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Esto no es ser de derechas

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La vergüenza nacional

Por el poeta Luis García Montero

Después del debate oficial sobre el Estado de la Nación, más hueco que lleno de sustancia en su teatro parlamentario, los ciudadanos nos enfrentamos doloridos y estupefactos a la verdadera realidad de la vergüenza española. El PP está llevando la situación del país hasta unos límites de descomposición e indignidad difícilmente soportables. Aunque es grave ser el hazmerreír y el sainete de la comunidad internacional, mucho peor es soportar el aire cotidiano de la vida interior, la tristeza de volver con paso acelerado a la España del caciquismo, la prepotencia y los desmanes. Parece que la historia no va a acabar nunca con la avaricia y el deshonor del ruedo ibérico, la corte de los milagros y el cortijo de la escopeta nacional.

Ordenemos algunos síntomas del esperpento hispánico:

– Se publica la grabación de una entrevista entre Ignacio González, a día de hoy Presidente de la Comunidad de Madrid, y José Manuel Villarejo, uno de los inspectores de policía más subrepticios de nuestra historia reciente. La conversación tiene como centro la existencia de un Ático de lujo en Estepona, regalado al político madrileño a través de una turbia operación de ingeniería económica. El político pretende que no salga a la luz este escándalo.

– Del descaro se pasa al encarnizamiento. Las antiguas relaciones de camaradería entre el inspector y el político se convierten en una guerra feroz por la supervivencia. Ignacio González acusa de chantaje al policía y el policía se defiende denunciando el intento de entorpecimiento de las investigaciones.

– El País publica que el inspector Villarejo participa en 12 sociedades con 16 millones de capital. El policía vuelve a defenderse a través de Información sensible, una página web dirigida por su mujer. Denuncia que sufre una campaña de desprestigio promovida por la Casa Real. Está envuelto en la investigación de unas presiones, muy subidas de tono y de amenazas, que los servicios de inteligencia del Estado han hecho sobre la princesa Corina para que vuelva al lecho del Rey. La princesa Corina es la famosa amante que acompañaba a su majestad cuando se rompió la cadera mientras cazaba elefantes en Botsuana.

– El juez Pablo Ruz pide por segunda vez a la Agencia Tributaria un informe sobre la deuda que corresponde al PP en relación con las donaciones de empresarios anotadas en la caja B por el tesorero Luis Bárcenas. ¡Obras son amores y comisiones!

– El Ministerio de Hacienda, tan aficionado a hacer uso indebido de la información privada para desacreditar a sus adversarios políticos, decide en este caso guardar silencio y obstaculizar la labor de la justicia. La Oficina Nacional de Investigación del Fraude hace mutis. El juez insiste porque la diligencia solicitada es “útil, necesaria, idónea y posible para el total esclarecimiento de los hechos”. Pero el Gobierno de España lleva años dedicado al total oscurecimiento de sus delitos.

– El partido que Gobierna España propone como candidata a la Alcaldía de Madrid a Esperanza Aguirre, una política que se encuentra en el centro mismo de todas las tramas de corrupción que han degradado la vida institucional madrileña. En la cárcel, imputados, investigados, tiene a sus máximos colaboradores. Por si faltaba una guinda, doña Esperanza se dio a la fuga cuando un guardia municipal quiso ponerle una multa, arrollando sin miramientos al guardia y a su moto. Si esto es grave, más grave parece que un juez no viese delito en el acontecimiento.

– Madrid es una Comunidad en la que se producen unos 80 desahucios al día, unos 29.000 al año. Como las autoridades competentes no están muy dispuestas a buscar soluciones de carácter social, la Delegación del Gobierno se dedica a criminalizar a los movimientos antidesahucios. Una acción de protesta pacífica en la Junta de Distrito de Moratalaz llega a considerarse una grave agresión contra las Instituciones del Estado. Se desata una redada nocturna en los domicilios con aparato y armamento policial, una operación propia de la lucha contra el terrorismo.

– Se prohíbe un concierto de rock programado para el fin de semana en Madrid sin más justificación que la voluntad de reprimir y con el interés de establecer una atmósfera de Estado de excepción franquista para las próximas elecciones.

Cosas de órdago a la grande y de tristeza íntima. Son algunos acontecimientos en los que se mezcla de todo: la corrupción económica, la falta de escrúpulos políticos, los policías tocados, los jueces consentidores y la violación de los derechos cívicos. La España de charanga y pandereta, la España de la corte de los milagros, la España de Jarapellejos vuelve a imponerse con las mentiras, los silencios y las cloacas del PP en Madrid. La luz del amanecer cae todas las mañanas sobre la conciencia como un grito de desolación y de rabia. Los que van de españolistas nunca han respetado a España. Esto no es ser de derechas… esto es otra cosa.

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R

El Rescate conlleva recortes y termina en recesión.

Rajoy es el profeta de las malaventuranzas.

A los bancos que han malversado los fondos de sus clientes, se les recompensa con el dinero de todos. Y a los parados que cotizaron cuando tenían curro, para moverles a buscar un empleo chungo y mal pagado se les mangará al menos dieciocho meses de lo que es suyo. A este paso, la jubilación quedará reducida a cinco años, para animar a los viejos a espicharla y así ahorrarnos hospitales o excursiones del Imserso.

Robin Hood no existe. Bobín, sí.

Subimos el IVA para que baje el turismo y suba el fraude. Privatizaremos la Renfe, que es lo único que funciona en este país. Puestos a elegir, frente al “que se jodan” de la niña de Fabra, prefiero el “manda huevos” de Federico Trillo. “¿De qué se ríe, señor ministro, de qué se ríe?”, que diría Mario Benedetti. Nos prometen pobreza y les compramos la moto: “Pobre es aquel que necesita demasiado”, dijo en la cumbre sobre sostenibilidad de Río, Pepe Mújica, el presidente de Uruguay.

Habría que pensar qué es realmente lo más recomendable. Si elegir entre ‘lo malo o de lo malo lo peor’. Lo malo es no decir la verdad desde un principio.

Pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana La Roja, pero enmudece cuando su gobierno le miente y le traiciona.

La prima toca máxicos históricos mientras el fortín del Congreso cierra por vacaciones.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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La mentira

Elogio de la mentira

Por Antonio Dyaz

Xavier Álvarez es un héroe. Ha conseguido que la Corte Suprema de los Estados Unidos le reconozca su derecho inalienable a mentir. Mintió al decir que jugaba al hockey con los Detroit Red Wings, mintió acerca de estar casado con una estrella mexicana y mintió al comentar haber rescatado al embajador de EEUU durante la crisis de rehenes en Irán. Pero, solamente, cuando dijo haber recibido la Medalla de Honor al Mérito Militar, su mentira quebrantó la Ley y su caso saltó a los medios.

En nombre de la verdad han corrido ríos de sangre. Lo malo es que la verdad como tal, simplemente, no existe; de ahí, la sangre.

No es lo mismo engañar que mentir. Por eso no hay un código de publicidad mentirosa, sino engañosa. La publicidad miente, por supuesto, pero de una forma más o menos elegante pues nos encanta ser objeto de ese juego en que la verdad queda relegada a un segundo plano.

La mentira es una ventaja evolutiva que solo los primates superiores (y algunos futbolistas) hemos conseguido desarrollar. La tecnología nos hace más llevadero el octavo mandamiento de Moisés (en el caso, altamente improbable, de que esta leyenda del desierto contenga un ápice de verosimilitud). Por ejemplo, la ‘Realidad Aumentada’, de la que se espera un volumen de negocio de cientos de millones de dólares el próximo ejercicio, no es sino la enésima floritura de la mentira. ¿Por qué no llamarla ‘Realidad Falsa’? Porque suena mal. El marketing se ocupa de pulir esas aristas del lenguaje ya que pagamos para que nos mientan (por eso vamos al cine o compramos el periódico, entre otras cosas).

Sin mentiras, nuestras parejas y nuestras familias se habrían derrumbado hace tiempo (muchas de ellas se derrumban después de todo, a pesar de nuestra continuada y meritoria falta de sinceridad).

Sin mentiras, todo el sistema diplomático y de política exterior sería inútil y cada país estaría en guerra con el vecino solo por expresarse con franqueza ante los micrófonos de la ONU (o en sus legendarios urinarios).

Y sin mentiras, no habría abogados, lo que puede parecer una ventaja a simple vista pero que, sin duda, acarrearía algunos inconvenientes.

Si la primera vez que somos invitados al hogar familiar, nuestra futura suegra nos pregunta: “¿Te ha gustado la paella, hijo?”, un abismo se abre ante nosotros, sobre todo, si el arroz era incomestible. Podemos elegir entre destrozar nuestra incipiente relación espetando la expresión: “¡Ojalá te mueras, Francisca!”, o plegarnos a las convenciones y pronunciar esta otra relamida: “Estaba deliciosa, señora Paquita”.

La sinceridad está sobrevalorada y se ha convertido en una lacra que solo produce dolor. Mentir es divertido, sobre todo, si no se persigue fin alguno. Le recomiendo adquirir soltura deslizando en cualquier conversación pequeñas inexactitudes como estas: “Ayer me compré un termómetro” o “Me excita Lina Morgan”, para así perder el miedo, pues ¿quién quiere saber la verdad? Solo los débiles.

Finalicemos este alegato mencionando esas mentiras, susurradas entre las sábanas a nuestros seres queridos en bolas, con el único fin de obtener más caricias, más placer…

…o más dinero.

Publicado por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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