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Qué no pasó

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Uno de los nuestros

Vista gorda. Vividores. A votarles hagan lo que hagan.

Por Jesús Cintora

Cuando el 50% de los jóvenes españoles lamenta estar en el paro, Carlos Alberto puede contar que llegó a alcalde con 28 años, sin acabar los estudios universitarios y gobernó durante cuatro legislaturas. Carlos Alberto amasó un dineral, se compró una casa, un coche de alta gama de 60.000 euros, una moto de alta cilindrada de marca y enchufó a unos cuantos colegas en el consistorio. Sin esconderse. Carlos Alberto hacía y deshacía (sobre todo esto último) y la gente le seguía votando. 16 años con el bastón de mando, el machito.

Dicen los que quieren mal a Carlos Alberto que tenía un montón de queridas, esperándole en un puticlub privado que pagaba en una de las discotecas de moda en Madrid. Sí, ‘ puticlub privado’. No se privaba de nada, pero con el dinero de todos. Total, llegaban las elecciones y venga esas papeletas para Carlos Alberto. Él lo celebraba con papelinas de coca, según hablan los que le odiaban.

Nuestro héroe popular gozaba de financiación irregular para las campañas electorales, facturas falsas, infladas, dinero negro, adjudicaciones a dedo… Vamos, lo que viene a ser el manual. Eso sí, Carlos Alberto con gomina, traje y corbata. Qué majo este chico, qué bien viste y cómo habla, aunque le investiguen hasta por chanchullos con la recogida de ropa usada para los pobres. “¿Qué hace aquí toda esta chusma?”, dicen que preguntó en alto don Carlos al ver a los vecinos protestando por sus viviendas.

El alcalde es “un descojone“, comentaban los directivos de empresas que conocían sus vicios y le sacaban así las contratas. “Si le digo que le voy a llevar a un sitio con masajes relajantes, se sube por las paredes”, se oye en las conversaciones telefónicas intervenidas por la Guardia Civil. “¡Eres la polla, eres la polla!”. Unpicha brava que hasta llevaba pistola era Carlos Alberto.

Es la historia de un virrey, que gobernaba un pueblo de apenas 5.000 habitantes. Y la Mancomunidad y lo que le echaran. Le dio para todo esto, para dejar la localidad entre las más endeudadas de España y para estar imputado por prevaricación, fraude, malversación de caudales públicos, tráfico de influencias y cohecho. Lo votaban masivamente y el partido le ponía lo que hiciera falta. ¿Nadie se olía nada? Sabemos que “olía a alcohol en los plenos e imaginábamos que era joven y llegaba de una noche de farra”.

Vista gorda. Vividores. A votarles hagan lo que hagan. Carlos Alberto era alcalde de Moraleja de Enmedio. Con estos mimbres, qué gran película haría Berlanga. Moraleja: si pasó esto en Moraleja, qué no pasó y pasará en el resto de España.

“Un político ignorante se vuelve peligroso”, Arturo Pérez-Reverte

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Carmena sin paliativos

manuela carmena

Desayuno en Zahara 

Por Manuel Jabois

Inglaterra, siglo XIX. Una dama entra a vivir en una casa y allí la recibe la sirvienta. La dama da por hecho que la sirvienta se hará su propia comida; la sirvienta piensa que su obligación es alimentarse de los restos que deje la señora. Por eso el primer día, exageradamente, le sirve para desayunar cinco lonchas de tocino. Pero otra convención de sociedad se interpone entre ellas: la dama ha sido educada en la tradición de que nada puede quedar en el plato. Con los días la sirvienta pasa a ponerle siete lonchas, y luego nueve. Cada vez más agotada, pero digna, la señora ventila todo. “No me atrevo a suponer cómo acabó aquello”, escribe Chesterton, familiar de la dama, “pero lo lógico es que la sirvienta hubiera muerto de hambre y la señora hubiera reventado”. Aquella tragedia habría sido la consecuencia del “educado silencio de las dos clases sociales”. Cada una se comportaba como creía que debía comportarse, aunque fuese derecha a la muerte.

Pocas anécdotas ilustran mejor la ausencia de clase media. Sin embargo, en la época de la que hablaba Chesterton sí existía esa clase: era auténtica, además, porque era “realmente una clase y realmente estaba en medio”. Una clase tan orgullosa de sus conquistas culturales que la distancia respecto a la clase inferior era la pronunciación y la ortografía: “Había un mundo en el que era tan impensable deshacerse de un sonido como hacerse con un título nobiliario”. Dice Chesterton que ese universo acabó degradándose no sé si realmente o producto de la escritura: cuando miramos atrás, y éstas son las memorias de un autor, tendemos a cerrar paraísos.

En España sobrevive un franquismo sociológico muy tímido, salvo los desacomplejados habituales, que se activa con algunas cosas. Una de ellas es la conquista fantasmágorica que según ellos hizo el dictador: la clase media. Pareciera que en lugar de ganar la guerra ganaron la telefunken. Ahora que la crisis ha aumentado la desigualdad entre sirvienta y dama, se ha vuelto a poner de moda un prestigio social que tiene que ver poco con la clase media auténtica: el del acomodado que puede permitirse tener un coche peor y un sueldo peor para tener más razón, como si esa precariedad cool otorgara más credibilidad. A la corrupción y el derroche del PP se le ha respondido con una beatería que los nuevos se autoimponen bajándose los sueldos y presumiendo de bicicletas prestadas, como si comprar una pusiese bajo sospecha.

La foto que mejor define este estado de opinión es la de la alcaldesa de Madrid en Zahara de los Atunes (Cádiz). La imagen reúne los ingredientes de la facilidad con que se hace política hoy: un concejal del PP ha dicho que Carmena no puede irse de vacaciones hasta que pueda permitírselas el último madrileño. El sol y la playa predisponen a la hostilidad, como si fuesen lujos de árabes. La flor que lleva en la mano provoca el mismo impacto que si arrastrase el cadáver de un lince. Ni siquiera ha hecho falta que estuviese imputada como Rato para mover al escándalo, pues los imputados, como los gremlins, no pueden mojarse. Ahora también sabemos que no es recomendable que lo hagan los de izquierdas.

Y sin embargo Manuela Carmena, jueza de 71 años, medio siglo trabajando, se ha puesto a dar explicaciones de por qué ella no paga 4.000 euros en su semana de vacaciones. Como si en el hecho de poder pagarlos estuviese implícito un desaire social a los necesitados que defiende y una contradicción respecto a los corruptos que su partido denuncia.

Hace un siglo Chesterton hablaba así de la clase media perdida de su país: “Nunca se les ocurrió mantener con la aristocracia otras relaciones que no fueran de negocios. Había algo en ellos que desde entonces es muy raro encontrar en Inglaterra: estaban orgullosos de sí mismos”.

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Caza de brujas

pp eta

Si no votas al PP, votas a ETA

Por Ignacio Escolar

Manuela Carmena fue una de las fundadoras del despacho de abogados laboralistas que sufrió la matanza de Atocha, es premio nacional de Derechos Humanos y cofundadora de Jueces para la Democracia; fue magistrada del Tribunal Supremo, jueza decana de Madrid y relatora de la ONU, entre otras muchas cosas. Cuando se jubiló, abrió una tienda social de ropa para niños hecha por reclusas en reinserción. Pero cuando la presentan en el debate de Telemadrid, la parte más importante de su currículum es que fue jueza y asesoró al Gobierno Vasco.

Se entiende mejor el detalle biográfico vasco que recupera la ‘imparcial’ moderadora cuando al minuto Esperanza Aguirre acusa a Carmena de llevar “abertzales en sus listas”, de preocuparse por “el sufrimiento de los etarras”, de haber excarcelado a terroristas y, por supuesto, de “despreciar a las víctimas”. Jugada en equipo: la moderadora pasa y Aguirre chuta. TeleEspe funciona así.

 La estrategia de Esperanza Aguirre en ese aberrante formato de debate electoral que ella misma impuso en Telemadrid ha sido bastante clara: embarrar aún más campo, a ver si así consigue manchar la imagen de Manuela Carmena, su principal rival en estas elecciones, y que aparece como la candidata mejor valorada en las encuestas.

Esperanza Aguirre estuvo maleducada, impertinente, hipócrita y exasperante en el debate electoral. Acusó a Carmena de estar en sintonía de ETA; ese es todo su programa –que a cinco días de las elecciones sigue sin presentar–: si no votas al PP, votas a ETA. La lideresa siguió la ola de una portada de El Mundo tan indigna que hasta el nuevo director del periódico –que aún no ha tomado posesión– se desvinculó de tan rastrera acusación.

Relacionar con ETA a todo aquel que no sea del PP no es una estrategia nueva de la derecha, aunque ahora ese espantajo se use contra Podemos y Ahora Madrid; antes ya lo hicieron contra “zETAp” y esa “traición a los muertos” que indignamente acusó Rajoy. Utilizar el terrorismo de forma tan sucia e inmoral, banalizar sobre ETA de esta manera, sí es un insulto a las víctimas; una verdadera traición.

Lo escribí hace dos años en un artículo que, por desgracia, sigue vigente. Tú eres ETA. Yo soy ETA. Nosotros somos ETA y cualquiera que proteste es siempre ETA. Solo ellos no son ETA. En esencia, los españoles nos dividimos en dos grupos: los “ciudadanos de bien” (marca registrada) y el resto, los etarras.

Solo hay algo más lamentable que este populismo de brocha gorda de Esperanza Aguirre. Que este domingo le pueda funcionar.

manuela esperanza

Vídeo– a partir de 1:48:00 TELEMADRID

Viñeta- por Bernardo Vergara

+Info- Artículo de Ernesto Ekaizer

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Fast and Furious Aguirre

aguirre llave

Woman del Callao

Por Luis Sánchez-Mellado

Luego me ponéis de vuelta y media en los comentarios, ingratos. Que si qué basta, que si qué ordinaria, que si qué petarda. Pero es que, por mucho que se empeñe una, la actualidad no le deja elevar el tono. Y no hablo de esta bocaza que me han dejado en Corporación Dermoestética, que cualquier día me la parten por no cerrarla a tiempo. Me refiero a mi línea editorial, de la otra mejor no hablamos, del lunes no pasa que empiezo la Operación Fuera Refajo. A lo que voy, que pierdo el hilo más que Floriano. Tenía ya hilvanado un análisis superdocumentado sobre la vuelta al poder de Ségolene Royal y sus implicaciones en la estabilidad hormonal del presidente galo, cuando va Esperanza Aguirre, hace una pirula en Callao, se pone farruquita porque le cascan una multa, y del propio berrinche, le vuelca la moto a un poli de su íntima Botella. Ya me dirás tú, teniendo semejante Gran Vía Shore a la puerta de casa, para qué va a molestarse una en sacarles coplas a las ex de Hollande, el Gabacho que Castiga.

Llamadme casposa, perdón, castiza, pero en cuestión de chulos soy más de Pichi el del chotis. Y si hablamos de señoras, para chula, y choni, Esperanza. Seguro que los agentes de movilidad eran unos rencorosos de clase. Se cebaron con ella porque es marquesa consorte, porque con los ciudadanos de a pie no se meten nunca. La colección íntegra de la macrotienda de Zara en Serrano me probé yo esa tarde aparcada en cuarta fila, y ni les vi el pelo. Claro: estaban todos en Callao acosando a la expresidenta. Porque a mí nadie me quita de la cabeza que los esbirros de Botella fueron a por ella descaradamente. Ella, una abuela esclava condenada a circular por pleno centro con un cochazo de alta gama para poder sacar a los nietos de paseo. Ella, que conducía su propio vehículo cuando podría ir en coche oficial y dos escoltas llevándole las bolsas. Ella, que con el lío que tiene cazando talentos a lazo, había hecho un hueco en su agenda y se dirigía a una timba de brisca, perdón, bridge, con fines puramente benéficos. Ella, en fin, que destapó personalmente la trama Gürtel.

Una mártir del liberalismo, Esperanza. Nuestra Señora de la Igualdad de Oportunidades. Ya lo decía Adam Smith: laissez faire, laissez passer —dejad hacer, dejad pasar— en el XIX. Y vienen ahora unos machistas irredentos que aún no han digerido que las mujeres conduzcan, y la retienen ilegalmente un cuarto de hora de Rolex con la de cosas que tiene que hacer por el PP y por España. Si eso no es abuso de poder, que vengan Castro y Maduro y lo digan. Así, no me extraña que Aguirre les soltara dos frescas, lo escandaloso es que Femen aún no les haya hecho un destete a los municipales por falócratas. Ahora, con todo, lo peor no ha sido el episodio, sino cómo la han dejado a los pies de las motos sus congéneres de partido. Que todos somos iguales ante la ley, le han espetado Botella y Sáenz de Santamaría. Porque sé que no eres malpensada, ni rencorosa, ni que cortas cabezas como quien se corta las puntas, Espe. Si no, yo que tú me maliciaría que Ana y Soraya te están ninguneando a ver si dejas el campo libre. La delegada Cifuentes no sabe, no contesta.

aguirre machismo

Durante la entrevista con Àngels Barceló en la Cadena Ser, Aguirre llegó a confirmarle, con su magnífico acento cheli y llamándola Ángeles, que situaciones como esa la mayoría de los ciudadanos las resuelven “o con multita o con bronquita”.
Entrevista completa en ‘Hora 25’
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11M x10

Venganza cumplida

Por Fernando Reinares

11m portada

El 11-M comenzó a urdirse a finales de 2001 en Pakistán, dos años antes de la guerra de Irak

Los atentados del 11-M fueron ideados en Karachi a finales de 2001 como venganza por el desmantelamiento de la célula que Al Qaeda había establecido siete años antes en España, un grupo bautizado con el nombre de Abu Dahdah en alusión al que fue su líder desde 1995. El ánimo de venganza fue esencial en la decisión inicial de atentar en España y en la temprana movilización, concretamente a partir de marzo de 2002, de lo que será la red que ejecutó el 11-M.

Así lo corroboran una serie de hechos. En primer lugar, que Amer Azizi, antiguo miembro de la desarticulada célula de Abu Dahdah, que no fue detenido por encontrarse en Irán cuando se desarrolló la Operación Dátil, fuese quien adoptó en su origen la decisión de atentar en España. En segundo lugar, que otro allegado de la misma, Mustafa Maymouni, se ocupase de recomponer una nueva y decididamente operativa célula yihadista en Madrid a partir de los restos de aquella. Por último, que tres seguidores más de Abu Dahdah —Serhane ben Abdelmajid Fakhet, el Tunecino; Said Berraj y Jamal Zougam— desempeñaron papeles fundamentales en la preparación y ejecución de la matanza en los trenes de Cercanías.

Además, en el caso del 11-M, no solo Azizi y otros implicados que procedían de la célula de Abu Dahdah albergaban deseos de venganza contra España y los españoles. También los guardaba Allekema Lamari, quien fue miembro de una célula del Grupo Islámico Armado (GIA), desarticulada en Valencia en 1997, que cumplía condena hasta su extemporánea excarcelación en 2002, juró que “los españoles pagarían muy caro su detención”.

Lamari no ocultaba su “resentimiento hacia España” y manifestaba que tras salir de prisión su “único objetivo” era “llevar a cabo en territorio nacional atentados terroristas de enormes dimensiones, con el propósito de causar el mayor número de víctimas posibles”, según se lee en distintos documentos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) elaborados antes y después del 11-M. En uno de ellos se afirmaba que, de no haber sido uno de los fallecidos en la explosión suicida ocurrida en Leganés el 3 de abril de 2004, estaría decidido a “continuar con su venganza” contra “la población y los intereses españoles” con “la ejecución de nuevos atentados terroristas”.

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Primeros auxilios a las víctimas del atentado terrorista del 11-M en Atocha.

¿Unos moritos de Lavapiés?

Pero los atentados en los madrileños trenes de Cercanías se llevaron a cabo no solo con la participación de individuos previamente relacionados con la célula de Abu Dahdah y con quienes estos atrajeron. La red terrorista del 11-M, que calculo estuvo compuesta en la práctica por más de treinta personas, tuvo un segundo componente, introducido a partir de las estructuras europeas del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), cuyos dirigentes habían optado en febrero de 2002 por reorientar su actividad operativa, atendiendo a criterios de oportunidad, hacia países donde residieran sus miembros. Eso tuvo implicaciones directas en los parámetros de amenaza terrorista para Marruecos y España. En el verano de 2003 se sumó a la red terrorista un tercer componente: una banda de delincuentes comunes radicalizados en mayor o menor medida en el salafismo yihadista por lealtad a su jefe, Jamal Ahmidan, El Chino.

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Finalmente, los propios líderes de Al Qaeda en Pakistán asumieron los planes terroristas en curso unos cinco o seis meses antes del 11-M, mientras Amer Azizi se había convertido en adjunto al jefe de operaciones externas de esa organización yihadista y cuando la guerra de Irak ofreció un contexto favorable para presentarlos en el marco de su estrategia general.

A pesar de ello, en los años que siguieron al 11-M se extendió, tanto en ámbitos académicos como también entre las comunidades de inteligencia y los medios de comunicación, la siguiente interpretación: los atentados de Madrid fueron producto de una célula independiente, carente de conexiones internacionales significativas con organizaciones terroristas establecidas lejos de nuestras fronteras, y que cuantos de un modo u otro intervinieron en llevarlos a cabo eran inmigrantes musulmanes radicalizados a sí mismos en el contexto de la contienda iraquí por entonces en curso.

Tanto los implicados como su entramado, despectivamente retratados en España como “moritos de Lavapiés” serían exponentes, en definitiva, de lo que se denominó “una yihad sin líder”. Pues bien, la evidencia que proporciono en ¡Matadlos! refuta sobradamente esa interpretación del 11-M, tanto respecto a las características de los actores individuales y colectivos que estuvieron detrás de lo sucedido como al verdadero porqué de la decisión de atentar en España. La matanza en los madrileños trenes de Cercanías fue, en realidad, una expresión temprana a la vez que compleja de las capacidades con que podía llegar a contar Al Qaeda en Europa occidental dos años y medio después del 11-S.

Condiciones favorables

Pero si los terroristas pudieron cumplir su venganza y llevar a cabo la matanza en los trenes de Cercanías, pese al conocimiento previo que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado tenían de una sustanciosa porción de quienes pertenecieron a la red del 11-M e incluso al seguimiento al que habían sido sometidos algunos de ellos, fue porque se dieron varias condiciones favorables. Para empezar, los desajustes judiciales, el limitado conocimiento sobre el nuevo terrorismo internacional por parte del ministerio público durante demasiado tiempo y la inexistencia de una legislación adecuada para abordar los desafíos de dicho fenómeno global, hicieron posible que distintos individuos vinculados a células y grupos yihadistas en nuestro país, como la de Abu Dahdah, eludieran su detención o condena para terminar implicándose en la preparación y ejecución de los atentados de Madrid. Y es que las disposiciones sobre delitos de terrorismo que contempla el Código Penal no se modificaron, para mejor corresponder a las características y manifestaciones del actual terrorismo yihadista, hasta diciembre de 2010, más de nueve años después del 11-S y transcurridos casi siete desde el 11-M.

Por otro lado, los terroristas del 11-M mostraron una gran habilidad, a buen seguro derivada de la capacitación que algunos de ellos había adquirido en campos de entrenamiento de Al Qaeda en Afganistán, a la hora de preservar la naturaleza de sus intenciones. Por ejemplo, comunicándose entre sí mediante un uso del correo electrónico o de la telefonía móvil hasta entonces desconocido no solo para la policía o los servicios de inteligencia españoles sino también para otros europeos y occidentales en general. En cualquier caso, una coordinación —no ya óptima sino a la altura de las auténticas necesidades— entre las correspondientes secciones del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil dedicadas a la lucha contra el terrorismo yihadista, el tráfico de drogas y el comercio ilícito de sustancias explosivas, muy probablemente hubiese permitido cruzar datos, hacer sonar las alarmas y desbaratar los preparativos para perpetrar los atentados de Madrid.

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Pero no fue hasta mayo de 2004, dos meses después del 11-M y transcurrido más de un cuarto de siglo desde que la democracia española hacía frente al terrorismo de ETA, cuando se hizo realidad el hasta esos momentos inexistente acceso conjunto y compartido a las bases de datos policiales para ambos cuerpos con competencias antiterroristas en todo el territorio nacional, al tiempo que se fundó el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (CNCA).

Tampoco la cooperación intergubernamental en relación con la amenaza del terrorismo internacional —aunque se habían registrado avances desde los atentados del 11-S y era un campo al que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado venían prestando una cuidadosa atención, en especial por lo que se refiere a la Comisaría General de Información (CGI), contribuyó a impedir los atentados de Madrid como sí permitió frustrar los planes para perpetrar un segundo 11-M a inicios de 2008 en el metro de Barcelona. Pese a que los directa o indirectamente implicados en los atentados de Madrid eran extranjeros, residentes o no en nuestro país, sobre todo marroquíes, un buen número de ellos eran conocidos por las agencias de seguridad de sus países de origen e incluso algunos destacados integrantes de la red del 11-M fueron detenidos o investigados, antes de que se iniciara su formación o durante el proceso, en Francia, Reino Unido, Marruecos o Turquía. Pero del mismo modo que una Comisión Rogatoria internacional dirigida a las autoridades de este último país demoraba su tramitación en exceso, haciendo posible que Said Berraj no fuese detenido por pertenencia a la célula de Abu Dahdah y se convirtiera en uno de los terroristas del 11-M, los servicios antiterroristas marroquíes no trasladaron indicio alguno en base al cual sospechar de lo que se estaba preparando en España, pese a que en 2003 detuvieron al iniciador de la red del 11-M, Mustafa Maymouni, y a que las autoridades turcas entregaron ese mismo año a las de Rabat a Abdelatif Mourafik, quien inicialmente le transmitió las instrucciones de Amer Azizi desde Pakistán.

Una sociedad vulnerable

Sería un error, en otro sentido, ignorar que buena parte de los individuos implicados en la red del 11-M eran también conocidos, en el seno de la colectividad musulmana residente en Madrid, precisamente por el extremismo de sus actitudes y creencias religiosas. Tampoco resultaría acertado obviar el hecho de que fueron bastantes quienes en el seno de las mismas, acudiendo regularmente a lugares de culto islámico y teniendo contacto con sus responsables, en algún momento tuvieron razones para pensar que entre sus conocidos o amigos había quienes estaban preparándose para cometer atentados, dentro o fuera de España. La justificación que a menudo se hace del terrorismo en esos ámbitos, dependiendo de dónde, contra qué blanco o con qué propósito se ejecute un atentado, o la pretensión de que la lealtad basada en la pertenencia a una misma religión está por encima del respeto al Estado de Derecho y a la convivencia democrática, no son excusa para incumplir el deber de informar a las autoridades del país en que habitan. Estremece que, aún dos años después de la matanza en los trenes de Cercanías, un 16% de los musulmanes residentes en España exhibían actitudes positivas hacia los atentados contra civiles en supuesta defensa del islam o hacia el entonces líder de Al Qaeda, Osama bin Laden.

A diferencia de lo que ocurrió en el Reino Unido tras los atentados suicidas del 7 de julio de 2005 en Londres, la matanza del 11-M dividió a los españoles, incluso dividió a las víctimas de la matanza en los trenes de Cercanías y a sus familiares. Cabe asociar esta lacerante realidad a tres factores. En primer lugar, a la ausencia de un mínimo de sensibilización colectiva previa acerca de la amenaza que el terrorismo yihadista, además del de ETA, suponía para España y los españoles desde mediados los años noventa; en segundo lugar, a una cultura política en sí misma proclive a la polarización; en tercer lugar, a la ausencia de consensos de Estado en sectores fundamentales para las instituciones representativas, la sociedad civil y el conjunto de los ciudadanos, como la política exterior, la política de defensa o la propia política antiterrorista. Hay lecciones todavía por extraer de las consecuencias que acarrearon los atentados de Madrid, en el ánimo de edificar una sociedad española menos vulnerable a la par que más consciente y resiliente ante desafíos del actual terrorismo global que bien pueden derivar, como en el 11-M, de la venganza.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política y Estudios de Seguridad en la Universidad Rey Juan Carlos, e investigador principal de Terrorismo Internacional en el Real Instituto Elcano. Galaxia Gutenberg acaba de publicar su libro ‘¡Matadlos! Quién estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España’.

– Especial EL PAÍS

El olvido es el túnel donde mueren los trenes.

En el olvido dejan de oírse las campanas,

se mira hacia otro lado, se ciegan las ventanas,

se toma a la justicia y a la luz de rehenes.

El olvido es un viento que engaña a las banderas;

una mano que borra los nombres de los muros;

un país donde sólo hay memoria o futuro

y algunas fotos lloran dentro de las carteras.

El olvido es un libro con las hojas en blanco;

es donde el egoísta celebra su victoria.

El olvido es un perro que da vueltas a un banco.

El olvido es robarle las llaves a la historia.

– Poema Benjamín Prado

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Lo que queda de Esperanza

Una de las actitudes más hipócritas de esta vida es la necesidad de elogiar al muerto y decir que en el fondo era buena persona por muy malvado que haya sido. No es el caso de Esperanza Aguirre, no porque sea buena persona sino porque, por fortuna, no se ha muerto. Solo ha dimitido, que para muchos es peor.

Es lista, pero no se le recuerda ni un apunte hacia lo socialmente justo.

Ha sido un compendio de un populismo fascistoide, usó del nepotismo descaradamente, ha mentido de modo permanente, hasta en las cifras de déficit, financió sin límite una televisión tendenciosa, manipuladora y en ruina, se hartó de nombrar a dedo, como últimamente los profesores de inglés, despreció a los sindicatos hasta las humillaciones más burdas y groseras, políticamente se vistió de desvergüenza, de ambición y de escasa cultura, incapaz de pulirla, no tiene más ideología que la del poder, se aprovechó del pucherazo, representó a su clase social aristocrática y distinguida, fue moderna figura del caciquismo español, dañó a los débiles y clases menos próximas a ella, nos dejó el regalo ‘edificante’, según su amigo Rouco, de Eurovegas, fue paternalista, chulapa en La Florida, en su famoso viaje a India huyó por pies y calcetines dejando tirados a varios acompañante debajo de la cama, fue desleal con el que no tiene poder, machacó la sanidad, la educación, a los inmigrantes, a los abogados de oficio, se aprovechó de la debilidad de la gente anulándolos con su zarpa terrible e implacable. No puedo más…

Aguirre representa la vuelta a la España que dejamos atrás hace 40 años.

Nacionalista española

Por José María Calleja

Fue un programa de televisión el que convirtió en personaje a Esperanza Aguirre. “Caiga quien Caiga” hizo una de las mejores campañas a favor de un político al pretender denostarla. Los intentos reiterados por hacer chanza de las lagunas en la formación de la política madrileña, el sacar punta de sus errores, el publicitarla todas las semanas ante los espectadores con sus frases chocantes, sus lapsus y sus despistes, lograron convertir a una política entonces casi desconocida  –año 1996, primer gobierno de Aznar–,  en un personaje político. CQC hizo de Aguirre un personaje famoso y del que todo el mundo hablaba.

Ahora Esperanza dice que se va.

Si nos atenemos a las palabras de la propia Esperanza, su dimisión se explica por su enfermedad, “presuntamente curada”, pero no solo por ella. Es una decisión largamente pensada por Aguirre que ha cogido por sorpresa a la inmensa mayoría de los dirigentes del PP y que, lejos de representar un alivio para Rajoy  –enemigo que huye…–, supone un problema añadido para silente Rajoy, al que ya solo le queda que le prohíban ver el fútbol.

Esperanza Aguirre ha sido una política nacionalista española, intolerante y sectaria hasta lo despectivo con los que no pensaban como ella y que ha levantado pasiones entre sus votantes y odios entre sus detractores. Aguirre ha practicado una especie de liberalismo prusiano, que le llevaba a pedir menos Estado y menos impuestos y a la vez crear un aparato político y propagandístico de corte soviético a cargo del erario público. Aguirre necesita clasificarlo y controlarlo todo, mandar, y ha hecho de su vida publica una búsqueda con ahínco de adictos y enemigos, en los que incluye a los pocos indiferentes que su hacer dejaba.

Los antecedentes inmediatos del abandono de Aguirre son el rechazo a la decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de excarcelar al etarra Bolinaga; los remotos tienen que ver con sus maniobras para descabalgar del liderazgo heredado del PP a Mariano Rajoy, contra el que intrigó en connivencia con potentes baterías mediáticas para las que ella era su lideresa. En los últimos tiempos, a su de por sí desinhibido discurso político de radical nacionalismo español, le había añadido algún punto más de temperatura.

Es posible que Esperanza se haya cansado de si misma; que, como tanta gente que pasa por una enfermedad o situación límite, haya decidido vivir la vida de otra forma; es seguro que no estaba a gusto con la política que hacía Rajoy; así en la subida del IVA, impuesto contra el que ella recogía firmas, como en política antiterrorista, contra la que tendría que haber convocado ya alguna manifestación, como hizo cuando los socialistas gobernaban. Últimamente, Aguirre era abucheada de manera sistemática en actos públicos y evitaba bajarse siquiera del coche para eludir los reproches de la calle.

Aguirre, persona muy mal hablada, ha creado un aparato de palmeros que la aplaudían con pasión, hiciera una cosa o su contraria, no solo en el medio público que controlaba de manera franquista, pero eso ya no bastaba ante el estado de indignación de los ciudadanos. Esperanza Aguirre hablaba de los comunistas como hablaban los franquistas y es de esos españoles que debió sentir que el Régimen de Franco permitía vivir en una excelente placidez… a los buenos españoles. Llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid de manera irregular, después de una maniobra de dos presuntos corruptos que no votaron al partido en cuyas listas iban y que dejaron así abierta la puerta al triunfo de la hoy dimisionaria. Deja de heredero a Ignacio González –odiado por Rajoy– sobre el que pesan sospechas de presunta corrupción y que no tendrá, ni de lejos, el tirón que entre el electorado de la derecha madrileña y española tenía Aguirre.

Que le vaya lo mejor posible en su vida personal, en su salud, pero que quede claro lo que esta política ha sido y representado.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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Acerca del 11M

Hace casi un año que la conspiración del 11-M quedó definitivamente quebrada, aunque los conspiradores jamás lo admitirán.

Fue a finales de marzo de 2011, cuando el exminero José Emilio Suárez Trashorras presentó su recurso de apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En su escrito, Trashorras admite lo que no confesó ante la Audiencia Nacional, lo que demostraban todas las pruebas: que fue él quien robó la dinamita de Mina Conchita y quien después vendió esos explosivos al grupo islamista que cometió los atentados. No busquen esta información en El Mundo.

Nunca la publicó.

Trashorras en su recurso incluso pide perdón a las víctimas del atentado por “no haber prestado la colaboración necesaria” a la Justicia. En su confesión, tira por tierra toda la conspiración del 11-M: si el explosivo salió de Mina Conchita, si la compraron los islamistas, ¿qué más da que hubiese rastros de dinitrotolueno –probablemente por impurezas en la fabricación– en la Goma 2 ECO?

La última declaración de Trashorras también pone en su sitio ciertas exclusivas de El Mundo. La hemeroteca siempre deja en evidencia las mentiras. Solo hay que echar un vistazo a las portadas de septiembre de 2006, las declaraciones del mismo delincuente que ahora admite su papel en el atentado y que entonces confesaba al diario de Pedro J. Ramírez misteriosas conexiones con ETA y la Policía. Todos eran culpables. Todos, salvo él.

“Mientras El Mundo pague, yo les cuento la Guerra Civil”, dijo el propio Trashorrras a sus padres en una conversación desde la cárcel, previa a esa entrevista donde, en efecto, cantó las batallitas que El Mundo quería escuchar. Que sea ahora este mismo diario el que acuse a los sindicatos y a Pilar Manjon –portavoz de la asociación mayoritaria de las víctimas del 11-M– de utilizar el atentado contra el Gobierno a cuenta de la reforma laboral es solo una indecencia más. Hace bueno este famoso verso de Machado: “El más truhán se lleva la mano al corazón”.

Siempre es así.

 

 

 

 

 

 

Por Ignacio Escolar

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