votación (o en la tercera, si fuera el caso) si obtuviesen claras contrapartidas que presentar a su electorado. Lo contrario sería el suicidio o la ruptura de un partido que, por otra parte, no está especialmente cohesionado.

Para permitir que Rajoy (u otro candidato del PP) sea el nuevo presidente del gobierno, el PSOE necesita concesiones de los populares. Concesiones de contenido: en educación, por supuesto, pero también en lo relativo a libertades (ley mordaza), en el modelo laboral (cambios en la contratación y en la negociación colectiva), en economía (financiación autonómica, fiscalidad y pensiones) y en asuntos aparentemente menores pero, al final, esenciales para la organización de la convivencia, como acabar con el sometimiento del poder judicial y de los medios de información públicos al Partido Popular.

El PSOE puede aceptar abstenerse solo si obtiene claras contrapartidas para mostrar a sus votantes

Es probable que Ciudadanos exija cambios en la ley electoral y nuevas medidas anticorrupción. En ambos casos podrá contar con Pedro Sánchez y sumar, además, el apoyo de Podemos, a quien los socialistas no querrán dejar el monopolio de la oposición. En el pasado el PSOE podría no haber sido receptivo a una reforma que afecte al sistema de representación electoral, pero tras el susto de las últimas elecciones los tres partidos pueden defender con argumentos una modificación que haga el reparto de escaños más proporcional a los votos reales. Menos partidario será, en cambio, el Partido Popular, gran beneficiado en el presente.

Buscar por esta u otras vías la colaboración de Unidos Podemos es esencial para los socialistas porque si un día quieren gobernar difícilmente podrán hacerlo solos, y no está claro que la derecha piense ayudarles. Nunca lo ha hecho. Por su parte, los partidos nucleados en torno a Pablo Iglesias, pasado el sarampión, tendrán que aceptar que en el Parlamento cabe algo más que el mero no a lo que hagan los otros. Y para eso necesitarán pactar. Los más cercanos y con mayores coincidencias programáticas son los socialistas.

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Asunto sensible

Queda la patata caliente de la reforma constitucional. Rivera ha querido presentarse como el adalid de lo que él llama el “frente constitucionalista”. Eso tiene poco recorrido. Tan constitucionalista es quien defiende que la Constitución no se toque (o se toque poco) como quien propone (Unidos Podemos) modificarla respetando los mecanismos que la propia Constitución prevé. Y esta modificación tendrá que hacerse contemplando el problema territorial que se vive en Cataluña, donde la pasiva indolencia de Rajoy ha sido un maná para el independentismo. Los socialistas (o una parte de ellos) hablan de reforma federal; Unidos Podemos, de una España plurinacional. No todo parecen divergencias. Y también se abre aquí un campo donde exigir gestos al PP a cambio de permitir su gobierno en minoría.

Vistas las cosas, no todo está perdido. Nadie puede imponer sus proyectos a los demás. Queda la vía de la negociación y hasta, quizás, puedan alcanzarse acuerdos.

Por Francesc Arroyo, AHORA SEMANAL

IlustraciónRaúl Arias

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Qué no pasó

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Uno de los nuestros

Vista gorda. Vividores. A votarles hagan lo que hagan.

Por Jesús Cintora

Cuando el 50% de los jóvenes españoles lamenta estar en el paro, Carlos Alberto puede contar que llegó a alcalde con 28 años, sin acabar los estudios universitarios y gobernó durante cuatro legislaturas. Carlos Alberto amasó un dineral, se compró una casa, un coche de alta gama de 60.000 euros, una moto de alta cilindrada de marca y enchufó a unos cuantos colegas en el consistorio. Sin esconderse. Carlos Alberto hacía y deshacía (sobre todo esto último) y la gente le seguía votando. 16 años con el bastón de mando, el machito.

Dicen los que quieren mal a Carlos Alberto que tenía un montón de queridas, esperándole en un puticlub privado que pagaba en una de las discotecas de moda en Madrid. Sí, ‘ puticlub privado’. No se privaba de nada, pero con el dinero de todos. Total, llegaban las elecciones y venga esas papeletas para Carlos Alberto. Él lo celebraba con papelinas de coca, según hablan los que le odiaban.

Nuestro héroe popular gozaba de financiación irregular para las campañas electorales, facturas falsas, infladas, dinero negro, adjudicaciones a dedo… Vamos, lo que viene a ser el manual. Eso sí, Carlos Alberto con gomina, traje y corbata. Qué majo este chico, qué bien viste y cómo habla, aunque le investiguen hasta por chanchullos con la recogida de ropa usada para los pobres. “¿Qué hace aquí toda esta chusma?”, dicen que preguntó en alto don Carlos al ver a los vecinos protestando por sus viviendas.

El alcalde es “un descojone“, comentaban los directivos de empresas que conocían sus vicios y le sacaban así las contratas. “Si le digo que le voy a llevar a un sitio con masajes relajantes, se sube por las paredes”, se oye en las conversaciones telefónicas intervenidas por la Guardia Civil. “¡Eres la polla, eres la polla!”. Unpicha brava que hasta llevaba pistola era Carlos Alberto.

Es la historia de un virrey, que gobernaba un pueblo de apenas 5.000 habitantes. Y la Mancomunidad y lo que le echaran. Le dio para todo esto, para dejar la localidad entre las más endeudadas de España y para estar imputado por prevaricación, fraude, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y cohecho. Lo votaban masivamente y el partido le ponía lo que hiciera falta. ¿Nadie se olía nada? Sabemos que “olía a alcohol en los plenos e imaginábamos que era joven y llegaba de una noche de farra”.

Vista gorda. Vividores. A votarles hagan lo que hagan. Carlos Alberto era alcalde de Moraleja de Enmedio. Con estos mimbres, qué gran película haría Berlanga. Moraleja: si pasó esto en Moraleja, qué no pasó y pasará en el resto de España.

“Un político ignorante se vuelve peligroso”, Arturo Pérez-Reverte

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En el límite entre el bien y el mal

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Este es Zapata

Por Nacho Vigalondo

La carrera política de Guillermo Zapata está en entredicho, probablemente para siempre, por culpa de un puñado de tweets que publicó hace años. Nadie pone en duda lo desagradables que son, y a partir de ahí quizás nos deberíamos preguntar cómo es que tamañas ofensas pasaron desapercibidas en su momento, y cómo su autor ha podido permanecer impune durante tanto tiempo.

Es fácil adivinar la respuesta. Las salidas de tono de Zapata no tuvieron ningún eco en su momento porque fueron publicadas ante un público reducido que, conociendo del sobra al autor, por su faceta activista y como escritor brillante con unos temas y estilo muy reconocibles, jamás se las hubiese tomado en serio, ni les hubiese proporcionado el doloroso eco que tienen ahora. Ha hecho falta que Zapata fuese nombrado concejal en Madrid en un partido que hace nada ni siquiera existía para que estas frases acabasen teniendo alguna repercusión. Poca broma.

Casos como el de Guillermo Zapata, similar al que yo mismo protagonicé en el 2011, siguen sonando a moda pasajera, cuando quizás deberíamos asimilar que han llegado para quedarse. Porque, aunque de aquí a unos meses muchos se lo pensarán dos veces antes de escribir bromas potencialmente dolorosas, el uso de las redes sociales como medio de comunicación inmediato, visceral y a veces muy, muy irreflexivo no ha frenado. De hecho está definiendo la vida de las nuevas generaciones hasta un límite que nosotros, por falta de distancia, somos incapaces de adivinar. Los que descubrimos Internet después de nuestra pubertad, a los que el fenómeno youtuber nos viene grande, somos como la primera generación que experimentó el tabaco sin conocer su relación con el cáncer de pulmón. Vamos identificando los problemas a medida que los padecemos, pero todavía no le hemos puesto nombre a los síndromes. De repente contamos con un número creciente de escándalos, imprudencias, agresiones, acosos y linchamientos y no parecemos aprender nada nuevo de un año para otro.

Ante este futuro incierto, pero con toda seguridad problemático, la respuesta podría ser un sistema de reglas estrictas que todos tuviésemos que acatar desde niños, una vigilancia que se proyectase sobre todas nuestras actualizaciones y estados de ánimo. Pero, siendo optimista, quiero pensar que la solución pasará por un proceso educativo que nos dé herramientas para defendernos, pero también nos ayude a traducir y entender la expresión del otro. Que aprendamos a ser críticos sin ser sádicos. Que sepamos cuestionar sin agredir, denunciar sin linchar. Que tengamos una visión lo suficientemente y firme del antisemitismo, de la homofobia, del machismo, del racismo y demás motores del odio como para condenarlos de manera incondicional pero, a la vez, sin consentir que se utilicen como moneda de cambio en maniobras oportunistas, por muy próximas que estén a nuestra agenda política. Que ser de izquierdas o de derechas no te vuelva ciego o hipersensible en función de quién y cómo ha patinado. Que, sobre todo, redescubramos la posibilidad de disculparnos y perdonar, dos comportamientos que nos inculcan de niños, pero que se convierten en objeto de indiferencia, desprecio o burla en las columnas y titulares que leemos de adultos.

Si alguien siente un interés real por cómo es y piensa Guillermo Zapata tiene una montaña de declaraciones y artículos que desgranan su visión sobre el bien común, el civismo y la posibilidad de la empatía a día de hoy. Recomiendo, por ejemplo, su hermosa lectura de la película Balada triste de trompeta o el entusiasmo con el que desgrana Freakangels, un bello tebeo británico en el que los superhéroes no se dedican a pelear entre sí, sino a recomponer un tejido social moribundo.

Sólo hace falta una conexión a Internet, unos cuantos minutos y un mínimo de curiosidad (o compasión).

+ info Carmena entra al trapo

carmela espe poder

Vídeo‘Desde el primer segundo’ La Voz de Iñaki Gabilondo

Artículo– “Los condenados a muerte por Franco se lo merecían”, afirma un alcalde de Lugo

IlustraciónManel Fontdevila & Bernardo Vergara

 

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Cacatuidae

espe tv carmona

Los soviets y los putos chinos

Por Ruth Toledano

Esperanza Aguirre se paseó por calles y platós con una soberbia tan vulgar como su rabia posterior. De la bajeza y el insulto en una campaña electoral que dejó patente la calaña de la aristócrata a unas declaraciones postelectorales tan delirantes que han puesto en cuestión su salud mental. Todo ello pasando, al conocer los resultados de las urnas, por una pataleta tan infantil como vergonzosa. Aguirre, que iba a la alcaldía de Madrid a poner un ostentoso broche final a su carrera política, está en serio peligro de quedarse con el desprecio de todos, empezando por los suyos.

Lo que ha empezado a suceder es que las alcaldías y el resto de gobiernos no se quieren ya feudos curriculares y personalistas sino instituciones por y para los ciudadanos, con todas las dificultades de entendimiento y negociación de las diferencias que haya que afrontar. Lo que ha fracasado, con ella, es un modelo de hacer política que a la mayoría repugna y a su partido ha dado una lección. Nada es lo mismo desde el 24M y el PP toma nota con pulso visiblemente tembloroso. Máxime cuando la debacle que representa la aristócrata psicótica coincide con el delito de “organización criminal” que el juez De la Mata cita en la apertura de juicio por la caja B de sus cuentas y con la detención de Serafín Castellanos, Delegado del Gobierno en Valencia.

La alusión que hizo Esperanza Aguirre a los soviets en los distritos madrileños viene a simbolizar, en su desvarío, la descomposición oficial del Partido Popular. Han ayudado, claro está, los calorets de Rita Barberá, las cacerías de Castellanos, las peleas en barro leonés del ministro Soria, las seudodimisiones de Fabra, Bauza y Rudí, las amigas invisibles Cospedal y Sáenz de Santamaría, y el experto en comunicación en plasma Rajoy. Es decir, la banda mafiosa que investigan los jueces. La mala suerte está echada para el PP.

froilan cuatro

A todas estas, Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón, Froilán para la plebe y Pipe para los amigos, se va al Parque de Atracciones de Madrid, se quiere colar en la montaña rusa, un chaval de aspecto oriental le insta a que respete su turno y el Borbón responde a lo aristócrata, estilo Espe: “Tú cállate, puto chino”, le suelta al súbdito que osó defender su derecho constitucional de ser igual ante la ley y ante la cola. No contento con ser xenófobo, clasista y grosero, hizo valer ante los presentes su condición de cuarto en la línea de sucesión al trono de España. Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón hizo gala de ser un niñato impresentable que se merece un par de esas que te metían en la educación tradicional que añoran los de su clase.

Podemos sacar del comportamiento de Pipe conclusiones similares a las que sacamos con el de la exlideresa condesa. Por lejos que esté del trono y de alcanzar la madurez mental, Froilán puede representar, como Esperanza Aguirre, la descomposición de una Corona que ya no es capaz de sostener ni un impertérrito Felipe VI. A fin de cuentas, el insolente Pipe no hace más que seguir la estela de descomposición moral de su abuelo Juan Carlos, su tía Cristina y su taurina madre. Recordemos, por cierto, que el yayo también es mucho de mandar callar.

Lo que fue a dejar patente el patán Froilán en el Parque de Atracciones es una pregunta que pronto habrá que contestar: qué narices pinta ya aquí la Familia Real. Entre otras cosas, el cuarto en la línea de sucesión andaba por allí con una escolta que pagamos todos a través de los presupuestos del Ministerio del Interior. Solo un pico de lo que nos cuesta mantener a una institución obsoleta e inútil, además de corrupta y cómplice de tortura animal: ya fuera por gusto personal o por consejo de sus asesores, que Felipe VI asistiera a Las Ventas el otro día fue una decisión desastrosa para él y para la Corona, por lo que tiene de desprecio a la mayoría de los españoles, que rechaza esa cruel práctica.

De modo que el puto chino de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos de Marichalar y Borbón, Excelentísimo y Grande de España, tiene el valor simbólico de los soviets de Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa de Bornos y Grande de España también: demuestra que ese viejo mundo suyo de privilegios, abusos y demencia de sangre azul no tiene cabida en el futuro de nuestra democracia.

Dicen que la atracción a la que quería colarse el chaval Borbón se llama El Abismo. No hacía falta que se colara: en el abismo ya están él y los suyos. Como está la condesa chalada, a la que apenas 400 personas fueron a defender a la concentración convocada al efecto en Colón. Personas, eso sí, que insultaron, golpearon y amenazaron de muerte a los periodistas, dejando así constancia de su calaña.

El cambio ha empezado. Estos dos esperpénticos personajes lo personifican a su pesar. No será fácil y habrá que hacer concesiones. Pero sin olvidar lo que son la verdadera excelencia y la auténtica grandeza. Recuperarlas, desechando las falsas (las de los soviets y los putos chinos). Y tratar de guiarnos por ellas.

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Caza de brujas

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Si no votas al PP, votas a ETA

Por Ignacio Escolar

Manuela Carmena fue una de las fundadoras del despacho de abogados laboralistas que sufrió la matanza de Atocha, es premio nacional de Derechos Humanos y cofundadora de Jueces para la Democracia; fue magistrada del Tribunal Supremo, jueza decana de Madrid y relatora de la ONU, entre otras muchas cosas. Cuando se jubiló, abrió una tienda social de ropa para niños hecha por reclusas en reinserción. Pero cuando la presentan en el debate de Telemadrid, la parte más importante de su currículum es que fue jueza y asesoró al Gobierno Vasco.

Se entiende mejor el detalle biográfico vasco que recupera la ‘imparcial’ moderadora cuando al minuto Esperanza Aguirre acusa a Carmena de llevar “abertzales en sus listas”, de preocuparse por “el sufrimiento de los etarras”, de haber excarcelado a terroristas y, por supuesto, de “despreciar a las víctimas”. Jugada en equipo: la moderadora pasa y Aguirre chuta. TeleEspe funciona así.

 La estrategia de Esperanza Aguirre en ese aberrante formato de debate electoral que ella misma impuso en Telemadrid ha sido bastante clara: embarrar aún más campo, a ver si así consigue manchar la imagen de Manuela Carmena, su principal rival en estas elecciones, y que aparece como la candidata mejor valorada en las encuestas.

Esperanza Aguirre estuvo maleducada, impertinente, hipócrita y exasperante en el debate electoral. Acusó a Carmena de estar en sintonía de ETA; ese es todo su programa –que a cinco días de las elecciones sigue sin presentar–: si no votas al PP, votas a ETA. La lideresa siguió la ola de una portada de El Mundo tan indigna que hasta el nuevo director del periódico –que aún no ha tomado posesión– se desvinculó de tan rastrera acusación.

Relacionar con ETA a todo aquel que no sea del PP no es una estrategia nueva de la derecha, aunque ahora ese espantajo se use contra Podemos y Ahora Madrid; antes ya lo hicieron contra “zETAp” y esa “traición a los muertos” que indignamente acusó Rajoy. Utilizar el terrorismo de forma tan sucia e inmoral, banalizar sobre ETA de esta manera, sí es un insulto a las víctimas; una verdadera traición.

Lo escribí hace dos años en un artículo que, por desgracia, sigue vigente. Tú eres ETA. Yo soy ETA. Nosotros somos ETA y cualquiera que proteste es siempre ETA. Solo ellos no son ETA. En esencia, los españoles nos dividimos en dos grupos: los “ciudadanos de bien” (marca registrada) y el resto, los etarras.

Solo hay algo más lamentable que este populismo de brocha gorda de Esperanza Aguirre. Que este domingo le pueda funcionar.

manuela esperanza

Vídeo– a partir de 1:48:00 TELEMADRID

Viñeta- por Bernardo Vergara

+Info- Artículo de Ernesto Ekaizer

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Queda para Rato

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Fíjense qué honrado es el PP

Por Rosa Paz

Uno de los elementos del argumentario del PP que sus dirigentes tienen más interiorizado es aquel que consiste en repetir frases del estilo: “Fíjense ustedes si este partido combate la corrupción que la justicia investiga la Gürtel y el caso Bárcenas estando el PP en el Gobierno”. Lo dicen como queriendo dar a entender que el Ejecutivo podría impedirlo si quisiera y trasmitiendo la idea de que el poder político tiene la potestad de frenar a los jueces y no la utiliza. No la tiene, pero seguro que muchas veces lo intenta. Con estas afirmaciones, los dirigentes del PP no solo pretenden pasar por adalides de la honradez, sino que lanzan además un ataque directo a la imprescindible pedagogía democrática sobre la separación de poderes, de la que tan necesitado está este país.

Pero la realidad es la que es y los ciudadanos saben que el PP ha puesto todas las trabas que ha podido a la instrucción de los sumarios de la Gürtel y de Bárcenas y que los fiscales y los jueces han seguido adelante con ellos, como en su día hicieron con los GAL o los casos Roldán y Mariano Rubio, cuando el PSOE estaba en el poder. Poder que, por cierto, perdieron los socialistas precisamente por esas causas.

A la lista de escándalos del PP se ha añadido en los últimos días el descubrimiento de que Rodrigo Rato, el todopoderoso vicepresidente Económico del Gobierno de José María Aznar, se acogió a la amnistía fiscal de Montoro y está acusado por la Agencia Tributaria de fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. Las imágenes de su detención el pasado jueves dieron la vuelta al mundo, porque Rato es persona conocida por los medios de comunicación de todo el planeta, dado que a su condición de exministro y exvicepresidente del Gobierno de España une la de exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional.

pp corrupcion

Ha habido rumores sobre si Rato ha sido elegido por sus antiguos compañeros de partido como chivo expiatorio para frenar el desgaste social y electoral que les están causando tantos y tan graves casos de corrupción. Se dice que ha sido el Gobierno el que ha elegido la fecha del registro policial de sus viviendas y sus despachos y de su arresto durante 8 horas y que habría sido el Ejecutivo el que también habría avisado a la prensa para garantizar la conveniente difusión de la historia. Dudas que de momento no se despejan. Porque no se entiende qué beneficio le puede reportar al PP el estallido del caso Rato a cinco semanas de las elecciones. Salvo que se temieran, claro, que el juez podía ordenar el registro para la jornada de reflexión.

Habiendo sido Rato uno de los hombres más poderosos del PP junto con Aznar, Fraga y el propio Rajoy y siendo tan impactantes los hechos que le atribuye la justicia, no parece que de aquí al 24 de mayo se vaya a dejar de hablar de él. Ni aquí ni en el resto del mundo. Ni parece tampoco que el argumentario citado en el arranque les vaya a salvar de la quema, por mucho que el reaparecido Esteban González Pons lo utilizara el jueves para decir, sin el más mínimo rubor, que “si un partido como el PP no pone ningún obstáculo para que un icono como Rodrigo Rato pase por lo que ha pasado, algún crédito tiene que tener”. Eso es querer apuntarse un tanto sin haber hecho nada para merecerlo. No poner ningún obstáculo -que vayan ustedes a saber si lo ha puesto- es su obligación. Otra cosa habría sido haber denunciado a Rato o a Bárcenas o a Correa ante la Agencia Tributaria o ante la Fiscalía o ante el juez de guardia, eso sí que habrían sido ejemplos de lucha contra la corrupción.

@pazmacazaga

IlustraciónManel Fontdevila

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El anuncio de una muerte anunciada

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Cospedal abofetea en público a Javier Arenas

Por Antonio Avendaño

¿A quién se refería exactamente la portavoz de María Dolores de Cospedal cuando en la nota-bomba emitida este Viernes Santo hablaba de “los que perdieron en Andalucía”? No es preciso tener fuentes directas del PP en Madrid, Toledo o Albacete para adivinar que Carmen Riolobos, sin duda por indicación expresa de Cospedal, se estaba refiriendo a Javier Arenas. La guerra tanto tiempo latente entre la todavía presidenta de Castilla-La Mancha y el todavía líder de hecho del PP andaluz se ha convertido de la noche a la mañana en una guerra abierta. Aunque por persona interpuesta, Cospedal ha sacado las navajas, lo que significa que, esta vez sí, va a haber sangre.

INTRIGAS CONJETURALES

Para los analistas políticos no es fácil seguir la pista a las intrigas internas del PP porque todos sospechan que en realidad se trata de intrigas ficticias, o por lo menos de intrigas conjeturales: en el PP todo el poder se concentra en Mariano Rajoy, de manera que las sordas peleas entre las sorayas, los arenas y las cospedales han venido siendo hasta ahora como ese ruido de fondo que hacen los niños en las reuniones familiares: algo a lo que ningún adulto hace mucho caso… hasta que alguno de los niños empieza a llorar en serio.

Pues bien, Cospedal ha empezado a llorar en serio, y ello obligará a Rajoy a prestar atención a la chavalería, bien sea enjugando las amargas lágrimas  de Cospedal bien dejándola con su llantina hasta que se le pase.

andal comic

El origen del odio viene de lejos, pero habría tenido su culminación más elaborada hace cosa de un año, con ocasión del sorpresivo nombramiento de Juan Manuel Moreno como presidente del PP de Andalucía, en contra del criterio de Cospedal, cuya apuesta era José Luis Sanz, que tampoco era por cierto una gran apuesta teniendo en cuenta que el Tribunal Supremo puede en cualquier momento confirmar su imputación por prevaricación.

No es probable que Sanz hubiera mejorado mucho los pobres resultados del candidato de Arenas y la vicepresidenta Santamaría, pero eso ahora no importa. Moreno ha sido un fracaso y Cospedal quiere sangre. Y no tanto la sangre de Moreno, que no es una sangre demasiado importante, como la sangre Arenas, que sí que lo es.

VERDUGOS NATURALES Y DE LOS OTROS

Pero si Cospedal quiere sangre, que sepa la número dos del PP que Mariano Rajoy no se la va a dar. Al menos no ahora. Otra cosa bien distinta es que logre conservar el poder en Castilla-La Mancha tras el 24-M: si tal cosa ocurre, Rajoy no podrá negarle nada de lo que le pida, en cuyo casoel destino de Javier Arenas quedaría, paradójicamente, en manos de los votantes manchegos. Habría ahí una cierta justicia poético-electoral, pues lo que no consiguieron sus verdugos naturales, que son los andaluces, lo conseguirirán esos verdugos sobrevenidos que serían los manchegos.

Ahora bien, si Cospedal no renueva cargo en Toledo la difunta será ella: una difunta perpleja que no podrá dejar de preguntarse por qué su enemigo íntimo Javier Arenas ha seguido tanto tiempo vivo -hibernado pero vivo- después de perder tantas veces mientras que ella estaría muerta tras perder solo una. La respuesta es: porque Arenas sí es un líder y Cospedal no lo es.

UN TIPO DURO DE PELAR

El PP andaluz esta huérfano desde que Arenas se marchó en 2012; ni Juan Ignacio Zoido primero ni Juan Manuel Moreno después han sido verdaderos sustitutos. Ninguno de ellos tiene madera de líder. ¿Que qué es un líder? Alguien a quien la gente sigue queriendo aunque pierda elecciones. Arenas tiene ese don pero sus sucesores, no. Por eso es un tipo duro de pelar.

No obstante y digan lo que digan Cospedal y Riolobos, quien esta vez ha perdido en Andalucía no ha sido Javier Arenas. Esta vez no. Ni, por supuesto, Moreno Bonilla. Quien ha perdido ha sido el PP, es decir, quien ha perdido ha sido Mariano Rajoy y solo Mariano Rajoy, a quien el 22-M ha sumido en una debilidad que no se le conocía desde su derrota de 2008, cuando Esperanza Aguirre y Pedro J. Ramirez intentaron acabar con él pero finalmente logró salvarse gracias al apoyo de Francisco Camps y Javier Arenas.

Si, como el 22-M, también el 24-M es un desastre para el PP, Mariano Rajoy no estará en condiciones de matar a nadie porque el muerto será él.Se cerraría en ese caso el ciclo infernal de cuatro años que se inició en 2011 con la injusta derrota de tantos alcaldes socialistas por culpa de Zapatero y concluiría en 2015 con la no menos injusta de tantos alcaldes populares por culpa de Rajoy.

LA TRAMPA

El presidente hizo trampas en 2011 al afirmar una y mil veces que la culpa de la crisis era de Zapatero y ahora aquellas trampas se vuelven contra él, pues, según aquella lógica despiadadamente ventajista, la culpa de que la crisis siga existiendo cuatro años después es ahora suya. Naturalmente, ni hace cuatro años la culpa era de ZP ni ahora lo es de RJ, pero tanto entonces como ahora alguien tenía que pagar por ella y quien paga suele ser el que gobierna, ya sea en España, en Francia, en Grecia o en Portugal. No pagan los gobernantes, pagan los gobiernos.

A todo esto, ¿qué va a pasar con Moreno Bonilla y con el partido en Andalucía? La pregunta sería importante si no hubiera otra todavía mucho mas importante pendiente de contestación, y es: ¿qué va a pasar con Mariano Rajoy y con el partido en España? La primera pregunta no puede tener respuesta mientras que no la tenga la segunda. Y la segunda no puede tenerla antes de las elecciones del próximo 22 de mayo. La sangre fácil que exige Cospedal no va a ser posible de momento. Y puede que cuando sea posible no le sirva ya de nada porque para entonces puede que todos estén muertos.

Ilustración– Por Bernardo Vergara

 

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Esto no es ser de derechas

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La vergüenza nacional

Por el poeta Luis García Montero

Después del debate oficial sobre el Estado de la Nación, más hueco que lleno de sustancia en su teatro parlamentario, los ciudadanos nos enfrentamos doloridos y estupefactos a la verdadera realidad de la vergüenza española. El PP está llevando la situación del país hasta unos límites de descomposición e indignidad difícilmente soportables. Aunque es grave ser el hazmerreír y el sainete de la comunidad internacional, mucho peor es soportar el aire cotidiano de la vida interior, la tristeza de volver con paso acelerado a la España del caciquismo, la prepotencia y los desmanes. Parece que la historia no va a acabar nunca con la avaricia y el deshonor del ruedo ibérico, la corte de los milagros y el cortijo de la escopeta nacional.

Ordenemos algunos síntomas del esperpento hispánico:

– Se publica la grabación de una entrevista entre Ignacio González, a día de hoy Presidente de la Comunidad de Madrid, y José Manuel Villarejo, uno de los inspectores de policía más subrepticios de nuestra historia reciente. La conversación tiene como centro la existencia de un Ático de lujo en Estepona, regalado al político madrileño a través de una turbia operación de ingeniería económica. El político pretende que no salga a la luz este escándalo.

– Del descaro se pasa al encarnizamiento. Las antiguas relaciones de camaradería entre el inspector y el político se convierten en una guerra feroz por la supervivencia. Ignacio González acusa de chantaje al policía y el policía se defiende denunciando el intento de entorpecimiento de las investigaciones.

– El País publica que el inspector Villarejo participa en 12 sociedades con 16 millones de capital. El policía vuelve a defenderse a través de Información sensible, una página web dirigida por su mujer. Denuncia que sufre una campaña de desprestigio promovida por la Casa Real. Está envuelto en la investigación de unas presiones, muy subidas de tono y de amenazas, que los servicios de inteligencia del Estado han hecho sobre la princesa Corina para que vuelva al lecho del Rey. La princesa Corina es la famosa amante que acompañaba a su majestad cuando se rompió la cadera mientras cazaba elefantes en Botsuana.

– El juez Pablo Ruz pide por segunda vez a la Agencia Tributaria un informe sobre la deuda que corresponde al PP en relación con las donaciones de empresarios anotadas en la caja B por el tesorero Luis Bárcenas. ¡Obras son amores y comisiones!

– El Ministerio de Hacienda, tan aficionado a hacer uso indebido de la información privada para desacreditar a sus adversarios políticos, decide en este caso guardar silencio y obstaculizar la labor de la justicia. La Oficina Nacional de Investigación del Fraude hace mutis. El juez insiste porque la diligencia solicitada es “útil, necesaria, idónea y posible para el total esclarecimiento de los hechos”. Pero el Gobierno de España lleva años dedicado al total oscurecimiento de sus delitos.

– El partido que Gobierna España propone como candidata a la Alcaldía de Madrid a Esperanza Aguirre, una política que se encuentra en el centro mismo de todas las tramas de corrupción que han degradado la vida institucional madrileña. En la cárcel, imputados, investigados, tiene a sus máximos colaboradores. Por si faltaba una guinda, doña Esperanza se dio a la fuga cuando un guardia municipal quiso ponerle una multa, arrollando sin miramientos al guardia y a su moto. Si esto es grave, más grave parece que un juez no viese delito en el acontecimiento.

– Madrid es una Comunidad en la que se producen unos 80 desahucios al día, unos 29.000 al año. Como las autoridades competentes no están muy dispuestas a buscar soluciones de carácter social, la Delegación del Gobierno se dedica a criminalizar a los movimientos antidesahucios. Una acción de protesta pacífica en la Junta de Distrito de Moratalaz llega a considerarse una grave agresión contra las Instituciones del Estado. Se desata una redada nocturna en los domicilios con aparato y armamento policial, una operación propia de la lucha contra el terrorismo.

– Se prohíbe un concierto de rock programado para el fin de semana en Madrid sin más justificación que la voluntad de reprimir y con el interés de establecer una atmósfera de Estado de excepción franquista para las próximas elecciones.

Cosas de órdago a la grande y de tristeza íntima. Son algunos acontecimientos en los que se mezcla de todo: la corrupción económica, la falta de escrúpulos políticos, los policías tocados, los jueces consentidores y la violación de los derechos cívicos. La España de charanga y pandereta, la España de la corte de los milagros, la España de Jarapellejos vuelve a imponerse con las mentiras, los silencios y las cloacas del PP en Madrid. La luz del amanecer cae todas las mañanas sobre la conciencia como un grito de desolación y de rabia. Los que van de españolistas nunca han respetado a España. Esto no es ser de derechas… esto es otra cosa.

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La pérdida de papeles de Rajoy

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Adiós, adieu, goodbye, ciao, auf wiedersehen

Por Maruja Torres

Lo que vimos en el Hemiciclo no fue sólo a un presidente del Gobierno a quien la oposición, cual gota malaya, fue sacando de sus casillas, como han divulgado acertadamente los medios, tan poco habituados a verle perder sus flemas y otros humores. Lo que también vimos fue al soberbio, despreciativo, elitista y muy peloteado y aclamado por los suyos Mariano Rajoy, tratando por fin a la oposición, de viva voz y ya no sólo mediante ausencias y huidas, tal como ha venido tratando a los españoles desde que empezó a mandar.

Aquel hombrón torpe e inseguro que salía del helicóptero sin dar la vuelta al ruedo y con los pelillos alborotados, aquel comedido funcionario que sustituyó a Rato en el último momento en los designios de Aznar –y eso porque a don Rodrigo le dio por romper con su santa, lo que a Botella le sentó como un crucifijazo–, aquel obediente Hijo del Dedo del Amo, ha ido recuperando, quién sabe si formando, su verdadera personalidad: a costa de nosotros, los ciudadanos degradados a súbditos. Lo ha hecho hasta convertirse en ese tipo arrogante, de audaz mediocridad, crecido sobre nuestras carencias y alentado por su propia sordera, ese individuo desabrido del que hemos tenido constancia en su última -es de desear- comparecencia parlamentaria como líder de un Gobierno que nos ha desgarrado las tripas gracias a su mayoría absoluta.

Tanto tiempo acostumbrado a que a su entorno le gusten sus pedos, engolfado en el aroma de sus propias mentiras, se le fue el oremus y le embargó esa ira típica del secundario sin más talento que el de sobrevivir pero venido a más por sustituciones del azar y descoyuntadas coyunturas históricas. Tanto ímpetu mostró ayer para mandar a su casa al actual líder de la oposición y descalificar a todos los otros, que tuvimos que frotarnos los ojos, oh, no, simplemente tuvimos que volver a mirar sus fotos con Merkel haciendo el Camino de Santiago, para recordar lo fundamental de su verdadero carácter: su capacidad de sumisión ante el poderoso. Algo que le define tanto como su recochineo en la jodienda del de abajo. Tierno con las espuelas, duro con las espigas.

Destinado a que sus palabras se pierdan –más allá de la puerta de la Cámara, de la Puerta de Toledo y de la Puerta de Alcalá– como orines en el desaguadero (fin de la cita escatológica), de sus postreros rejones apenas quedará el frío recuerdo de la ceniza de sus puros caída sobre la contraportada de un Marca atrasado. Seguirá existiendo en nuestro país una derecha heredera del franquismo, repensada para el neoliberalismo y aliada con los poderes fácticos, la inventora de FAES y otras fundaciones, pero el capataz será ya otro –y de nosotros dependerá su poder–, y el de hoy, casi de ayer, evocará hazañas desde su puerta giratoria o desde sus conferencias bien pagadas -supongo que en su nivel se valora mucho el efecto adormidera-, y recordará que lo hizo mejor, que es lo que hacen los ex presidentes, además de trincar por ser jarrones chinos.

De hecho, todo lo de ayer contenía aires del odioso ayer, de trámite final desesperado, con el animoso Sánchez emulando a lobezno y un Garzón merecedor, en mi opinión, de echar su discurso en la calle y en las plazas, que es donde debe reverdecer el Parlamento. Y la libertad.

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El reino de la corrupción

La democracia es un sistema que descree de la bondad universal y desconfía de la codicia humana. Los políticos son piedra de escándalo. Y las respuestas del Gobierno son tardías e insuficientes.

Cada vez que surge un nuevo caso de corrupción nuestros políticos se escudan en que son mayoría los servidores públicos honestos y que solo unos pocos sinvergüenzas se han colado en sus filas. Con este innovador mensaje se presentó Mariano Rajoy en el pleno monográfico del Congreso sobre la corrupción, al que aportó dos proyectos de ley visados por su Gobierno hace casi dos años. A partir de estas premisas es inconcebible que el presidente del Gobierno pueda encabezar un programa serio para combatir un problema que se ha convertido en la segunda preocupación de los españoles. Todas las respuestas devienen tardías e insuficientes, como acaba de demostrar la microrreforma introducida por la Cámara sobre los viajes de diputados y senadores a raíz del caso Monago.

monago

Más de 800 Ayuntamientos (un 10% del total) están incursos en diversos procedimientos judiciales vinculados al muy heterogéneo dominio de la corrupción política; el número de imputados se cuenta por miles, según informes de la fiscalía. Minimizar estas cifras hasta el punto de convertir a esa legión de corruptos en una excepción es una desfachatez, si no un acto de cinismo. Al margen de la honradez individual, que se dilucida en los tribunales, la mayoría de los políticos tiene fundadas sospechas, cuando no indicios, de que su partido tiene vías de financiación irregulares, pero ese es un tabú cuya ruptura se castiga con la expulsión, como le sucedió al socialista Alonso Puerta en 1981. Habrían de pasar 26 años hasta que un concejal popular de Majadahonda pagara el mismo precio después de poner a la Fiscalía Anticorrupción tras la estela del caso Gürtel, una red mafiosa de la que se habría lucrado el PP, según el último auto del juez instructor.

Nuestros políticos conocen estas prácticas desde los tiempos de la Transición, pero han preferido guardar silencio para mantener el favor de sus jefes. Es hora de poner fin al espectáculo degradante de que nadie sepa en los partidos políticos, salvo sus tesoreros o sus gerentes, de dónde proceden los dineros con los que se financia la campaña electoral permanente en la que están metidos o cómo se pagan las obras de sus sedes y los salarios de sus empleados.

¿Tiene alguna lógica que los presidentes y secretarios generales puedan alegar ignorancia ante los jueces y librarse así de toda culpa en este tráfico indecente de cajas b y dineros negros? ¿Por qué los líderes que elaboran las listas electorales y aprueban los programas políticos están exentos de rendir cuentas sobre las finanzas de sus partidos? ¿Puede Rajoy eludir su responsabilidad en el caso Bárcenas con el simple trámite de pedir perdón al Parlamento por haberse equivocado en su nombramiento? Bienvenida sea la reforma del Código Penal (anunciada hace más de un año) que castigará el delito de financiación ilegal con uno a cinco años de cárcel, aunque solo se atajará el mal cuando los jefes máximos tengan que responder por una presunta administración desleal.

Este estado de cosas ha sido consustancial a la democracia creada al amparo de la Constitución de 1978. La debilidad de unos partidos renacidos tras 40 años de dictadura sirvió para blindar sus cuentas y excluirlas del escrutinio público. Galaxia Gutenberg acaba de publicar un libro póstumo de Javier Pradera titulado Corrupción y política. Los costes de la democracia. Escrito hace 20 años, en plena floración de escándalos (Juan Guerra, Hormaechea, Ibercorp, Mariano Rubio, Filesa, Cacerolo, Roldán, fondos reservados, etcétera), su lectura resulta de extraordinaria actualidad. La anatomía de la venalidad que Pradera disecciona con precisión forense es perfectamente aplicable a la sucesión de casos que monopolizan la actualidad informativa. Los cambios legislativos introducidos en estas dos décadas han tenido el efecto gatopardianode mantener intacta la corrupción estructural para financiar los partidos, a la que se ha sumado el creciente pillaje individual de muchos gestores.

Es cierto que se creó la Fiscalía Anticorrupción en 1995, que se han endurecido algunas sanciones penales, que la UDEF ha prestado una mayor dedicación a los delitos económicos que proliferan en el ámbito político, pero nada sustantivo ha cambiado en los mecanismos de adjudicación de contratos públicos, que es donde reside la gran corrupción, la que mueve millones de euros en forma de comisiones mafiosas. Este mecanismo perverso obliga por lo demás a las empresas concesionarias a falsificar su contabilidad con innumerables facturas falsas que a menudo se distribuyen entre los proveedores. En esta cadena fraudulenta participan miles de personas que están sometidas a una ley de silencio tanto más férrea cuanta mayor es la precariedad laboral. Los denunciantes no cuentan con ninguna protección.

No sorprende que en medio de este paisaje la economía sumergida suponga casi una quinta parte del PIB según diversos informes o que los inspectores de Hacienda estimen que el monto del fraude fiscal supera el déficit de todas las Administraciones públicas. Lejos de constituir un ejemplo nuestros políticos son piedra de escándalo, agravado por el impacto de una crisis económica que se traduce en el empobrecimiento de grandes grupos de población, el paro de más de cinco millones de personas según la EPA, una deflación salarial que no excluye de la pobreza a quienes trabajan y una pavorosa desigualdad que coloca a España en el segundo lugar del ranking europeo.

El Eurobarómetro de 2013 sobre corrupción registró que el 63% de los encuestados españoles (el porcentaje más alto de la UE) se consideraba afectado personalmente en su vida cotidiana, frente a una media comunitaria del 26%; el 95% consideraba que es un problema muy extendido en el país, principalmente en las instituciones locales y regionales. Todo ello consolida el convencimiento generalizado de que la gran corrupción gira en torno a las finanzas de los partidos, con una activa participación de las empresas contratistas de obras y servicios. Sindicatos y asociaciones patronales se han incorporado al festín al calor de los cursos de formación, los expedientes de regulación de empleo o las tarjetas opacas de algunas cajas. Que solo ocho de los 86 titulares de Bankia renunciaran a usarlas dice mucho del nivel ético de nuestras élites.

La democracia es un sistema que descree de la bondad universal y desconfía de la codicia humana. De ahí que exija contrapesos y controles rigurosos para impedir abusos de poder y sancionarlos cuando se produzcan. Un Tribunal de Cuentas nombrado mayoritariamente por los partidos, que más que vigilarse mutuamente practican una estrategia de no agresión, es un instrumento ineficaz para controlar sus finanzas. Algunos países europeos han creado comisiones independientes para fiscalizar a los partidos e incluso para adjudicar los contratos públicos. Hace casi dos años el Congreso acordó convocar una comisión de expertos para estudiar el dossier de la corrupción y proponer estrategias de choque. Nadie la ha recordado en el reciente debate parlamentario.

A un año de las elecciones generales es probable que no haya tiempo para comités, pero los partidos no pueden cruzarse de brazos tras una legislatura que ha sido una ciénaga en materia de corrupción. Y si así lo hacen estarán contribuyendo a ese súbito ascenso de Podemos, que más allá de la viabilidad o no de sus propuestas se nutre sobre todo de la náusea colectiva. Los abstencionistas de ayer, los participantes en las diversas mareas contra los recortes en sanidad y educación o simplemente la multitud de decepcionados con el PSOE suman ya un bloque de votantes potenciales que de momento ha roto, al menos en las encuestas, el statu quo de un bipartidismo asfixiante.

OPINIÓN- La Cuarta Página EL PAÍS

Ilustración- Bernardo Bergara

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