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‘Marca España’

La ciudadanía está más que harta del descaro con el que los culpables de la crisis se están yendo de rositas con el dinero de los contribuyentes. Gracias a la vista gorda de nuestras autoridades, para las que el interés público es siempre secundario frente a los intereses privados de los poderosos.

La detención bajo fianza multimillonaria impuesta a Gerardo Díaz Ferrán no es más que otra cortina de humo con la que se trata de ocultar que, aparte de este cabeza de turco, en España hay miles de evasores de capitales y defraudadores de impuestos que hurtan al Tesoro público el equivalente al 23,3% del PIB.

En nuestro país padecemos la tercera tasa de fraude fiscal más elevado de la UE-15 y en los últimos tres años de crisis los ingresos tributarios se han reducido en 41.140 millones de euros; más que todo lo que se dedicará al rescate de la banca. Mientras se mutilan los servicios sociales, y se recortan los salarios y las pensiones.

Queremos saber quiénes son los otros Díaz Ferrán…cuyo inolvidable aforismo («hay que trabajar más y cobrar menos») nunca se aplicó a sí mismo. O cuando decía «que la mejor empresa pública es la que no existe» (y la mejor, la que le venden a él) o cuando argumentaba que hacía falta «una reforma laboral profunda y global» para (¡ojo!) “calmar a los mercados”, días antes de dejar a sus propios trabajadores sin cobrar.

Éste era el empresario modelo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

labanda presidente

Trabajar menos para robar más

Por José María Calleja

Pensamiento Díaz Ferrán:

Si Esperanza Aguirre es “cojonuda”, le doy mucho dinero para su campaña electoral.

Si la mejor empresa publica es “la que no existe”, me trinco el dinero que los inmigrantes latinoamericanos han ahorrado para pagarse los billetes de avión que les lleven a su tierra en Navidad y dejo a 5.000 personas en la tierra de la España que marca (ocurrió en 2009). Que no hubieran comprado billetes en mi compañía aérea.

Si pagar impuestos es un atraso, demos un mangazo de 50 millones de euros, de los que solo han aparecido 4,9 en Suiza, y expoliemos nuestras propias empresas.

Si de defender a la familia se trata, comprémonos un yate, un casoplón en Baleares, otra vivienda de lujo en Madrid y unos apartamentos en la zona más cara de Nueva York para las hijas, que pasean al perro con un collar con la bandera de España marcada.

Viva el mercado libre, mueran las subvenciones, excepto las mías, viva la competencia libre, la caza a lo bestia y los taxidermistas; viva lo hortera, los coches de lujo y quien los trujo.

Gerardo Díaz Ferrán ha sido el gran timonel de los empresarios españoles durante años, lucecita del Pardo sin apenas criticas entre los suyos; bueno, sí, yo he escuchado a ese empresario hotelero ejemplar, Antonio Catalán (AC), decir en mi programa, en CNN+, que Díaz Ferrán era un “delincuente” y un “defraudador”, y que tenía que dimitir como presidente de la CEOE. El denunciado no interpuso querella alguna. Ningún otro empresario ha dicho en voz alta algo que al parecer todos comentaban, en voz más o menos baja, mientras aplaudían al empresario saqueador ahora detenido como si estuvieran en un congreso del PC Chino.

Queda por saber si en esta cadena de mando de responsabilidades criminales su segundo en el escalafón, Arturo Fernández, no el actor, estaba al tanto de los enjuagues de su conmilitón. También si su sustituto, Joan Rosell, sabía qué tipo de negocios hacía su antecesor.

Ferrán no se ha aplicado nada de su propia máxima “trabajar más y cobrar menos”, y en realidad ha trabajado menos para trincar más. Le han pillado en casa con 150.000 euros, un lingote de oro  -que dicen que vale 60.000 euros- y una cara dura como el cemento armado.

El jefe, hasta hace un rato, de todos los empresarios españoles de la CEOE, pensaba que sobraban todos los sindicatos  -excepto el del crimen, entiendo- y debía ver con buenos ojos la amnistía fiscal, al final de la cual ha sido detenido.

Díaz Ferrán es de esa corriente de pensamiento económico que sostiene que no hay mejor cosa que no pagar impuestos. Coherente hasta el fin con su ideario, evadía a Hacienda, alzaba bienes, tomaba el dinero y corría. Un ladrón, por decirlo claramente.

En Suiza están alterados, han descubierto que en el local empresarial de la España que marca, se juega.

Ilustración- Jordi Labanda

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Lo que queda de Esperanza

Una de las actitudes más hipócritas de esta vida es la necesidad de elogiar al muerto y decir que en el fondo era buena persona por muy malvado que haya sido. No es el caso de Esperanza Aguirre, no porque sea buena persona sino porque, por fortuna, no se ha muerto. Solo ha dimitido, que para muchos es peor.

Es lista, pero no se le recuerda ni un apunte hacia lo socialmente justo.

Ha sido un compendio de un populismo fascistoide, usó del nepotismo descaradamente, ha mentido de modo permanente, hasta en las cifras de déficit, financió sin límite una televisión tendenciosa, manipuladora y en ruina, se hartó de nombrar a dedo, como últimamente los profesores de inglés, despreció a los sindicatos hasta las humillaciones más burdas y groseras, políticamente se vistió de desvergüenza, de ambición y de escasa cultura, incapaz de pulirla, no tiene más ideología que la del poder, se aprovechó del pucherazo, representó a su clase social aristocrática y distinguida, fue moderna figura del caciquismo español, dañó a los débiles y clases menos próximas a ella, nos dejó el regalo ‘edificante’, según su amigo Rouco, de Eurovegas, fue paternalista, chulapa en La Florida, en su famoso viaje a India huyó por pies y calcetines dejando tirados a varios acompañante debajo de la cama, fue desleal con el que no tiene poder, machacó la sanidad, la educación, a los inmigrantes, a los abogados de oficio, se aprovechó de la debilidad de la gente anulándolos con su zarpa terrible e implacable. No puedo más…

Aguirre representa la vuelta a la España que dejamos atrás hace 40 años.

Nacionalista española

Por José María Calleja

Fue un programa de televisión el que convirtió en personaje a Esperanza Aguirre. “Caiga quien Caiga” hizo una de las mejores campañas a favor de un político al pretender denostarla. Los intentos reiterados por hacer chanza de las lagunas en la formación de la política madrileña, el sacar punta de sus errores, el publicitarla todas las semanas ante los espectadores con sus frases chocantes, sus lapsus y sus despistes, lograron convertir a una política entonces casi desconocida  –año 1996, primer gobierno de Aznar–,  en un personaje político. CQC hizo de Aguirre un personaje famoso y del que todo el mundo hablaba.

Ahora Esperanza dice que se va.

Si nos atenemos a las palabras de la propia Esperanza, su dimisión se explica por su enfermedad, “presuntamente curada”, pero no solo por ella. Es una decisión largamente pensada por Aguirre que ha cogido por sorpresa a la inmensa mayoría de los dirigentes del PP y que, lejos de representar un alivio para Rajoy  –enemigo que huye…–, supone un problema añadido para silente Rajoy, al que ya solo le queda que le prohíban ver el fútbol.

Esperanza Aguirre ha sido una política nacionalista española, intolerante y sectaria hasta lo despectivo con los que no pensaban como ella y que ha levantado pasiones entre sus votantes y odios entre sus detractores. Aguirre ha practicado una especie de liberalismo prusiano, que le llevaba a pedir menos Estado y menos impuestos y a la vez crear un aparato político y propagandístico de corte soviético a cargo del erario público. Aguirre necesita clasificarlo y controlarlo todo, mandar, y ha hecho de su vida publica una búsqueda con ahínco de adictos y enemigos, en los que incluye a los pocos indiferentes que su hacer dejaba.

Los antecedentes inmediatos del abandono de Aguirre son el rechazo a la decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de excarcelar al etarra Bolinaga; los remotos tienen que ver con sus maniobras para descabalgar del liderazgo heredado del PP a Mariano Rajoy, contra el que intrigó en connivencia con potentes baterías mediáticas para las que ella era su lideresa. En los últimos tiempos, a su de por sí desinhibido discurso político de radical nacionalismo español, le había añadido algún punto más de temperatura.

Es posible que Esperanza se haya cansado de si misma; que, como tanta gente que pasa por una enfermedad o situación límite, haya decidido vivir la vida de otra forma; es seguro que no estaba a gusto con la política que hacía Rajoy; así en la subida del IVA, impuesto contra el que ella recogía firmas, como en política antiterrorista, contra la que tendría que haber convocado ya alguna manifestación, como hizo cuando los socialistas gobernaban. Últimamente, Aguirre era abucheada de manera sistemática en actos públicos y evitaba bajarse siquiera del coche para eludir los reproches de la calle.

Aguirre, persona muy mal hablada, ha creado un aparato de palmeros que la aplaudían con pasión, hiciera una cosa o su contraria, no solo en el medio público que controlaba de manera franquista, pero eso ya no bastaba ante el estado de indignación de los ciudadanos. Esperanza Aguirre hablaba de los comunistas como hablaban los franquistas y es de esos españoles que debió sentir que el Régimen de Franco permitía vivir en una excelente placidez… a los buenos españoles. Llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid de manera irregular, después de una maniobra de dos presuntos corruptos que no votaron al partido en cuyas listas iban y que dejaron así abierta la puerta al triunfo de la hoy dimisionaria. Deja de heredero a Ignacio González –odiado por Rajoy– sobre el que pesan sospechas de presunta corrupción y que no tendrá, ni de lejos, el tirón que entre el electorado de la derecha madrileña y española tenía Aguirre.

Que le vaya lo mejor posible en su vida personal, en su salud, pero que quede claro lo que esta política ha sido y representado.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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