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Panamá Moix

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El jefe anticorrupción que prefieren los corruptos también tiene una sociedad en Panamá

En un país más normal, Manuel Moix nunca debería haber ocupado la jefatura de Anticorrupción y el episodio panameño debería ser el último antes de su inmediata dimisión

1. El Jefe Anticorrupción al que elogian los corruptos también tiene una sociedad en el paraíso fiscal de Panamá, probablemente para no desentonar con los criminales a los que debería investigar. Manuel Moix y sus tres hermanos son los propietarios de una compañía panameña que es dueña a su vez de un enorme chalet de 500 metros cuadrados con piscina cubierta y más 5.000 de parcela en Collado Villalba, en la provincia de Madrid. La empresa la montaron sus padres y compraron con ella el chalé a través de Panamá, por motivos que nadie ha sabido explicar. Tras su muerte, los cuatro hermanos Moix heredaron la compañía en 2011 y desde entonces la han mantenido en este paraíso fiscal.

2. La noticia la ha destapado este martes Manuel Rico en Infolibre que, antes de publicar, intentó sin éxito conocer la versión de los hechos de Manuel Moix. El fiscal no quiso contestar a sus preguntas, pero sí maniobró para dinamitar la exclusiva con una voladura controlada: filtrándolo de forma incompleta a otro medio, a El Español, que unas horas antes que Infolibre publicó  una versión interesada e inexacta sobre la sociedad panameña de Moix.

3. Según la amable versión de lo de Moix publicada por El Español, los hermanos no sabían del entramado societario panameño de su familia hasta que heredaron. Es completamente falso, porque la hermana mayor de Moix aparece como representante de la compañía panameña cuando se hizo con la propiedad del chalet, en 1988.

4. En El Español también afirman que no han disuelto aún la sociedad panameña porque alguno de los hermanos no puede afrontar los gastos de la liquidación de la compañía. Es otra mentira más. Disolver una compañía cuesta unos 400 euros. Es decir, que en más de cinco años un fiscal, una abogada, una médica y un ejecutivo de un grupo de comunicación –los cuatro hermanos Moix–  han sido incapaces de juntar cien euros cada uno, según esta alucinante explicación.

5. Durante este martes por la mañana, Moix aseguró en la SER que que el lunes por la tarde había llamado al fiscal general del Estado, José Manuel Maza, para avisarle de que esta información sobre su compañía panameña se iba a publicar. Sin embargo Maza dijo a La Sexta casi a la vez que hablaba sobre el tema de Moix que no sabía nada de ese tema y que por eso prefería no opinar. Fue una mentira de Maza, otra más.

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6. Manuel Moix informó a Hacienda de su herencia panameña, pero a la Fiscalía no se lo contó, según ha podido confirmar eldiario.es.  El jefe de Anticorrupción ocultó esta sociedad al órgano que regula las incompatibilidades en la Fiscalía. No es un tema menor porque la actividad empresarial es bastante incompatible con el trabajo de fiscal. Incumplir estas normas puede llevar a la expulsión de la carrera, y hay precedentes similares de fiscales que recientemente han acabado así, también como consecuencia de una herencia.

7. La sociedad panameña de Manuel Moix ha logrado una extraña unanimidad: que  todas las asociaciones de fiscales hayan pedido explicaciones al jefe de Anticorrupción. También la mayoritaria y más conservadora: la Asociación de Fiscales (AF), que fue la única que votó el nombramiento de Moix. Hasta ahora, la AF era su principal respaldo, además del fiscal general. El episodio panameño ha dado una buena excusa a la dirección de esta asociación para recolocarse con el sentir mayoritario de la carrera fiscal, que ha recibido con una mezcla de indignación y estupor cada una de las noticias que rodean al nuevo jefe de Anticorrupción.

8. A última hora del martes, Moix concedió una entrevista en la SER, donde afirmó que disolver la empresa les costaba 90.000 euros y no 400, y que por eso no la cerró. Cuando explicó el detalle se entendió la cifra mejor, porque la mayor parte de esa cantidad tenía que ver con traer la propiedad a España, más que con cerrar la sociedad.

9. En la entrevista Moix también despreció a Infolibre y aseguró que sólo leía “El Mundo, El País y El Español”; que no les había contestado a sus preguntas porque “no preguntaron con educación”. También dijo que no había comunicado nada ante la Fiscalía porque no pensaba que hubiese caído en ninguna incompatibilidad. En una de sus respuestas a Angels Barceló, Moix tuvo un desliz bastante revelador: “Uno no puede tirar una herencia a la basura. Tendrá que aguantarse con la herencia hasta que la pueda legalizar”. Sí, el verbo que usó Moix es “legalizar”.

10. En un país más normal,  Manuel Moix nunca debería haber ocupado la jefatura de Anticorrupción y el episodio panameño debería ser el último antes de su inmediata dimisión.

Y no pasará nada, una vez más.

Por Ignacio Escolar, periodista de eldiario.es

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2º Asalto

Pactar es ceder un poco

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Mariano Rajoy sigue sin contar con ningún apoyo a su candidatura tras unas conversaciones en las que se ha confirmado el distanciamiento del PP con el resto de formaciones, a las que no ofrece medidas concretas

Lo intuyó Dámaso Alonso: Madrid es una ciudad de más de un millón de pactistas, pero sin tradición de pactos. Por eso los pactos no salen. Ya fallaron en la pasada legislatura y, si nadie lo remedia, la situación va camino de repetirse, aunque no a petición del distinguido público. El PP tiene claras las cosas: o se acepta que Mariano Rajoy sea presidente o habrá nuevas elecciones. ¿Qué ofrece a cambio? No se sabe. Dijo, eso sí, que debe haber un gobierno estable, pero se olvidó de explicar las acciones que acometería el ejecutivo para el que pide apoyo parlamentario. Sus portavoces hablan de matizar el programa electoral, e incluso de modificar la ley de educación, aprobada durante los años de mayoría absoluta contra todos los demás partidos y movimientos sociales. Pero eso es ofrecer la piel de un oso que no ha cazado y que no tiene medio de cazar: no puede aplicar su programa electoral porque carece de apoyos suficientes y, aunque Rajoy consiga ser presidente del gobierno, este tendrá que asumir las modificaciones que el Parlamento introduzca en las leyes que aprobó en su día en solitario (solo la laboral contó con los diputados de la entonces CiU). Mientras, visto que en la primera repetición el discurso del miedo a la inestabilidad y a Podemos le permitió crecer en número de diputados, Rajoy ha decidido insistir en la estrategia confiando en atemorizar a los que vieron sus fuerzas disminuidas.

Complicado acercamiento

Hay en la Cámara formaciones más afines a la derecha. En primer lugar, Ciudadanos (que el miércoles daba un giro a su estrategia al anunciar su abstención

El discurso exhibido por el PP hace que el acercamiento a los nacionalistas resulte casi imposible

en segunda vuelta), pero también el PNV o el Partit Demòcrata Català (PDC), que agrupa las cenizas de Convergència. Pero los populares han esgrimido el discurso del españolismo recentralizador con tal vehemencia que el acercamiento a ellos resulta imposible en el caso del PDC y muy difícil con los nacionalistas vascos, sobre todo porque en Euskadi habrá elecciones en otoño. Es cierto que el PNV ha sido siempre un partido de orden y que incluso su primera negativa fue educada, pero el acercamiento a cualquier nacionalismo periférico resulta indigesto para Ciudadanos, único partido que ha cuestionado el cupo vasco. Algo que ni siquiera el PP hace porque, como dijo en campaña el filósofo y candidato jeltzale Daniel Innerarity, “no conviene patear un avispero”.

El socio natural

Así las cosas, el probable aliado del PP es Ciudadanos. Sus dirigentes ya han entendido que su misión es encontrar la vía que facilite prestar sus votos al Partido Popular.Albert Rivera ha aprovechado estos días para trabajarse el discurso de modo que donde dijo que nunca permitiría (ni con el voto ni con la abstención) que Mariano Rajoy repitiera como presidente figure que había dicho todo lo contrario, naturalmente, por el bien de España. El problema es conseguir, como pretende, que le ayude el PSOE (aunque sea absteniéndose), de modo que Ciudadanos no quede como único apoyo a un PP con el que no quiere pactar nadie, entre otros motivos porque los populares no quisieron pactar nada durante los cuatro años en los que no les fue necesario. La insistencia de Rivera en que el PSOE debe colaborar en la investidura de Rajoy hay que entenderla como una acción en defensa propia: si Ciudadanos se convierte en la muleta del PP, con Rajoy al frente, sin compensaciones en una supuesta lucha contra la corrupción, su futuro puede quedar en entredicho. ¿Para qué dos partidos de derechas si el comportamiento es similar?

La papeleta del PSOE

El papel más difícil, sin embargo, es el de los socialistas. Aunque Pedro Sánchez sugiera que no habría terceras elecciones si no hubiera habido segundas, lo cierto es que el PSOE lo arriesga todo, tome la decisión que tome, tras un primer voto (al que Rajoy puso fecha en el 3 de agosto para aumentar la presión) que será necesariamente negativo. El líder socialista dejó muy claro que la obligación de encontrar apoyos para el gobierno del PP es del propio PP y no puede cargar a los demás con la culpa de sus incapacidades. Sánchez reiteró que el voto de los socialistas será siempre negativo, pero no por Rajoy, sino porque el programa del PP es incompatible con el del PSOE. Los socialistas no pueden conceder en modo alguno que Rajoy salga a la primera y solo muy a regañadientes pueden aceptar abstenerse en la segunda votación (o en la tercera, si fuera el caso) si obtuviesen claras contrapartidas que presentar a su electorado. Lo contrario sería el suicidio o la ruptura de un partido que, por otra parte, no está especialmente cohesionado.

Para permitir que Rajoy (u otro candidato del PP) sea el nuevo presidente del gobierno, el PSOE necesita concesiones de los populares. Concesiones de contenido: en educación, por supuesto, pero también en lo relativo a libertades (ley mordaza), en el modelo laboral (cambios en la contratación y en la negociación colectiva), en economía (financiación autonómica, fiscalidad y pensiones) y en asuntos aparentemente menores pero, al final, esenciales para la organización de la convivencia, como acabar con el sometimiento del poder judicial y de los medios de información públicos al Partido Popular.

El PSOE puede aceptar abstenerse solo si obtiene claras contrapartidas para mostrar a sus votantes

Es probable que Ciudadanos exija cambios en la ley electoral y nuevas medidas anticorrupción. En ambos casos podrá contar con Pedro Sánchez y sumar, además, el apoyo de Podemos, a quien los socialistas no querrán dejar el monopolio de la oposición. En el pasado el PSOE podría no haber sido receptivo a una reforma que afecte al sistema de representación electoral, pero tras el susto de las últimas elecciones los tres partidos pueden defender con argumentos una modificación que haga el reparto de escaños más proporcional a los votos reales. Menos partidario será, en cambio, el Partido Popular, gran beneficiado en el presente.

Buscar por esta u otras vías la colaboración de Unidos Podemos es esencial para los socialistas porque si un día quieren gobernar difícilmente podrán hacerlo solos, y no está claro que la derecha piense ayudarles. Nunca lo ha hecho. Por su parte, los partidos nucleados en torno a Pablo Iglesias, pasado el sarampión, tendrán que aceptar que en el Parlamento cabe algo más que el mero no a lo que hagan los otros. Y para eso necesitarán pactar. Los más cercanos y con mayores coincidencias programáticas son los socialistas.

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Asunto sensible

Queda la patata caliente de la reforma constitucional. Rivera ha querido presentarse como el adalid de lo que él llama el “frente constitucionalista”. Eso tiene poco recorrido. Tan constitucionalista es quien defiende que la Constitución no se toque (o se toque poco) como quien propone (Unidos Podemos) modificarla respetando los mecanismos que la propia Constitución prevé. Y esta modificación tendrá que hacerse contemplando el problema territorial que se vive en Cataluña, donde la pasiva indolencia de Rajoy ha sido un maná para el independentismo. Los socialistas (o una parte de ellos) hablan de reforma federal; Unidos Podemos, de una España plurinacional. No todo parecen divergencias. Y también se abre aquí un campo donde exigir gestos al PP a cambio de permitir su gobierno en minoría.

Vistas las cosas, no todo está perdido. Nadie puede imponer sus proyectos a los demás. Queda la vía de la negociación y hasta, quizás, puedan alcanzarse acuerdos.

Por Francesc Arroyo, AHORA SEMANAL

IlustraciónRaúl Arias

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Pobreza energética

Eddy es un ciudadano colombiano que reside en España junto a su familia desde hace nueve años. En todo ese tiempo nunca le había faltado trabajo, hasta que hace un año perdió su empleo y se encontró de forma inesperada con la situación de tener que vivir sin suministro energético dado que los ingresos por desempleo no le alcanzan para pagar las facturas. La empresa energética que le suministraba luz y gas mandó a un técnico a su casa para que le quitase la llave de gas, con el fin de que no tuviese forma de poder conectarlo.

Con la crisis económica se ha acentuado en España este tipo de pobreza hasta ahora ignorada, la POBREZA ENERGÉTICA. Se estima que actualmente el 15% de la población española la padece, y que causa la muerte de 7000 personas cada invierno.

La subida de impuestos, la precariedad laboral y el desempleo son los principales factores que han ocasionado el aumento de esta incapacidad para pagar los servicios mínimos mínimos energéticos y el consecuente corte energético que las empresas están llevando a cabo, a pesar de que con ello se restringe el acceso a las necesidades básicas que hoy en día supone el uso de la electricidad y el gas.

Por César Dezfuli-Freelance Photojournalist

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Barbaridad

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“A ver si lo he entendido, presidente”

Por Arturo Pérez-Reverte

A ver si lo he entendido, señor presidente… Hasta por morirme debo pagar un 21 %… A ver si lo entiendo. Insisto.
Alemania tiene 80 millones de fulanos y 150.000 políticos. España, 47 millones y 445.000 políticos. Sin contar asesores, cómplices y colegas. O en Alemania faltan políticos, o aquí sobran. Si en Alemania faltan, apenas tengo nada que decir. Si en España sobran, tengo algunas preguntas. Señor presidente.
¿Para qué sirven 390 senadores (con la brillantez media y la eficacia política media de un Iñaki Anasagasti, por ejemplo)? Subpregunta: si un concejal de Villacantos del Botijo, por ejemplo, necesita contratar a 15 asesores… ¿Para qué puñetas sirve ese concejal, aparte de para dar de comer a numerosos compadres y parientes?
¿Para qué sirven 1.206 parlamentarios autonómicos y 1.031 diputados provinciales? ¿Sabe usted lo que cobra toda esa gente? ¿Y lo que come? Ese tinglado regional, repartido en diecisiete chiringuitos distintos, duplicados, nos cuesta al año 90.000 millones de euros. Con ahorrar sólo la mitad… Eche usted cuentas, señor presidente. Que yo soy de Letras.
En vista de eso, ¿cómo es posible que el Gobierno de este putiferio de sangüijuelas y sangüijuelos se la endiñe a las familias y no a ellos? Que en vez de sangrar a esa chusma, se le endiñe a la Dependencia, a la Sanidad, a la Educación, a la Cultura, al pequeño comercio? ¿A la gente que de verdad lucha y trabaja, en vez de a esa casta golfa, desvergonzada y manifiestamente incompetente?
A ese negocio autonómico absurdo e insostenible, del que tanta gentuza lleva viviendo holgadamente desde hace más de treinta años. 17 parlamentos, 17 defensores del pueblo, embajadas propias, empresas, instituciones. Negocios casi privados (o sin casi) con dinero público. El único consuelo es que a esa pandilla depredadora la hemos ido votando nosotros. No somos inocentes. Son proyección y criaturas nuestras.
Treinta años engordándolos con nuestra imbecilidad y abulia política. Cuando no con complicidad ciudadana directa: Valencia, Andalucía… Con unos tribunales de Justicia cuando no politizados o venales, a menudo lentos y abúlicos. El golfo, impune. Y el ciudadano, indefenso. Esos políticos de todo signo (hasta sindicalistas, rediós) puestos en cajas de ahorros para favorecer a partidos y amiguetes. Impunes, todos.
Me creeré a un presidente de Gobierno, sea del color que sea, cuando confiese públicamente que este Estado-disparate es insostenible. Cuando alguien diga, señor presidente, mirándonos a los ojos, “voy a luchar por un gran pacto de Estado con la oposición”; “me voy a cargar esta barbaridad, racionalizándola, reduciéndola, controlándola, adecuándola a lo real y necesario”; “voy a desmontarles el negocio a todos los que pueda. Y a los que no pueda, a limitárselo al máximo. A lo imprescindible”; “aquí hay dos autonomías históricas que tendrán algo más de cuartelillo, dentro de un orden. Y el resto, a mamarla a Parla”.
“Y el que quiera entrar en política para servir al pueblo, que se lo pague de su bolsillo”.
Pero dudo que haga eso, señor presidente. Es tan prisionero de su propia chusma político-autonómica como el PSOE lo es de la suya. Ese toque de jacobinismo es ya imposible. Tiene gracia. No paran de hablar de soberanía respecto a Europa quienes son incapaces de ejercerla en su propio país. Sobre sus políticos. Dicho en corto, señor presidente: no hay cojones. Seguirán pagándolo los mismos, cada vez más, y seguirán disfrutándolo los de siempre. El negocio autonómico beneficia a demasiada gente.
Usted, señor presidente, como la oposición si gobernara, como cualquiera que lo haga en España, seguirá yendo a lo fácil. A cargar a una población triturada, con cinco millones de parados, lo que no se atreven a cargar sobre sus desvergonzados socios y compadres. Seguirá haciéndonos aun más pobres, menos sanos, menos educados. Hasta el ocio para olvidarlo y la cultura para soportarlo serán imposibles.
Así que cuando lo pienso, a veces se me va la olla y me veo deseando una intervención exterior. Que le vayan a frau Merkel con derechos históricos, defensores del pueblo, inmersiones lingüísticas, embajadas y golferías autonómicas. De tanto reírse, le dará un ataque de hipo. De hippen, o como se diga allí.
Lo escribía el poeta Cavafis en Esperando a los bárbaros. Quizá los bárbaros traigan una solución, después de todo. Para esto, que nos invadan los bárbaros de una puta vez. Que todo se vaya al carajo y el Sentido Común reconozca a los suyos. Si quedan.
Recristo

Qué a gusto me he quedado esta tarde, señor presidente. Lola acaba de abrir el bar. Esta noche me emborracho. Como Gardel en el tango.. Fiera venganza la del tiempo. Parece un título de Lope de Vega. Un tango adecuado para este pasaje”.

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“si no le gustan mis principios, tengo otros”

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La injusticia universal

Por José María Mena

La justicia universal exige que no queden sin castigo los crímenes más graves contra la humanidad. Los estados deben asegurar que sean efectivamente sometidos a la acción de la justicia los culpables de esos gravísimos crímenes. No debe haber lugar ni tiempo de impunidad ni de perdón para ellos. Este es el espíritu de la jurisdicción universal, plasmado en distintos convenios a partir de la Segunda Guerra Mundial, como expresión de la solidaridad ética y democrática que se pretendía instaurar en el mundo entero.

Con este espíritu se crearon los tribunales internacionales para juzgar los crímenes de guerra y los genocidios de Ruanda y de Yugoslavia en 1993 y 1994. Con este espíritu, en 1998, se firmó el Estatuto de Roma que creó el Tribunal Penal Internacional (TPI) como jurisdicción complementaria de las jurisdicciones nacionales. Los 139 estados firmantes del Estatuto de Roma se comprometieron a juzgar a los responsables, o a aportar pruebas y a entregarles cuando los juzgue el TPI. Pero hay 54 estados miembros de las Naciones Unidas que no han aceptado someterse al compromiso recíproco de la jurisdicción universal. Entre ellos se encuentran China, Estados Unidos, Israel y Rusia.

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España ya había asumido este compromiso internacional en la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985. Su artículo 23.4 permitía que los tribunales españoles juzgaran a los españoles o extranjeros que, fuera de España, hubieran cometido crímenes de genocidio, u otros gravísimos crímenes previstos en Tratados internacionales suscritos por España. Con base en este artículo prosperaron ante la Audiencia Nacional las querellas por los crímenes de Guatemala, y por los de Pinochet. Seguidamente se formularon nuevas querellas contra Israel, por los crímenes de Sabra y Shatila, siendo comandante de la operación Ariel Sharon, en 1982; contra los militares de EE UU por el asesinato de Couso en Bagdad en 2003, y contra los dirigentes chinos por el genocidio del Tibet.

Ante la reacción de los Estados incomodados por la actuación de la justicia española, el Gobierno del PSOE, con el apoyo del PP y de algún otro grupo parlamentario, acometió la primera reforma del artículo 23.4. Desde entonces sólo serían admisibles las querellas si afectaban a intereses españoles. Nuestra ejemplar solidaridad con las víctimas sin vínculos con España quedaba enterrada. Ya lo dijo Groucho Marx, “si no le gustan mis principios, tengo otros”. El 15 de Octubre de 2009, el mismo día en que el presidente Zapatero debía ser recibido en Tel Aviv, se publicaba en el BOE la reforma que impedía la persecución de los crímenes de Sabra y Shatila.

El asunto de China siguió su lenta pero implacable tramitación, impulsada por un querellante de origen tibetano pero nacionalizado español. En este caso, por lo tanto, el requisito de vinculación del delito con intereses españoles estaba cumplido. Cuando, en noviembre de 2013, la Audiencia Nacional ordenó el procesamiento y la busca y captura internacional contra Jiang Zemin y Li Pen, expresidente y exprimer ministro de China, el gobierno español, según dicen, percibió la gravedad de la irritación oriental.

Con más celeridad, si cabe, que en el asunto de Israel, se improvisó una nueva reforma del artículo 23.4, que quedaba cocinada en enero de 2014, por el trámite de urgencia. El PSOE no la apoyó. El diputado del PP Castillo Calvín echó en cara “a los señores socialistas cómo se gestó la reforma del 2009 como ley complementaria de la ley de reforma de la oficina judicial”, con la que, obviamente, no tenía nada que ver. Y también les recordó que con esta trampa parlamentaria el Gobierno socialista en 2009 había evitado la lentitud de pasar por la aprobación del Consejo de Ministros, y los riesgos de los informes del Consejo del Poder Judicial y del Consejo de Estado. Todo ello con la aquiescencia y la complicidad del PP, que ahora reprocha al PSOE que no esté a la recíproca. O sea, que si ambos fueron tramposos cuando lo de Israel, ahora, con lo de China, unos son reincidentes, y los otros desmemoriados, y desagradecidos.

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Con la nueva reforma, aquellos gravísimos crímenes, cometidos fuera de España, ya sólo se podrán perseguir en España si los extranjeros que los hayan cometido viven habitualmente en España. Los dirigentes chinos quedan excluidos. Incluso podrían venir de vacaciones impunemente. El diputado Castillo menospreció en el Congreso a “la justicia quijotesca que buscando remediar las injusticias no consigue resultado alguno”. Es la declaración de la injusticia universal. Ciertamente no sería probable concluir el proceso con un juicio y una pena. Pero la orden internacional de captura, y el proceso, con la publicidad de sus pruebas, tienen la carga de un reproche ético y democrático de trascendencia mundial. Esto es lo que irrita a los poderosos imputables, y provoca tramposas celeridades de reformas “a la carta”. Es la inmensa fuerza disuasoria de de la justicia universal.

José María de Mena Álvarez es el exfiscal jefe del TSJ de Catalunya

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La Mujer

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¿Cómo llegar a la mitad?

Por Violeta Assiego

Tres hombres encabezan la lista de las personas más poderosas del mundo: Vladimir Putin, presidente de Rusia; Barack Obama, de EEUU; y Xi Jinping, de China. La lista Forbes nombra cada año a los más poderosos, uno por cada 100.000 habitantes. Este año la forman 72 nombres entre los cuáles se encuentran los de 9 mujeres: Ángela Merkel (5), Dilma Roussef (20), Sonia Gandhi (21), Christine Lagarde (35), Park Geun-hye (52), Virginia Rometty (56), Margaret Chan (59), Jill Abramson (68) y Janet Yellen (72). La representación de mujeres en el 2014 (12 %) ha sido más alta de las hasta ahora publicadas. Una cifra significativamente superior a la del año 2009 cuando se publicó la primera lista y solo aparecían 4 mujeres, el 4% de las personas que en aquella ocasión se mencionaron.

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Victoria Kent tomando posesión de su puesto como Directora General de Prisiones en mayo de 1931. Fue la primera mujer nombrada directora. Imagen del documental ‘Las maestras de la República’ 
 

Este no es el único listado en el que la representación femenina no se corresponde al número de mujeres que hay en la población mundial. La primera semana de enero el periódico El Mundo dio a conocer su particular listado de los personajes españoles más influyentes del año 2014Entre los diez primeros nombres encontramos los de dos mujeres, y entre los cien primeros los de 20 representantes del género femenino. Un porcentaje (20%) alejado de la llamada democracia paritaria que —en palabras del Plan Estratégico de Igualdad de Oportunidades— significa “una representación equilibrada de hombres y mujeres del 60%-40% o, lo que es lo mismo, que ninguno de los dos sexos supere en representación el 60%”.

Tampoco se alcanza la paridad entre los altos cargos de la Administración del Estado y sus órganos públicos. Y aunque el total de efectivos de la Administración General del Estado está formado por un 49 % de hombres y un 51 % de mujeres, estas no representan ni el 23% de los altos cargos del Estado. El recién publicado informe de seguimiento al Plan de Igualdad dentro de la Administración del Estado —que fija la paridad laboral en el 40% de presencia femenina— subraya este y otros datos como señales evidentes de las dificultades que tiene las mujeres para recibir un trato igual en el desarrollo de su carrera profesional en la función pública.

Aunque tampoco en el mundo empresarial se logran superar los obstáculos que frenan el desarrollo profesional de las mujeres. Por ejemplo, en las empresas que forman el Ibex 35  la presencia de las mujeres en los Consejos no representa ni el 13%, datos del 2013 elaborados por IESE. Destaca especialmente el que haya cuatro compañías, de las 31 empresas, que no cuenten con ninguna mujer en sus máximos órganos de Administración: Endesa, Gas Natural Fenosa, Sacyr Vallehermoso y Técnicas Reunidas. La Comisión Europea recientemente ha propuesto que al menos el 40% de los puestos no ejecutivos de los Consejos de Administración sean ocupados por mujeres para 2020. Parece que —aun quedando lejos la meta— no es imposible alcanzarla cuando hay mujeres cualificadas más que suficientes.

Prestar atención a este tipo de datos no es fruto de una inusitada ambición de las mujeres por ocupar los puestos de poder. La lectura es más bien la contraria. Este tipo de información refleja con claridad cuál es la estructura social en la que se asienta el papel de la mujer. Las mujeres –que representan más de la mitad de la población mundial- sufren habitualmente un trato discriminatorio y estereotipado que obstaculiza y traba –no solo su carrera profesional, a la que muchas no llegan ni a tener acceso- sino su desarrollo como persona, su acceso a los derechos humanos más básicos y su libertad. Ese trato desigual —impregnado de desequilibrios— tiene un origen cultural y social, el mismo que motiva que haya un número desproporcionado de mujeres que sufre violencia y pobreza. De ahí la importancia de que haya repuestas políticas y sociales que tengan incidencia en la esfera pública y en la privada y que velen por la igualdad en todos los ámbitos donde la mujer se puede, quiere y debe desarrollar, también en su carrera profesional.

Casi a modo de curiosidad pero no exento de preocupación, hay otro dato similar que confirma esa falta de paridad. La curiosidad está en que precisamente se da en la lista —del periódico El Mundo— sobre las 25 personas más influyentes del “Poder Alternativo”. Entre estas —pertenecientes a las ONG, asociaciones y entidades con fines sociales— solo encontramos a 7 mujeres. Un porcentaje (28%) muy poco representativo de la verdadera presencia de la mujer en este ámbito de actuación, y que da motivos para pensar que también en un sector tan sensible a los más vulnerables se atribuye una mayor importancia a las características del hombre que a las de la mujer. Cuando menos da qué pensar y cuando más, para actuar. Hay mucho por hacer, eso está claro.

Assiego es abogada y activista. Especialista en Vulnerabilidad Social y Discriminación. Conferenciante, analista, docente y colaboradora en diferentes organizaciones desde una perspectiva de derechos.

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Nacionalismos, movida de ficha

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Lo que no se quiere oír sobre Cataluña

El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño

Por César Molina

Hay cuestiones de fondo sobre Cataluña que no se quieren oír y, mucho menos, escuchar. No puedo obligar a nadie a escucharme pero, al menos, voy a intentar hacerme oír. En este artículo quiero aportar cuatro reflexiones sobre Cataluña y sobre la relación de Cataluña con España. Bien a un lado del Ebro, bien al otro o bien a los dos, estas cosas no se quieren oír. En primer lugar discutiré el “hecho diferencial” catalán desde la dialéctica Norte-Sur en la Europa actual. El problema del encaje de Cataluña en España, como el de Lombardía en Italia, es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. A continuación caracterizaré a Cataluña como una sociedad compleja aún vertebrada por una mentalidad menestral cuyas raíces se remontan a la baja Edad Media. Cataluña se desarrolló y llegó a ser lo que es gracias al decreto de Nueva Planta de 1714, no a pesar de él. En tercer lugar argumentaré que el contencioso Cataluña-España oculta otro contencioso entre catalanes que tiene importantes consecuencias para la sociedad catalana. A España y a Cataluña les irá mejor juntas que separadas si consiguen un acuerdo de convivencia que potencie el futuro de ambas. Por último daré unas pinceladas sobre qué hacer en la situación actual. Mis argumentos surgen de consideraciones geográficas e históricas que considero razonables.

LOS CATALANES, EUROPEOS PATA NEGRA

Los catalanes son europeos desde el siglo IX. A eso, en castellano, se le llama ser pata negra. El concepto actual de Europa nació con Carlomagno, cuya capital Aquisgrán dista solo un centenar de kilómetros de las actuales capitales de la Unión Europea Bruselas y Luxemburgo. Esta coincidencia geográfica no es casual. Robert Kaplan señala en su reciente libro La venganza de la geografía que la columna vertebral de Europa sigue estando en la diagonal que va del Canal de la Mancha a los Alpes, ruta de comunicación principal del imperio franco. En ese mapa, carolingio y actual, Cataluña ocupa una situación peculiar. Desde finales del siglo VIII fue parte de la Marca Hispánica, zona defensiva entre el Imperio y Al-Ándalus que, según Vicens Vives, se caracterizaba no por ser una fortaleza de montaña sino por ser un corredor protegido por montañas. Este carácter de corredor y de portal de la península Ibérica hacia Europa ha conformado, para Vicens, el europeísmo distintivo de la mentalidad catalana y su “permanente éxtasis transpirenaico”. Esta mentalidad y este éxtasis constituyen, en mi opinión, el llamado “hecho diferencial catalán”.

Tony Judt se refiere repetidamente a Cataluña en su ensayo de 1996 ¿Una gran ilusión? Judt establece un paralelismo entre las regiones europeas de Baden-Württemberg, Rhône-Alpes, Cataluña y la antigua Lombardía carolingia, autodenominadas los Cuatro Motores de Europa en un acuerdo que firmaron en 1988. Son regiones prósperas, ninguna de las cuales incluye a la capital del Estado, que se consideran culturalmente más próximas entre sí que con otras regiones de sus respectivos países. Según Judt se sienten europeas, pagan sus impuestos, están mejor educadas, tienen una ética del trabajo y una industriosidad que no comparten otras regiones de los Estados a los que pertenecen —regiones a las que se ven obligadas a subvencionar— y tienen poco peso en la toma de decisiones de sus gobiernos. Como señala Kaplan, son regiones “norteñas, que no se sienten identificadas con las que creen regiones atrasadas, perezosas y subsidiadas del sur mediterráneo”. Vicens Vives nunca lo hubiese escrito tan crudamente. El problema del encaje catalán en España es el del encaje de un pueblo norteño en un país sureño. Es un problema de muy difícil solución, agravado por la ausencia histórica de un Cavour catalán que impulsase un proyecto nacional capaz de integrar a los demás pueblos de la Península. Es un problema que se arrastra desde hace siglos y que no se arreglará ignorándolo o negándolo.

Una anécdota del ya centenario Swann ayuda a entender quién es qué en la relación con Europa. Unos parvenus amigos suyos habían tenido la ocurrencia de contratar a unos aristócratas arruinados para ponerlos de porteros en su mansión. Swann se lo desaconsejó, advirtiéndoles que las visitas de calidad nunca pasarían del portal. En el debate sobre la integración en Europa de una Cataluña independiente, los independentistas tendrían todo que perder si el debate se situara en el terreno de la estricta legalidad de los Tratados, pero tendrían todo que ganar si se situase en el terreno de la legitimidad, es decir, si el debate fuese sobre quién es el parvenu. Lo más probable es que la discusión se sitúe, llegado el caso, en un punto intermedio entre las dos alternativas. Lo que desde Madrid se ve como un problema jurídico es, en realidad, un problema político en el que las autoridades españolas pueden llevarse más de una sorpresa. Quizá sea útil recordar, como precedente, la alfombra roja que se puso a otro pata negra europeo, la también carolingia Eslovenia, para su integración en la Unión Europea y en el euro en un tiempo récord. O la posición europea sobre el corredor mediterráneo.

UNA MENTALIDAD MENESTRAL

Sigo con Vicens Vives, buen conocedor de los catalanes. Y sigo con su ensayo Noticia de Cataluña, que debería ser leído y releído con mucha atención tanto al norte como al sur del Ebro. Para Vicens lo más distintivo de la mentalidad catalana, junto a su europeísmo, es su carácter menestral. La menestralía, con fuerte presencia ya en la Cataluña del siglo XIII, es “una mentalidad más que una situación, un concepto de la vida más que una forma de ganársela”. Surge de la “gente de gremio, pueblo menor, hombre y herramienta”. Los menestrales “acabaron ocupando un lugar entre las minorías dirigentes del país, desde el que difundieron el espíritu originario de clase: la dedicación al trabajo, la inclinación práctica de la vida y la limitación de horizontes” y “constituyeron la reserva humana y social de Cataluña, la plataforma sobre la que iban a montarse los siglos XVIII y XIX”. La mentalidad menestral sigue articulando hoy en día una sociedad catalana que, a pesar de su complejidad actual, se sigue reconociendo en el trabajo entendido no como “castigo divino” sino como “signo de elección” y sigue mostrando una característica falta de ambición en su proyección hacia el mundo exterior.

El feudalismo catalán, surgido dentro del imperio carolingio, tuvo muy poco que ver con el del resto de la Península. Fue mucho más robusto y “europeo”, y creó unas instituciones que, en lo esencial, perduraron hasta principios del siglo XVIII. Hasta el 11 de septiembre de 1714, para ser más precisos. Cuando Ortega achaca la anomalía histórica de España a la anomalía de su feudalismo y a la baja calidad de los godos que la invadieron, se olvida del caso catalán. Las instituciones medievales franco-catalanas fueron solidísimas, hasta el punto de poder asimilar la mentalidad menestral sin cambiar sustanciándote, porque la menestralía encajaba bien en el corporativismo de la época. Pero esa solidez institucional, en ausencia de un monarca absoluto que la pusiera en cuestión para afirmar su propio poder, fue la causa principal del estancamiento y declive de Cataluña desde mediados del siglo XV hasta principios del XVIII. Este declive fue tanto económico como cultural. Por poner un ejemplo de cada, ambos apuntados por Vicens, si Cataluña no se aprovechó del comercio con América hasta el siglo XVIII fue por falta de ambición y de emprendimiento, no porque tuviese ningún impedimento legal para hacerlo. Se aprovechaban los genoveses, portugueses, franceses, holandeses… pero no los catalanes. En el ámbito cultural, los siglos XVI y XVII, siglos de oro del castellano, el inglés y el francés, fueron un desierto para el catalán. Aherrojada por sus instituciones medievales, respetadas hasta por el Conde-Duque de Olivares, Cataluña dormitó durante dos siglos y medio hasta que un Borbón, Felipe V, precipitó el cambio y la empujó hacia la modernidad. ¿Qué hubiera pasado si en vez del Borbón hubiese ganado la guerra el Habsburgo? A mí me parece probable que Cataluña, constreñida por sus instituciones, se hubiese perdido la revolución industrial. Cataluña se desarrolló gracias al decreto de Nueva Planta, no a pesar de él.

La mentalidad menestral —trabajo, sentido práctico de la vida y limitación de horizontes— ha vertebrado Cataluña durante cinco siglos y sigue siendo la más relevante hoy en día. Esto es particularmente cierto para el independentismo catalán actual. Menestrales son la monja Forcades, Carme Forcadell y Oriol Junqueras, todos ellos en la versión casa pairal. En versión pro domo mea, menestrales son Jordi Pujol y Artur Mas, entre muchos otros. El denominador común de la menestralía es la nostalgia de un medioevo idealizado, el gusto por una fuerte regulación de la sociedad y de la actividad económica —de lo que es buena muestra el Estatuto catalán en vigor, con sus 223 artículos y 152 páginas— la limitación de horizontes y la falta de ambición para proponer un proyecto capaz de integrar a todos los catalanes y, también, a todos los españoles. El modelo de sociedad del independentismo menestral parece inspirado en el pueblo de loshobbits.

Sin embargo, proyectos ambiciosos de catalanizar España construyendo una sociedad moderna basada en el trabajo existieron en las segunda mitades de los siglos XVIII y del XIX. Relata Vicens cómo, en la primera circunstancia, se produjo una auténtica diáspora de catalanes por tierras de la antigua Corona de Castilla, colonizando Sierra Morena, renovando las artes de pesca en Galicia y Andalucía, estableciendo sus oficios en las ciudades de la meseta… Ilustrados como Campomanes soñaron con transformar España adoptando instituciones catalanas. En el siglo XIX “Cataluña predicó a las otras Españas el evangelio de la redención por el trabajo” para conseguir el resurgimiento económico y la industrialización. El fracaso de estos intentos provocó el retraimiento de los catalanes, que todavía dura, su aversión a participar en el gobierno del Estado tanto a nivel político como burocrático, que también perdura, y el fortalecimiento de la mentalidad menestral ante la quiebra de alternativas más ambiciosas.

cataluña necesidad

CATALUÑA Y ESPAÑA SE NECESITAN

Tanto España como Cataluña necesitan desesperadamente un proyecto nacional. Como he recordado en otras ocasiones, para Ortega una nación es un proyecto de futuro con capacidad integradora. Ese proyecto no lo tienen ahora mismo ni España ni Cataluña. En el primer caso no hay proyecto para afrontar la cuádruple crisis —económica, institucional, territorial y moral— que tiene gripada a la sociedad española. El régimen político de 1978 está basando su supervivencia en la táctica del avestruz, negando las crisis para no tener que hacer ningún cambio significativo. Si no cambia de actitud, durará poco. En el caso catalán el único proyecto político explícito es el independentista. En cierto modo, también es una manera de negar una crisis que afecta a Cataluña de manera muy parecida a la del resto de España. En cualquier caso, el proyecto independentista no es un proyecto integrador puesto que divide profundamente a la sociedad catalana en dos partes de tamaño similar y de convivencia complicada. No es, por tanto, un proyecto nacional, al menos en el sentido que le da Ortega a este término.

España necesita a Cataluña por dos motivos, uno en negativo y otro en positivo. En negativo, porque la ruta previsible del presente conflicto territorial lleva a una bunkerización de posiciones en España y en Cataluña que será la excusa perfecta para que la clase política no aborde ninguna de las reformas imprescindibles para afrontar con éxito los retos del siglo XXI, en particular la mejora del capital humano necesaria para evitar la proletarización de la sociedad española en la economía global. En positivo, porque la gran asignatura pendiente de España es la adopción de una cultura del trabajo como opción de realización personal y no como castigo divino. Eso lo hizo Cataluña hace muchos siglos y la emulación con Cataluña en una casa común puede ser un estímulo importante para que España consiga hacerlo.

Cataluña necesita a España también por dos motivos y también hay uno en negativo y otro en positivo. En negativo Cataluña necesita a España por una razón simétrica a la del párrafo anterior. Las reformas que hay que hacer en Cataluña son similares a las que hay que hacer en el conjunto de España, empezando por la de la clase política. La bunkerización conduce a no hacerlas y a culpar al adversarios de todos los males propios. Además, una confrontación creciente deja al independentismo como único proyecto político posible y eso tendría efectos divisivos muy grandes para la sociedad catalana. Lo que ahora se presenta interesadamente como una confrontación entre Cataluña y España se revelaría como una confrontación entre catalanes en la que los que ambicionan pensar y actuar “en grande” en mundo globalizado quedarían marginados. En positivo, Cataluña necesita ambición. Necesita que sus grandes empresas se hagan mucho mayores y se globalicen. Al contrario que Baden-Württemberg o Rhône-Alpes, Cataluña no tiene grandes empresas con proyección global y no las tiene por falta de ambición, no porque esté oprimida o expoliada. España, cuyas grandes empresas son globales, tiene la ambición que a Cataluña le falta. La emulación con España en una casa común puede ser un estímulo importante para que Cataluña consiga hacerlo.

QUÉ HACER CON CATALUÑA

Por las razones aducidas en el epígrafe anterior, el debate sobre qué hacer con Cataluña sólo tiene pleno sentido en el marco más amplio del debate sobre qué hacer con España. Ahora bien, si este último debate no pudiera tener lugar, porque la clase política se negase a ello, o si fracasara el intento de construir un proyecto de futuro atractivo para los españoles, lo mejor que podrían hacer los catalanes es soltar lastre y plantearse el debate por separado. Por lo dicho hasta aquí, tampoco está claro a priori que a nivel catalán pudiera consensuarse un proyecto integrador y ambicioso pero, en mi opinión, estaría justificado intentarlo.

La actual discusión sobre Cataluña, restringida a dos interlocutores bunkerizados, sólo sirve para disimular tras las respectivas banderas la falta de proyectos nacionales a nivel español y catalán. El Gobierno de España considera la cuestión catalana como un problema estrictamente jurídico, no halla lugar en la Constitución para autorizar una consulta y no ve necesario ni conveniente tomar ninguna iniciativa política para proponer un nuevo encaje de Cataluña en la casa común. Los catalanes deben conformarse con lo que hay y, además, resignarse a una ofensiva recentralizadora y “españolizadora”. Por otra parte, el independentismo catalán, encabezado por el Gobierno de la Generalitat, acelera un plan para proclamar unilateralmente la independencia en algún momento de 2015. El choque de trenes parece muy probable, porque ambos gobiernos esperan sacar grandes réditos políticos del conflicto en el corto plazo, que es el único horizonte que parece importarles. Si el choque se produce, la independencia de Cataluña será prácticamente inevitable, a pesar de que irá en contra del interés general de los catalanes y de todos los españoles.

Es necesario superar esta situación. El contencioso no debe dejarse en las solas manos de quienes no tienen ningún interés en resolverlo. La sociedad civil debería tener un papel mucho más activo, impulsando los necesarios debates —que van mucho más allá de independentismo sí o independentismo no— y dando mucho más protagonismo a la ambición en los proyectos de futuro. La clase política no está por la labor. Las grandes empresas y las personalidades del mundo económico catalán deberían hacer oír su voz con más fuerza, con el pluralismo que ello entraña, y lo mismo deberían hacer las del resto de España. Madrid y Barcelona son, junto con Milán, las grandes concentraciones humanas, económicas e industriales del sur de Europa. Un eje de cooperación a todos los niveles entre las dos grandes ciudades españolas es necesario para complementar y contrapesar a la gran Banana Azul europea, que tiene su extremo sur en la ciudad del Po y termina por el norte en Liverpool.

fly

No parece haber nadie en el mapa político que asuma la idea de España como nación de naciones para reconstruir sobre ella la casa común. A mí me parece que ya es demasiado tarde —no lo era hace cuatro años— para intentar una reforma federal de la constitución. Hay que ser más ambiciosos y la sociedad civil también tiene que tener un papel decisivo en este debate. No bastan albañiles: se necesitan arquitectos para evitar que se nos caiga la casa encima.

César Molinas, es economista y matemático.

Ha escrito Qué hacer con España

IlustraciónRiccardo Guasco y Emiliano Ponzi

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Bakerantza

prison peace

De paz por presos, a paz por nada

Por José María Calleja

Hubo un tiempo, primeros noventa, en el que los presos de ETA reivindicaban su derecho a cumplir íntegras sus condenas. Un tiempo de grasiento dominio de lo colectivo, en el que las soluciones individuales eran traición. Un tiempo de calor de establo, cuando creían aún en la victoria, y los presos de la banda soñaban con una amnistía triunfal y para todos a la vez.

Los abogados de la banda decían a los presos que se negaran a acogerse a las vías individuales de redención de penas, que les hubieran puesto en la calle sin agotar la condena. El miedo que ETA sembraba en toda España a base de asesinatos, también paralizaba a los presos disidentes, que no se atrevían a salir del rebaño por temor a que la banda les asesinara —como le ocurrió a Yoyes— o por miedo a sufrir rechazo social al volver al pueblo, unidad de medida de pureza revolucionaria.

Si en los años noventa un miembro de la banda hubiera dicho que los presos de ETA tenían que reconocer el daño causado, asumir la ley penitenciaria de un Estado calificado por ellos como opresor, romper el colectivo de presos y recorrer una vía individual pequeño-burguesa para acogerse a los beneficios penitenciarios y salir a la calle, los mismos que hoy han reconocido todo lo anterior, le hubieran asesinado.

La historia de la banda terrorista ETA es la historia de una organización que se ha pasado la vida matando y llegando tarde. Matando también a los miembros de la propia banda (asesinato de Pertur) que llegaron con antelación a las conclusiones en las que hoy están los que han hecho durante años del asesinato una forma de vida.

Kepa Pikabea —24 asesinatos, dos secuestros, 30 años de cárcel en su currículum, expulsado de la banda—, reconoce que la estrategia de asesinar ha sido “inhumana y cruel” y que “hemos cometido muchos actos contra la dignidad humana”. (La luz al final del túnel– ‘Bakerantza’, documental de Eterio Ortega). Al final, cuarenta años de crímenes, secuestros, extorsiones, siembra de odio y miedo, no han servido para nada, decimos cada vez más.

Es duro el balance político y el balance personal. Después de asesinar a diez, quince, veinte personas, después de pasar más de media vida en la cárcel, se llega a la conclusión de que todo eso no ha servido para nada, de que Euskadi podría estar en el mismo nivel político que tiene hoy sin haber apilado casi mil cadáveres.

La reciente declaración del colectivo de presos etarras supone un certificado explícito de la derrota de la banda. Dos años después de que la dirección de ETA anunciara, en octubre de 2011, que no se producirían más asesinatos y asumiera su derrota, lo hacen ahora sus propios presos. Posiblemente, esta declaración se produce también porque hoy la banda esta encarcelada y solo unas decenas de etarras están en la calle, esperando a ser detenidos.

ETA ha pasado, en pocos años, de negarse a aceptar paz por presos, porque exigía la independencia y creía que la lograría doblegando al Estado, a la paz sin libertad para los presos. Medio millar de miembros de ETA siguen en la cárcel sin que ETA haya logrado ni uno solo de sus objetivos. Ni uno.

En unos años hemos pasado del Amnistia Osoa (Amnistía total), al “sálvese quien pueda” de las medidas individuales, a una reinserción que se promueve y que ya no se califica de traición. Lo colectivo ha dejado paso a lo individual. Todo ello sin la menor concesión política por parte del Estado. Todo ello sin haber logrado ni un solo punto de la manida alternativa KAS, los mandamientos por los que ETA asesinaba —¿se acuerdan?— y que ahora ni los propios etarras se atreven a mentar para no caer en el ridículo.

A la otrora denominada “vía armada”, reclamada con orgullo por generaciones de etarras como necesaria, urgente y revolucionaria, se la despacha ahora con un escueto “método” que, si bien no reconoce la dimensión del destrozo, huye de la retórica liberadora y asume implícitamente el fracaso.

ETA presos map

Lo que hizo ETA (p-m) en los años ochenta: negociar la vuelta a España de sus integrantes, organizar la rendición, incorporarse a la política renunciando a usar la violencia, —todo ello sin haber alcanzado ni uno solo de sus objetivos—, lo está haciendo ahora ETA (m) ¡con treinta años de retraso! Con treinta años de retraso y después de haber ensangrentado el país. Este es su nefasto balance. No deja de ser significativo que Arnaldo Otegi, que fue de ETA p-m, esté ahora proponiendo el fin de la violencia desde la cárcel.

Estamos a un rato de que ETA entregue sus armas, un gesto que tendrá un efecto simbólico y supondrá otro reconocimiento de la liquidación por cese del negocio de matar. Será otro certificado más que acreditará, como lo ha hecho el comunicado de los presos, que ETA se rinde sin conseguir ni uno solo de los objetivos por los que hace más de cuarenta años empezó a asesinar. Será otro gesto que acreditará el final de la violencia, un paso más en una banda que, después de cuatro décadas de asesinatos, solo ha conseguido muerte, terror y sufrimiento.

TXORIA TXORI

Hegoak ebaki banizkio
nerea izango zen,
ez zuen aldegingo.
Bainan, honela
ez zen gehiago txoria izango
eta nik…
txoria nuen maite

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habría escapado.
Pero así,
habría dejado de ser pájaro.
Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro

Música- Mikel Laboa y El Orfeón Donostiarra

Ilustración- Emiliano Ponzi

Humor- Peridis

eta rajoy

+ info- en Euskadi en PAZ

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Stupid Paro

man bird

 

El bote del desempleo ya supera los cinco millones. La generación que va a entrar en el mercado laboral se verá abocada a marcharse o a acceder en condiciones penosas. La generación que alcanza ahora su madurez laboral perderá lo mejor de su vida intentando recuperar sus niveles de renta. La generación que se encamina hacia el final de su vida laboral, saldrá del mercado a precio de saldo. Bueno para los negocios y la patronal. Malo para la economía y el país.

El paro supone un desastre económico, pero sobre todo implica un desastre social. El coste no se limita solo a la dimensión económica. Se distribuye a través de la confianza en las instituciones, el capital social o la calidad de la democracia. Si el sistema no se ocupa de sus problemas, cuando la red social de subsistencia no aguante más, mucha gente acabará buscando algo o alguien que sí lo haga.

Mientras, el gobierno solo tiene ojos para el déficit y solo tiene un relato y un mensaje en la boca: austeridad. En sus discursos habla del empleo como la gran prioridad, pero en sus políticas la creación del empleo va la última de la lista. Cuando todo lo demás se haya arreglado, entonces nos ocuparemos del paro.

En frente, la oposición mayoritaria se pierde en un discurso paralelo donde ofrece lo mismo que el PP, pero mejor, una especie de “austeridad con rostro humano”. Se puede crear empleo y reducir el déficit, dicen. No es cierto. O déficit o empleo. O devolver las deudas ahora, o crecer para devolverlas cuando se pueda. Sin un discurso alternativo, no puede haber alternativa.

Solo hay un parado que preocupa de verdad al Partido Popular y al gobierno: Luis Bárcenas. Por él, se hace lo que sea. Desde una simulación en diferido a una conexión en directo. Si al ejecutivo le preocupasen tanto los derechos y oportunidades de los otros parados, seguramente nos iría a todos mucho mejor.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Vivir por encima de…

Solo hay dos futuros para Europa y cualquiera de los dos llegará pronto.

O Alemania quita el freno de mano y permite una verdadera unión económica que garantice la solvencia de los países miembros y de sus sistemas financieros; o el euro se rompe, vuelven la peseta, el dracma, la lira y el marco, con unas consecuencias durísimas para todos, también para el estado germano.

Hace falta que los países del sur cumplan con sus cuentas públicas, pero también una Europa solidaria con un Tesoro común que proteja al euro: el que circula en Berlín y el que guardan en el colchón los aterrados atenienses. No queda ya ni mucho tiempo ni muchas más salidas. Si Alemania no permite otras políticas, tras el fracaso del rescate parcial a España viene el rescate completo.

Y tras España, la siguiente en caer es Italia.

Un dosier para Merkel y Lagarde

Por Elvira Lindo

Hace tres años escribí en esta misma columna en la que estoy sentada (si me pusiera en pie, daría un mitin) que antes de la crisis yo tiraba las páginas ocres de los suplementos de economía a la papelera. Despeluchaba el periódico como se despelucha un pollo antes de llegar a casa. Exageraba, como pueden imaginar, pero detrás de cada exageración se atisba la verdad, y lo cierto es que las páginas de economía me daban pereza. O perezón, que describe mejor la galbana dominguera. Llegó la crisis, y una se sentó, como se sentaron muchos de ustedes, pertrechada con las gafas de ver (como antes se decía) para ilustrarme sobre lo que nos estaba pasando y sobre lo que nos quedaba por pasar. En un principio me sentí motivada, por aquello de que la dichosa manía de racionalizarlo todo conduce a pensar que la información es el primer paso para el hallazgo de soluciones, pero una vez que los analistas nos han dejado claro que los economistas llevan camino de encabezar el ranking de diagnósticos garrafales y predicciones incumplidas, y una vez que se nos ha contado que algunos de ellos, muy notables, han sido cómplices de la situación en la que nos encontramos aliándose con la perversión financiera, ya no leo las páginas ocres con el ansia de encontrar información que incluya un halo de esperanza; todo lo contrario, lo que siento yo, lo que usted siente, es zozobra y temor. Incluso los artículos del laureado

Krugman me han empezado a dar susto: aun estando de acuerdo con él en lo esencial, que las sociedades ahogadas por las deudas no tienen posibilidad de recuperación, me espanta cada vez que le leo la palabra corralito, y pienso que, sabiendo como él sabe que esta puñetera economía se basa en la confianza y en la especulación, amenazar con corralitos es añadir tres barrotes a la valla en la que podríamos vernos acorralados. Un amigo economista me decía el otro día que los premios Nobel son muy peligrosos, por cuanto provocan demasiada fe en los lectores. Digo yo que entre el catastrofismo de Krugman y el optimismo insensato que mostró Rajoy cuando le concedieron el ya denostado préstamo tiene que haber un clavo ardiendo al que agarrarse.

En los últimos tiempos procuro centrarme en la sección de Sociedad. Al menos me informa de cómo afecta a los seres humanos la puñetera economía. Inmigrantes que han de regresar a su país de origen porque pierden el trabajo, desahucios, comedores de Cáritas, niños que sufren el paro de sus padres, familias que viven de la pensión de los abuelos, abuelos que tienen que abandonar la residencia y volver a casa, jóvenes que regresan a la casa paterna, trabajadores interinos de hospitales que se quedan sin trabajo a los cincuenta años, profesores interinos que han de abandonar una escuela pública que ve aumentar su ratio de alumnado por clase. Todo eso a diario. Para entender esa realidad no hace falta tener formación de economista ni trabajar en un organismo europeo. “Esto es simple, querida, como un globo de luz del hotel en que vives”, como decía el poeta González Tuñón. Deberían guardarse convenientemente todas esas historias y archivarlas en una carpeta, clasificadas por países, según el orden de intervención: Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España. Los países castigados. Y una vez que estuvieran recogidas esas penurias individuales que expresan tanto de las consecuencias de este puñetero martirio económico, le mandaría el dosier a personas como Christine Lagarde, directora del FMI, que debe de observar desde muy lejos el desamparo en el que se encuentran muchas familias europeas del sur como para atreverse a decir que hemos de reservar la piedad para los niños africanos. O a Angela Merkel, en la que no conviene personalizar la decisión de este castigo, puesto que ella obedece a una ideología concreta, o a una idea respaldada por muchos: los países mediterráneos solo aprendemos la letra cuando nos la inculcan con sangre.

Son muchas las ocasiones en las que he escrito sobre el despilfarro español. Tantas como para que no se me pueda acusar de defender ahora lo que sin duda fue un disparate económico. Basta con salir al extranjero, pisar un aeropuerto de una ciudad europea y compararlo con la T-4 para percibir cómo el gasto en España ha sido irritante. También he defendido que la austeridad debe llegarnos a todos y que debemos enseñar a nuestros hijos de una vez por todas que los derechos no existen sin deberes. Hay que aprender a vivir de otra manera, sabiendo lo que cuesta un curso en la universidad o una visita al médico. Pero eso no tiene nada que ver con que nos vayan encogiendo la sanidad pública o empeorando el sistema educativo. Porque somos también muchos los ciudadanos que hemos trabajado duro, pagado nuestros impuestos e inculcado a nuestros hijos que nadie les debe nada y que la democracia es un ejercicio recíproco de generosidad. Hacer que una parturienta griega no tenga comadrona o que un español de casi sesenta años pierda un trabajo que es a su vez necesario en la sanidad española es hacer pagar a justos por pecadores. Cada vez que nos rebajan el sueldo sentimos como que estamos pagando la factura de esa irresponsable clase política que dilapidó el dinero de nuestros impuestos.

¡Encima!

Artículo de opinión publicado en EL PAIS (24 Junio)

Ilustración- Iker Ayestaran

Por © Iñigo Ortiz de Guzman

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