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Condicionales

“Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo»

                  José Ortega y Gasset, ‘Meditaciones del Quijote’, 1914

españa paragüas

El país del `como si´, el maquinista y su circunstancia

Por Ernesto Ekaizer

En la medianoche del pasado viernes, día 26 de julio, en el recién estrenado programa El dilema, en ETB 2, el periodista Juan Carlos Etxeberria solicitó a los invitados al debate sobre El caso Bárcenas,una rápida opinión sobre el accidente ferroviario en Santiago de Compostela, a saber, si el tema se quedaría en el maquinista o si iría a más.

La mía, la primera requerida, fue que el tema iría a más. Si el accidente del Metro de Valencia acaba de ser reabierto a raíz de la investigación periodística del programa Salvados que dirige Jordi Évole, ello será un acicate para que en este caso la indagación sea profunda en lo inmediato y no se cierre en falso como aquella.

Y ello exige, apunté, analizar el hecho de que ha habido, probablemente, por parte de dos administraciones, las de Zapatero y de Rajoy, responsabilidades en un peculiar trazado y  seguridad ferroviaria. Ya que en rigor, lo que parece un accidente del AVE en realidad no es del AVE sino de otra cosa híbrida más parecida a una chapuza nacional. ¡Ay la Gran Crisis!

Tanto en este intercambio de impresiones sobre el accidente como en el de Bárcenas, hubo una interesante polarización de opiniones. Simétrica, podríamos decir. Una mayoría de participantes se inclinó por profundizar el análisis de  lo que orteguianamente podríamos llamar “el maquinista y su circunstancia”.

Y en el caso Bárcenas, también ocurrió algo parecido. Se trataba de examinar a Bárcenas y su circunstancia, esto es, sus presuntos delitos, por un lado, y la presunta financiación ilegal del PP a la luz de la declaración del ex tesorero del 15 de julio de 2013, cuya transcripción judicial completa se conocía ese mismo día viernes 26 de julio, y del pago de dinero sucio (sí, sucio, por provenir de donativos presuntamente ilegales, según los indicios existentes) a la cúpula del PP y en negro (sí, negro por la inexistencia de retenciones sobre lo que se entrega a la cúpula ni su declaración a Hacienda por parte de los beneficiarios de los sobres).

Ya en el debate sobre Bárcenas, señalé que aquellos que quieren ver sólo al maquinista como el malo de este trágico y luctuoso accidente, también ven a Bárcenas a través del mismo cristal, pretendiendo hacer oídos sordos a su confesión.

Aquellos medios de comunicación que han sido portavoces de las declaraciones de Bárcenas durante más de cuatro años y de su completa inocencia ahora le atacan como mentiroso.

En realidad, están ahora en la misma posición que estaban. Porque su referencia no es Bárcenas. Su referencia es el PP. Y este partido y su presidente, Mariano Rajoy, han defendido incondicionalmente a su ex tesorero nacional dentro y fuera del caso Gürtel, hasta el intercambio de SMS que termina con las advertencias de Bárcenas a Rajoy el 14 de marzo de 2013. Ahora, para este partido, Bárcenas es el enemigo. Como para los medios de comunicación que antes lo trataban como amigo.

Bien. Esta mañana de domingo, al leer al columnista José Luis González Quirós en El Confidencial, me he retrotraído a la medianoche del viernes 26 en el estudio de ETB 2 en San Sebastián.

“Los que se pregunten por fallos del sistema, del trazado, del diseño del tren o de la política ferroviaria son unos antipatriotas, con Rajoy o con Zapatero, que tanto da”, ironiza.

Y al hablar del exceso de velocidad, añade: “Por si faltase algo para cerciorarnos del “crimen del maquinista” se ha revelado que presumía de ir deprisa, sin respetar los radares, cuando todo el mundo sabe que los trenes de alta velocidad han de ir lentamente para enlucir el paisaje. La velocidad es un argumento moral en España, constituye por si sola un exceso, de manera que no ha resultado difícil diagnosticar a ojo de buen cubero las causas del descarrilamiento. Este modo de enjuiciar es muy típico de nuestra cultura política, siempre hay un culpable al final de la cadena, nunca al principio, como con Bárcenas, por cambiar de tema”.

Ya EL PAÍS ha puesto algunas cosas en su sitio al denunciar, en un editorial publicado el pasado sábado, día 27 de julio, que casi tres días después de la tragedia ni los presidentes de Renfe y Adif, ni la ministra de Fomento se habían sentido aludidos hasta el punto de convocar una conferencia de prensa para hablar del asunto.

Pero es que vivimos en el “país del como si”.

En un país “como si” fuera transparente, porque tenemos una ley de transparencia a punto de salir adelante.

En un país donde el presidente del Gobierno va a comparecer el próximo jueves, día 1 de agosto, en la Cámara “como si” fuese a petición propia.

Todos, en cambio, sabemos la verdad: habrá de ser la comparecencia a “petición ajena”, incluida la opinión publicada internacional, más evidente de la historia parlamentaria española.

Y, por fin, en un país en el que ha habido un accidente “como si” fuese un siniestro en la red de AVE, de alta velocidad, cuando en rigor lo ha sido en un sistema híbrido que en el lenguaje liso y llano deberíamos llamar chapuza.

Es que en el planteamiento original, según constaba en el Plan Galicia de finales de 2002, la “compensación”, quizás por los errores de gestión, de fondo y de forma, en el accidente del  Prestige, se trataba de llevar el AVE a Galicia.

Sin embargo, con la Gran Crisis y otras prioridades, lo que conseguimos es una especie de un Frankenstein de AVE, un híbrido, en el cual se suceden tramos ultramodernos en rectas muy importantes del trayecto y restos de la vieja red de ferrocarril.

Esto es lo que hay.

Ese fue el criterio.

La justificación: la Gran Crisis. Y así se puso en marcha la red.

Un criterio que busca la imagen. La de que teníamos una línea “como si” fuera de alta velocidad toda ella. Pero si el sistema de alta velocidad mutaba justo antes de la estación de Santiago (7 km), el mecanismo de freno, el ERTMS, solo le sobrevivía 3 kilómetros adicionales ya que se inhibía a 4 km de la ciudad, en el kilómetro 80.

Y lo que ha pasado ocurre bajo la acción del otro sistema, que no es el del AVE, sino el del llamado ASFA.

El lunes día 22 de julio de 2013, tres días antes de la tragedia, el periodista Antonio Nespereira, del diario La Región, de Ourense, titulaba su información así: “Un AVE a ritmo de titulares”.

Escribe: “La hemeroteca saca pocos brillos y sí muchos colores a políticos de todo signo que cubrieron el expediente anunciando fechas imposibles, trazados inconcretos y, en muchas ocasiones, presupuestos irreales. El ritmo de las obras del AVE que algún día unirá Galicia con la Meseta se ha ralentizado en varios tramos de Ourense en las últimas semanas, como evidenció este periódico en días pasados, con lo que la última promesa de que la gigantesca infraestructura estará lista en el 2018 puede poner en evidencia al autor o autores del envite”.

En su crónica, el periodista recuerda la inauguración “del AVE”.

“El 10 de diciembre del 2011, ya como presidente de Asturias, Cascos fue invitado a la inauguración del AVE Ourense-Santiago-A Coruña y dijo que ‘ lo que se ha hecho aquí hoy es un paso muy importante que tiene que continuar hasta completar la integración de la red ferroviaria española y la gallega en la red internacional europea’.”Todos estos detalles son una buena descripción del “país del como si”.

caja nera

Si no abordamos la circunstancia, más allá de los errores que haya podido cometer el maquinista, no vamos a evitar que tragedias como la de Santiago vuelvan a ocurrir.

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Ma-tri-mo-nio

Han pasado siete años desde que Mariano Rajoy asumiera personalmente la decisión de presentar un recurso de inconstitucionalidad contra la ley que, desde julio de 2005, permite a las parejas del mismo sexo contraer matrimonio. España era, en ese momento, el tercer país del mundo en aprobar una ley de matrimonio igualitario. Solo Holanda y Bélgica se habían atrevido a hacerlo antes, y en el caso belga sin posibilidad de adopción (exclusión que luego fue modificada). También era posible en Massachusetts (EE.UU.) y en varias provincias de Canadá, por decisión de sus Cortes Supremas. Casi por primera vez en la historia, España se colocaba a la vanguardia mundial por lo que al reconocimiento de derechos civiles se trataba.

Fue el resultado de años de trabajo de las organizaciones LGTB españolas, que en una acertada decisión estratégica se negaron a negociar soluciones intermedias. Fue un éxito, también, de las fuerzas políticas progresistas. De los partidos de izquierda, pero también de los sectores más avanzados de partidos de centro-derecha, como el PNV o Convergència Democràtica de Catalunya, entre los cuales la ley también registró apoyos. Y es obligado reconocerlo: un éxito del entonces Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que con una firmeza que ojalá hubiera mantenido en otros aspectos de su acción política se negó a rebajar una ley modélica. Y muy simple: la modificación legal fundamental consistió en añadir solo 18 palabras al artículo 44 del Código Civil, que quedó así:

No fue fácil, sin embargo. Los sectores más reaccionarios de la sociedad española se confabularon para oponerse al matrimonio igualitario con toda la fuerza de la que son capaces, que es mucha. Llevaron a sede parlamentaria a “expertos” que no dudaron en relacionar la homosexualidad con infancias infelices, padres alcohólicos y madres sobreprotectoras. Consiguieron que todo el PP en bloque (con la honrosa excepción de la diputada Celia Villalobos) se opusiera con fiereza a una reforma con la cual muchos de sus votantes estaban de acuerdo. El 19 de junio de 2005 organizaron en Madrid una de las manifestaciones de protesta más multitudinarias de los últimos años. Y una vez aprobada la ley presionaron para ver recortada su aplicación: reclamaron la “objeción de conciencia”, utilizaron a jueces conservadores y finalmente consiguieron que Mariano Rajoy decidiera interponer recurso ante el Constitucional.

Han pasado ya siete años. En este tiempo, el ejemplo español ha servido de acicate a otros países. Es difícil pensar que sin la ley española hoy Portugal y Argentina dispusieran de leyes de matrimonio igualitario, o que Uruguay la esté discutiendo en estos mismos momentos. También se han sumado Canadá (cuya ley federal entró en vigor pocos días después de la española), Sudáfrica, Suecia, Noruega, Islandia y Dinamarca. Sin olvidar a varios estados de Estados Unidos o México Distrito Federal.

En estos años la ley de matrimonio igualitario ha sido un motor indiscutible de cambio social. No tanto por el número de matrimonios celebrados, unos 25.000 a día de hoy (en 2011 supusieron un 3% del total de matrimonios celebrados) como por el impulso a la normalización de la realidad LGTB que han supuesto. Pero sobre todo, ha resuelto una situación de injusticia, ha dado un marco legal estable a las miles de familias homoparentales que viven en nuestro país y ha permitido a lesbianas, gays, y bisexuales sentirse iguales.

Hoy el Tribunal Constitucional, siete años después ha dictado por fin sentencia y ha reconocido lo que ya era obvio para una inmensa mayoría: que lesbianas, gays y bisexuales son iguales. Tiempo habrá de analizar con detalle las argumentaciones del Constitucional, una vez se haga pública la sentencia y los posibles votos particulares.

Hoy es tiempo de celebrar y rearmarse para la siguiente batalla, que la habrá. Porque los enemigos de la igualdad no descansan: basta echar un vistazo a lo que en este preciso momento está sucediendo al otro lado de los Pirineos, donde a un Gobierno socialista recién elegido y con una sólida mayoría parlamentaria comienzan a flaquearle las piernas ante la gran movilización que iglesia católica y derechas política y mediática están llevando a cabo para impedir que Francia se convierta en el siguiente país en aprobar el matrimonio igualitario.

Un déjà vu que a muchos nos pone todavía la carne de gallina.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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‘Bailout’

Pregunta un periodista: “Si según usted la sociedad no va a sufrir, ¿por qué no se ha pedido antes el rescate?”.

Responde De Guindos: “A usted no le tocaba preguntar ahora”.

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares.

Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes).

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones.

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate o, lo que es lo mismo, bailout en inglés.

En contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

Guste o no.

Según Vicenç Navarro (catedrático de Políticas Públicas) la razón de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre.

Cuesta creerlo, pero así de claro parece ser. Nadie ha dicho lo contrario.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Viñetas- Por Manel Fontdevilla

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La UE se re-inventa

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Más bien se podría decir que la Unión Europea se rompe.

Aunque si fuéramos rigurosos con la realidad, se re-rompe porque nunca terminó de existir. Al menos, no tal y como quiso ser concebida.

Pero, ¿por qué? La lista de motivos es larga, sin duda: desde las diferencias culturales e idiomáticas a, sobre todo, la renuncia de los países -sobre todo de los poderosos- a renunciar a la cuota de soberanía que sería necesario para funcionar como Unión.

Precisamente por este último motivo, la UE se re-rompe ahora con la salida de Reino Unido -y cuatro países más- de la reforma de los Tratados.

Sarkozy se ha desquitado hablando de “nuestros amigos británicos” al anunciar la medida de crear un nuevo tratado de austeridad, imperativo en el caso de la Eurozona y voluntario para quien quiera compartir la política fiscal que dicta el tándem Merkozy.

Dicho de otro modo, la UE a la carta de Berlín y París.

Sarkorzy ya ha utilizado a Londres de cabeza de turco por si la jugada sale mal, acusándole de bloquear la unanimidad, pero lo cierto es que a Cameron no le quedaba otra salida para que a su regreso a la City no se lo comieran crudo los propios miembros de su partido.

Desde hace meses se enfrenta a un motín interno en su propio partido liderado por los euroescépticos.

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Kaputt

(por Ernesto Ekaizer)

Ay Bernabé, perdón, Mariano, quién te ha visto y quién te ve! Hasta el 20-N, todo era recuperar la confianza con el cambio de Gobierno para comenzar a superar la crisis y dejar así atrás la prima (de riesgo) de Zapatero.

Pero veamos lo que ayer por la tarde explicó Rajoy a sus conmilitones del Partido Popular Europeo. Dijo: “Necesitamos reformas estructurales… Pero para que estas reformas puedan asegurar una Europa nueva, es preciso, ya sin más dilación, poner en marcha todos los medios y recursos disponibles para contener la hemorragia de la deuda soberana”.

Vaya, vaya, ¿en qué acto de la campaña del 20-N hemos oído hablar a Rajoy de la crisis española en el contexto de esta “hemorragia de la deuda soberana”? ¿Acaso en su debate con Rubalcaba? Por supuesto que no. Y, uno, claro, se pregunta: esta hemorragia que ya lleva su tiempo y que era evidente en plena campaña electoral, ¿cuándo la ha descubierto Rajoy?

Ahora que va a asumir la presidencia del Gobierno, esta hemorragia requiere una operación urgente. Rajoy: “Soy consciente de que estas intervenciones requieren de un entorno de seguridad y de una mayor disciplina que eviten la irresponsabilidad presupuestaria. Pues adelante, hagámoslo. España lo apoyará…”.

En román paladino: ahora que Zapatero (aplaudido por Durão Barroso, Merkel, Sarkozy, Trichet y Obama) ya se va, saque el BCE su bazuca y arregléme a mi, Rajoy, que inspiro toda la confianza que se puede pedir, el soberano problema de la deuda. Fíjense ustedes: Rajoy, que había criticado a Zapatero por proponer el “atajo” de los eurobonos, habla ahora de “intervenciones”, sin atreverse, claro, a apuntar al BCE, no sea que su presidente se ofenda. Pero he aquí que este discurso quedó desfasado ya no digamos desde que fuera escrito sino incluso antes de ser pronunciado en Marsella en la tarde de ayer. Porque el presidente del BCE, Mario Draghi, fulminó esas expectativas en su rueda de prensa celebrada en Fráncfort varias horas antes de la alocución de Rajoy.

Se mostró Draghi sorprendido de que se interpretasen sus palabras ante el Parlamento Europeo, en el sentido de que si la cumbre aprueba un refuerzo de la disciplina fiscal, el BCE intervendría masivamente en los mercados para fijar límites a los tipos de interés de los bonos o a las primas de riego. De bazucas o intervenciones decisivas, y un eventual préstamo del BCE al FMI, para contener hemorragias, nada de nada.

Barroso en un diálogo captado por los micrófonos, mientras se hacían las fotos, explicó a Rajoy que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, con el que se entrevistó el próximo presidente español el miércoles, es junto a Obama partidario de la expansión fiscal. “Esto de la expansión fiscal”, se oye farfullar a Rajoy. “Yo no tengo alternativa a la reducción del déficit…”. Barroso le da ánimos: “La nuestra (alternativa) es la buena”.

Ya Margaret Thatcher dijo al lanzar su programa de austeridad y liberalización salvaje de 1979 que “no hay alternativa”. En inglés se convirtió en un acrónimo muy popular: TINA (There Is No Alternative). Tanto la fallida petición de Rajoy a cortar la hemorragia como el show de Merkozy coinciden en lo mismo: Kaputt.

Es decir: todo se ha perdido, estropeado o arruinado.

+ info en Alemania dice, el resto calla

+ info en EUROPA, pasado y presente

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Donde dije digo, digo Diego

La bolsa baja, la prima sube.

Y Cristobal Montoro calla.

“Que nosotros ganemos le conviene a Alemania, a Europa y a los mercados. Ese solo hecho ya les da tranquilidad”, prometía el portavoz de economía del PP justo antes de votar.

Lo cierto es que el martes España pagaba más intereses que Grecia por sus nuevos bonos.

Mientras en el Congreso buscan cómo acelerar el traspaso de poderes. Hasta los suyos le exigen a Rajoy que adelante unas gotas de su pócima milagrosa: que explique ya su plan.

Sí, aquel que se pasó la campaña diciendo que no podía detallar los recortes porque no conocía el estado real de las cuentas; como si no fuesen datos públicos. No vaya a ser que desenfunde la tijera antes de llegar a Moncloa.

¿Incongruencias? Varias.

Y eso no es todo.

El pasado mes de febrero, al referirse a ciertas medidas presupuestarias que acababa de anunciar Zapatero tras un encuentro con Angela Merkel, dijo Mariano Rajoy: “A mí, como español, no me gusta que desde fuera me digan lo que hay que hacer”.

Esta semana la canciller alemana, dos agencias de calificación y varios periódicos influyentes en el establishment financiero internacional le dijeron al líder del PP lo que tiene que hacer.

“Usted ha obtenido el mandato claro de su pueblo para decidir y aplicar rápidamente las reformas necesarias”, le transmitió Merkel en un telegrama de felicitación por su victoria electoral que, salvo ese párrafo imperativo, no pasa de ser una nota protocolaria tipo de felicitación.

La agencia Fitch, por su parte, emplazó a Rajoy a “sorprender” a los inversores con un “ambicioso y radical programa de reformas estructurales y fiscales”.

Pero el silencio impera.

Que se sepa, el aludido no ha comparecido para expresar en público su patriótico rechazo a semejante injerencia.

El futuro Presidente del Gobierno podrá alegar que no interpreta esos mensajes como órdenes porque también es partidario de los ajustes que se le reclaman; pero ¿osaría enviar un telegrama perentorio al ganador de unas elecciones en Alemania o Francia?

Por lo demás, alguien debería explicar a Merkel que su interpretación del resultado del 20-N es errónea: Rajoy no obtuvo el “mandato claro de su pueblo” para aplicar con rapidez las reformas.

Lo que sucedió es que el PSOE perdió millones de votantes y se hundió en el abismo precisamente por entrar en el discurso único y socialmente injusto de los recortes.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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