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Desencanto en España

¿Conoce a alguien que no esté cabreado?

Por Arturo González

Es curioso: el país cabreado al completo y todo el mundo traga:

Los médicos y todo el personal sanitario, porque los privatizan o despiden.

Los jueces, porque las leyes que se ven obligados a aplicar son un disparate.

Los que no creen en la justicia.

Los funcionarios, sin paga, sueldos mermados, y moscosos eliminados.

Los trabajadores privados, abocados a EREs masivos.

Los medios de comunicación, casi todos en la ruina.

Los clubs de fútbol, desmadres y sorteando el concurso de acreedores.

Las mujeres, que no pueden abortar.

Los inmigrantes, retornando desencantados y vencidos.

Los sin papeles, con atención médica disminuida.

Los jóvenes, emigrantes, como en aquellos tiempos sus padres o abuelos, aunque ahora sea sin maleta de madera.

Los militares, preocupados con Catalunya.

Los catalanes, divididos.

Los maestros, humillados, desautorizados, sin que ya queden interinos.

El 66% que tenía coche oficial, con humor de perros porque se lo han quitado.

Los sindicatos, porque nadie se afilia ni les hace caso.

Los políticos, perdida su credibilidad.

El Rey, vaya usted a saber cómo está el Rey de cabreado.

El Príncipe, hablando del Compromiso de Caspe.

La alcaldesa Botella, porque le chafaron el puente.

Los farmacéuticos, porque no les abonan las facturas.

Montoro, porque no recauda.

Rouco, porque los homosexuales han ganado.

Los banqueros, porque ganan un poquitín menos.

Cinco millones setecientos mil españoles, porque no tienen trabajo (y es dudoso que vayan a tenerlo).

Dos millones, porque no reciben ninguna prestación.

Los despedidos, porque perciben una miseria con la nueva ley laboral.

Los solicitantes de trabajo, porque para diez plazas se presentan diez mil candidatos y ya no saben dónde presentar su currículum.

El 25% de la población, en la pobreza.

El pequeño comercio, porque no se defienden con lo que venden ni pueden tener un empleado.

Los chinos, porque ya desconfiamos de ellos.

Los artistas, por los recortes bestiales.

Las amas de casa, porque ya no saben cómo estirar el presupuesto.

47 millones de españoles, por el gasto militar.

47 millones de españoles, por la tremenda subida del IVA.

Las agencias de viaje, sin apenas viajes.

Los pensionistas, juguetes rotos y objeto de disputas.

Las prostitutas, porque las multan y detienen.

Los clientes de las prostitutas, porque los multan y detienen.

Los antidisturbios, porque cobran poco para lo que arrean.

Los ministros (salvo Wert), porque los ciudadanos no les quieren.

Los ahorradores, porque están en vías de perderlo todo.

Los que tenían acciones preferentes.

Los muy ricos, porque es difícil elegir un paraíso fiscal sin peligro.

Urdangarin, porque él no ha hecho nada.

Los autónomos, porque escasea el trabajo.

Los diez millones que han votado el PP, porque las cosas no son como ellos esperaban ni lo ven claro.

Los que han votado al PSOE, porque ven clarísimo su desastre y porvenir.

Los marxistas, los ácratas y abstencionistas, porque no cristalizan sus ideas.

Miles de niños, porque tienen que llevar su comida al colegio en un tupper.

ETA, porque no puede matar.

Las víctimas del terrorismo y sus familiares, porque les tratan injustamente.

Los universitarios, porque les han quitado la becas.

Los enfermos dependientes en mala situación económica, porque les han suprimido o reducido al mínimo la ayuda.

Telefónica, porque ha perdido 253.000 líneas.

Los mendigos, porque ya nadie da limosna.

Los padres, porque sus niños no apuntan maneras de futbolistas.

Los miles de huelguistas sectoriales.

Los asistentes a las 2.500 manifestaciones que según Cifuentes ha habido este año en Madrid.

Los desahuciados o en ciernes.

Los que no tienen vivienda, a pesar de lo que dice la Constitución.

Ustedes. Yo.

Todos saben que no es pasajero.

¿Puede vivir cabreado un país? Hay el cabreo manifiesto y el cabreo sordo y resignado. Hasta ahora hay más cabreados sordos y pasotas que manifiestos. Pero…¿alguien se atreve a predecir el futuro?

Puntadas sin hilo‘, en PÚBLICO

¿Lo más triste? Que hoy una mujer se ha arrojado al vacío cuando la iban a desalojar de su casa; la segunda muerte relacionada con una ejecución hipotecaria en las últimas tres semanas.

Algo debemos estar haciendo mal.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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¿Pero qué mentira es esta?

Ahora lo llaman racionalización.

Llamen como lo llamen. El caso es que se puede nombrar de muchas maneras: reducción, supresión, recorte, reforma, bajada/subida, austeridad,… Es lo que se podría empezar a conocer como el Estado del Malestar. Sí, ese estado al que nos tendremos que acostumbrar a partir de hoy. En total, entre éste y el anterior recorte, 92.000 millones de euros de ahorro -en principio- que el Gobierno de España va a acometer en los próximos años. Es el resultado de las mayorías absolutas.

Las pensiones, el sistema funcionarial, las prestaciones por desempleo, los incentivos a los autónomos-al empresariado joven, las ayudas a la dependencia, la representatividad sindical o municipal (o sea, la voz de los ciudadanos), la asistencia sanitaria o el acceso a la educación pública y gratuita. Todo esto, y mucho más, se está yendo al garete. Todo por haber mirado de soslayo a las cuentas de un país que gastaba por encima de sus posibilidades. Una permisividad de gasto a ciertas Comunidades Autónomas inimaginable, por cierto.

Todo por no haber controlado esos gastos superfluos en abrir aeropuertos y más aeropuertos, en AVEs, en creación de mega-palacios de congresos, campos de golf, super-Vegas españolas, macro-cárceles… y sus correspondientes facturas de mantenimiento. Y poco en inversión cultural y en I+D también, por cierto.

Se están además trastocando las libertades y los derechos, claramente. Libertades y derechos que conseguimos en los 80, y adonde precisamente ahora parece que estamos abocados a volver. No ya a ese Estado del Bienestar de hace treinta años, sino al siglo XIX. Ya lo advirtieron los sindicatos y los economistas heterodoxos tras la última reforma laboral: hemos retrocedido más de un siglo en privilegios sociales, entregando todo el poder al patrón, dejando en sus manos la modificación de las condiciones laborales y desactivando la fuerza colectiva al devaluar los convenios. Si a ello le sumamos el creciente ejército del montante de seis millones de parados, que consigue el efecto de abaratar la mano de obra y obligar a los trabajadores a aceptar lo que les echen, el viaje al pasado es total.

Había otras propuestas de tijeretazo, como gravar grandes fortunas, recortar el dinero a la Iglesia o reducir más la asignación de la Casa Real. Pero Rajoy dice que no.

Mientras tanto, se lleva a cabo una amnistía fiscal a los defraudadores.

100.000 millones de inyección a la Banca nacional. Que nadie dice que no sea necesaria, pero no tenía que haber sido necesario si los políticos (de derechas, de centro, de izquierdas) hubiesen hecho su trabajo. ¿Dónde ha estado el Banco de España? ¿Y tantas Cajas politizadas? ¿Y tanta manga ancha en dar créditos para inflar aún más la burbuja inmobiliaria y las deudas de los ciudadanos? Ahora se habla de crear ‘Bancos malos‘. Lo dice Bruselas. Es el resultado de no cumplir bien los deberes precisamente por estar en la UE.

El modelo basado en el crédito ahora no tiene cómo volver a crecer y crear empleo. Demasiado poco control para que unos hincharan sus arcas y otros tantos se vean abocados a pagar viviendas que ya no tienen. Es el resultado de la vanidad típica de esta cultura latina. De poseer, de tener, de querer más y más.

Y, para más inri, sube el IVA. Ya en el BOE, se aplicará de facto a partir de septiembre. Lo que significará una pérdida del poder adquisitivo y del consumo, se quiera admitir o no. Una medida ya de por sí injusta. Un impuesto que será uno de los mayores mayores en Europa, sólo por detrás de Grecia, Portugal, Irlanda y los tres estados nórdicos (Dinamarca, Suecia y Finlandia). Se estima que supondrá de media un aumento de gasto de unos 500€ por familia al año. O sea que estaremos igual o peor como hasta ahora, eso seguro.

Una subida que cuando lo llevó acabo el anterior Ejecutivo se criticó desde las filas populares.

Improvisación permanente, ocultación de la letra pequeña. Todo ello acompaña al plan de estabilización más fuerte de la historia contemporánea.

Todo me recuerda a aquella frase de Sara Montiel, hace ahora diez años, cuando negaba que se había casado, con ese”¿Pero qué pasa? ¿Pero qué invento es esto?“.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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A la inversa

Es un error. Un error garrafal, imperdonable. Querer tener más, ser más que el otro. Aparte de los rollos nacionales. Por eso estamos donde estamos.

Un país llamado España observa cómo dos de sus buques insignia están siendo absorbidos por sendos países al otro lado del Atlántico. Absorto de que las administraciones de Argentina y Bolivia estén nacionalizando Repsol YPF y Red Eléctrica respectivamente. Estupefacto de ver que a pesar de los esfuerzos diplomáticos no hay nada que pare esa vorágine de “esto es mío a partir de ahora”. Incrédulo, ese gobierno, de que las cosas no ocurren porque sí. Habría que preguntárselo, o quizá es que ¿estamos haciendo lo mismo en este lado del Charco y aún no nos hemos dado cuenta? Lo mismo precisamente, pero a la inversa.
Hay en mente privatizar grandes empresas que se han erigido como estandartes de la soberanía española en los últimos años. No hay dinero, esgrimen los que dicen saber del tema. Bruselas nos machaca. Angela Merkel exige un plan de ahorro para que no entremos en bancarrota: subir el IVA, bajar el sueldo a los funcionarios, rebajar las prestaciones de desempleo y recortar las pensiones. Ea, ahí va eso. Pero, ¿qué hemos hecho nosotros para merecer esto? (Recordando a Almodóvar). Los ciudadanos poco, los gobiernos mucho y mal. Gastar y gastar por encima de nuestras posibilidades, con aeropuertos inservibles y demás “obras civiles”. Y, claro, ahora toca ver las orejas al lobo. Demasiadas casas, demasiados coches, demasiados iPads. Pero poco control en ayudas, mucha permisividad con la evasión de fortunas a paraísos fiscales, demasiado mangui banquero, político y hasta señoritos Reales. En fin… Erre que erre.

Del #reycazado, para otro tema.

Echemos la vista a un lado. Es normal. Privatizamos, y a ver si así podemos salir de ésta haciendo caja. Normal que dentro de poco Renfe deje de operar en bastantes pueblos recónditos de nuestra geografía, y simplemente porque empresarialmente -dirán- no es rentable. O te compras coche, o te quedas en casa. Ya ves. ¿Qué vives en ese pueblo innombrable -de lo largo que es- y deseas recibir correo a diario? Olvídate. Pero lo que es más preocupante. Pronto empezaremos a notar en nuestro bolsillo cuánto nos costará tener que pincharnos (encima en el culo, para mas inri), ponernos una gasa, e incluso cuando te traigan esa bandeja en el hospital te lo tendrás que “comer con patatas”. Y encima comida insípida, oye. O has cotizado toda tu vida, o estás perdido. Lo mejor de todo es que no habrá que no habrá listas de espera. ¡Qué triste!

Y no pegan de darnos golpes por aquí y por allá. Si no son unos, son los otros. La izquierda, la derecha, el centro, los pensamientos retrógados, los avariciosos. En definitiva, los ávidos de poder. Que eso da más dinero y buena reputación.


Casi tres de cada diez personas no tienen trabajo (el 50% de los jóvenes sin curro), los bancos y cajas -esas que se llaman sociales- apenas prestan dinero. Pero está mal que nos quejemos. Quizá no sea para tanto… Uno se harta de escuchar siempre la misma cantinela. Como si tuviésemos todos la culpa.

Al final, va a resultar que los que más tienen, más tendrán. Y los que no, menos podrán heredar. Viva la diferencia de clase, cultural. Si ya se sabía. Mal invento el de la agricultura: esto para tí, esto para mí. Hemos comido de la manzana prohibida. Y ya lo empezamos a notar en la urticaria que nos está dando. Lo peor es que no volveremos a los grados de libertad y de derechos adquiridos nunca más.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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