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El hombre de hojalata

grass portada

Lo que hay que decir

Günter Grass (1927-2015)

“Por qué guardo silencio, callo por demasiado tiempo, lo que es evidente y que se ha ensayado en todos los juegos estratégicos, donde, llegado su final, nosotros como supervivientes quedaremos, como mucho, reducidos a simples notas al pie.

Es el supuesto derecho de lanzar el primer golpe, que podría aniquilar al pueblo iraní, subyugado por un bocazas y dirigido al júbilo organizado, dado que en su ámbito de poder se presupone la construcción de una bomba atómica.

Pero, ¿por qué me prohíbo nombrar aquel otro país con su nombre, en el que desde hace años -aunque bajo secreto- está disponible un potencial nuclear creciente, pero fuera de control, porque no es accesible para inspección alguna?

Este silenciado general de un hecho probado, al que se ha subordinado mi silencio, lo percibo como mentira de carga e imposición, con expectativa de penalización en cuanto no se observare; el veredicto de “antisemita” es de uso corriente.

Pero ahora, dado que desde mi país, que será alcanzado una y otra vez por sus crímenes de su propia autoría, y que no tienen igual, para exigirle explicaciones, se suministre otro submarino a Israel, de nuevo sólo por meros motivos comerciales, aunque declarado de lengua veloz como reparación por los daños de la guerra, cuya especialidad consiste en poder dirigir cabezas omnidestructoras hacia el lugar en el que la existencia de una sola bomba atómica no ha quedado demostrada, pero que se quiere ver como el temor de la fuerza de la prueba, por eso digo lo que hay que decir.

Pero ¿por qué me callaba hasta ahora? Porque pensaba que mi origen, que siempre quedará marcado por un estigma que nunca podrá ser borrado, me prohibiría exponer al país Israel, al que me siento unido y quiero seguir estando unido, a este hecho como una verdad jamás pronunciada.

¿Por qué no lo he dicho hasta ahora, envejecido y con la última tinta: La potencia nuclear de Israel pone en peligro la paz mundial, que de todas formas está resquebrajada? Porque hay que decir aquello para lo que mañana podría ser demasiado tarde; porque nosotros -que como alemanes cargamos ya con demasiada culpa- podríamos convertirnos en suministradores de un crimen, cuya comisión es previsible, por lo que nuestra corresponsabilidad no podría eliminarse mediante ninguna de las excusas habituales.

Y reconozco: no seguiré callando, porque estoy harto de la hipocresía de Occidente; además, es de esperar que sean muchos los que se liberen del silencio, para requerir al causante del peligro reconocible que renuncie al empleo de la fuerza y de insistir al mismo tiempo en que los gobiernos de ambos países autoricen un control permanente y sin trabas del potencial nuclear israelí y de las instalaciones nucleares iraníes por una instancia internacional.

Sólo así se podrá ayudar a todos, a los israelíes y a los palestinos, más aún, a todos los hombres que vivan muy pegados y enemistados en esta región ocupada por el delirio y, por ende, también a nosotros.”

Günter Grass– Escritor y artista casubo alemán, galardonado con el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1999.

«Nada es seguro, podríamos estar subiendo y no bajando»

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Ich bin ein Berliner

Soy berlinés

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«Hace dos mil años la arenga más orgullosa era “civis romanus sum”. Hoy, en el mundo de la libertad, la arenga más orgullosa es “Ich bin ein Berliner”. Hay mucha gente en el mundo que realmente no comprende, o dice que no comprende, cuál es la gran diferencia entre el mundo libre y el mundo Comunista. Dejad que vengan a Berlín. Hay algunos que dicen que el Comunismo es el movimiento del futuro. Dejad que vengan a Berlín. Y hay algunos pocos que dicen que es verdad que el Comunismo es un sistema maligno pero que permite nuestro progreso económico. Lasst sie nach Berlin kommen Dejad que vengan a Berlín.»

«Two thousand years ago the proudest boast was “civis romanus sum” Today, in the world of freedom, the proudest boast is “Ich bin ein Berliner” I appreciate my interpreter translating my German!. There are many people in the world who really don’t understand, or say they don’t, what is the great issue between the free world and the Communist world. Let them come to Berlin. There are some who say that communism is the wave of the future. Let them come to Berlin. And there are some who say in Europe and elsewhere we can work with the Communists. Let them come to Berlin. And there are even a few who say that it is true that communism is an evil system, but it permits us to make economic progress. Lasst sie nach Berlin kommen. Let them come to Berlin.»

«Todos los hombres libres, dondequiera que ellos vivan, son ciudadanos de Berlín. Y por lo tanto, como hombre libre, yo con orgullo digo estas palabras “Ich bin ein Berliner”.»

«All free men, wherever they may live, are citizens of Berlin, and, therefore, as a free man, I take pride in the words “Ich bin ein Berliner”.»

Discurso de Kennedy en 1063, uno de los más notables de la época de la Guerra Fría.

Neck, chest, waist to floor
Easy to take, you could take me in fours
Make me a deal, a day a piece
Take it all, just stay a week

I’ll take you in pieces, we can take it all apart
I’ve suffered shipwrecks, right from the start
I’ve been underwater, breathing out and in
I think I’m losing where you end and I begin

Basic space, open air
Don’t look away
When there’s nothing there

I’m setting us in stone
Piece by piece before I’m alone
Air tight before we break
Keep it in, keep us safe

It’s a pool of boiling wax
I’m getting in, let it set, got to seal this in
Can’t adjust, can’t relearn
Got to keep what I have preserve

Basic space, open air
Don’t look away
When there’s nothing there

Hot wax has left me with a shine
Wouldn’t know if I’ve been left behind
Second skin, second skin

I can’t let it out, I still let you in
I can’t let it out, I still let you in

Música- ‘Basic Space’, por The XX

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Vivir por encima de…

Solo hay dos futuros para Europa y cualquiera de los dos llegará pronto.

O Alemania quita el freno de mano y permite una verdadera unión económica que garantice la solvencia de los países miembros y de sus sistemas financieros; o el euro se rompe, vuelven la peseta, el dracma, la lira y el marco, con unas consecuencias durísimas para todos, también para el estado germano.

Hace falta que los países del sur cumplan con sus cuentas públicas, pero también una Europa solidaria con un Tesoro común que proteja al euro: el que circula en Berlín y el que guardan en el colchón los aterrados atenienses. No queda ya ni mucho tiempo ni muchas más salidas. Si Alemania no permite otras políticas, tras el fracaso del rescate parcial a España viene el rescate completo.

Y tras España, la siguiente en caer es Italia.

Un dosier para Merkel y Lagarde

Por Elvira Lindo

Hace tres años escribí en esta misma columna en la que estoy sentada (si me pusiera en pie, daría un mitin) que antes de la crisis yo tiraba las páginas ocres de los suplementos de economía a la papelera. Despeluchaba el periódico como se despelucha un pollo antes de llegar a casa. Exageraba, como pueden imaginar, pero detrás de cada exageración se atisba la verdad, y lo cierto es que las páginas de economía me daban pereza. O perezón, que describe mejor la galbana dominguera. Llegó la crisis, y una se sentó, como se sentaron muchos de ustedes, pertrechada con las gafas de ver (como antes se decía) para ilustrarme sobre lo que nos estaba pasando y sobre lo que nos quedaba por pasar. En un principio me sentí motivada, por aquello de que la dichosa manía de racionalizarlo todo conduce a pensar que la información es el primer paso para el hallazgo de soluciones, pero una vez que los analistas nos han dejado claro que los economistas llevan camino de encabezar el ranking de diagnósticos garrafales y predicciones incumplidas, y una vez que se nos ha contado que algunos de ellos, muy notables, han sido cómplices de la situación en la que nos encontramos aliándose con la perversión financiera, ya no leo las páginas ocres con el ansia de encontrar información que incluya un halo de esperanza; todo lo contrario, lo que siento yo, lo que usted siente, es zozobra y temor. Incluso los artículos del laureado

Krugman me han empezado a dar susto: aun estando de acuerdo con él en lo esencial, que las sociedades ahogadas por las deudas no tienen posibilidad de recuperación, me espanta cada vez que le leo la palabra corralito, y pienso que, sabiendo como él sabe que esta puñetera economía se basa en la confianza y en la especulación, amenazar con corralitos es añadir tres barrotes a la valla en la que podríamos vernos acorralados. Un amigo economista me decía el otro día que los premios Nobel son muy peligrosos, por cuanto provocan demasiada fe en los lectores. Digo yo que entre el catastrofismo de Krugman y el optimismo insensato que mostró Rajoy cuando le concedieron el ya denostado préstamo tiene que haber un clavo ardiendo al que agarrarse.

En los últimos tiempos procuro centrarme en la sección de Sociedad. Al menos me informa de cómo afecta a los seres humanos la puñetera economía. Inmigrantes que han de regresar a su país de origen porque pierden el trabajo, desahucios, comedores de Cáritas, niños que sufren el paro de sus padres, familias que viven de la pensión de los abuelos, abuelos que tienen que abandonar la residencia y volver a casa, jóvenes que regresan a la casa paterna, trabajadores interinos de hospitales que se quedan sin trabajo a los cincuenta años, profesores interinos que han de abandonar una escuela pública que ve aumentar su ratio de alumnado por clase. Todo eso a diario. Para entender esa realidad no hace falta tener formación de economista ni trabajar en un organismo europeo. “Esto es simple, querida, como un globo de luz del hotel en que vives”, como decía el poeta González Tuñón. Deberían guardarse convenientemente todas esas historias y archivarlas en una carpeta, clasificadas por países, según el orden de intervención: Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España. Los países castigados. Y una vez que estuvieran recogidas esas penurias individuales que expresan tanto de las consecuencias de este puñetero martirio económico, le mandaría el dosier a personas como Christine Lagarde, directora del FMI, que debe de observar desde muy lejos el desamparo en el que se encuentran muchas familias europeas del sur como para atreverse a decir que hemos de reservar la piedad para los niños africanos. O a Angela Merkel, en la que no conviene personalizar la decisión de este castigo, puesto que ella obedece a una ideología concreta, o a una idea respaldada por muchos: los países mediterráneos solo aprendemos la letra cuando nos la inculcan con sangre.

Son muchas las ocasiones en las que he escrito sobre el despilfarro español. Tantas como para que no se me pueda acusar de defender ahora lo que sin duda fue un disparate económico. Basta con salir al extranjero, pisar un aeropuerto de una ciudad europea y compararlo con la T-4 para percibir cómo el gasto en España ha sido irritante. También he defendido que la austeridad debe llegarnos a todos y que debemos enseñar a nuestros hijos de una vez por todas que los derechos no existen sin deberes. Hay que aprender a vivir de otra manera, sabiendo lo que cuesta un curso en la universidad o una visita al médico. Pero eso no tiene nada que ver con que nos vayan encogiendo la sanidad pública o empeorando el sistema educativo. Porque somos también muchos los ciudadanos que hemos trabajado duro, pagado nuestros impuestos e inculcado a nuestros hijos que nadie les debe nada y que la democracia es un ejercicio recíproco de generosidad. Hacer que una parturienta griega no tenga comadrona o que un español de casi sesenta años pierda un trabajo que es a su vez necesario en la sanidad española es hacer pagar a justos por pecadores. Cada vez que nos rebajan el sueldo sentimos como que estamos pagando la factura de esa irresponsable clase política que dilapidó el dinero de nuestros impuestos.

¡Encima!

Artículo de opinión publicado en EL PAIS (24 Junio)

Ilustración- Iker Ayestaran

Por © Iñigo Ortiz de Guzman

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‘Bailout’

Pregunta un periodista: “Si según usted la sociedad no va a sufrir, ¿por qué no se ha pedido antes el rescate?”.

Responde De Guindos: “A usted no le tocaba preguntar ahora”.

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares.

Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes).

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones.

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate o, lo que es lo mismo, bailout en inglés.

En contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

Guste o no.

Según Vicenç Navarro (catedrático de Políticas Públicas) la razón de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre.

Cuesta creerlo, pero así de claro parece ser. Nadie ha dicho lo contrario.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Viñetas- Por Manel Fontdevilla

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Francia y Grecia, en la cuerda floja

Se decide tu futuro (y lejos de tu casa)

Por Borja Ventura

En este mundo global que tenemos a nadie extraña que el futuro no dependa de uno mismo. Ahí fuera hay señores que toman decisiones que nos afectan y determinan. Y ese ‘fuera’ atañe tanto a otra ciudad, como a otro país y, en no pocos casos, a señores que toman decisiones en otro continente.

Nuestra vida es así. De hecho, suerte tenemos si tras algunos rumbos tomados hay señores y no ‘mercados’, que tan funestas ideas han tenido con países como el nuestro. Pero pocas veces el futuro de todos nosotros se decide de forma tan directa en dos escenarios simultáneos y en un solo día. Francia y Grecia deciden, nosotros iremos detrás.

Domingo de elecciones. No aquí, sino fuera. Domingo de elecciones en dos países bien distintos, en situaciones bien distintas, con formas de influir bien distintas. Pero que mano a mano nos van a determinar. Este domingo otros ciudadanos van a decidir por nosotros, porque de lo que salga del voto de galos y helenos dependerá en gran medida lo que suceda estos años y el rumbo que tome la crisis. Y no, no es uno de esos eslabones de la cadena. Es, posiblemente, una decisión en dos escenarios que cambiará todo de una forma u otra. Francia puede decidir un cambio de rumbo económico para todos, y Grecia puede votar a un partido que termine de pegar fuego al euro. Siéntate, coge un cuenco de palomitas y disfruta. El apocalipsis de la UE será televisado.

¿En qué puede cambiar mi futuro el voto de los franceses?

Si has notado que la crisis se ha recrudecido tras un periodo de estabilización es en gran medida porque en Europa se ha impuesto una política de austeridad total en forma de recortes, presión fiscal y saneamientos de cuentas. Y si Europa ha hecho eso es porque Alemania lo ha decidido y Francia ha aplaudido. La presión de los recortes ha sido tan fuerte que algunas voces discrepantes han empezado a surgir, diciendo que sólo con recortes se terminará de ahogar a la gente y que hay que tomar medidas de estímulo.

Si no te has enterado de lo del punto anterior, te lo traduzco. ¿Recortes? Sí, menos dinero para determinadas cosas, como educación, sanidad, becas, investigación… ¿Presión fiscal? Sí, aumento de impuestos, sea en el IRPF, sea en el IVA a partir del año que viene. ¿Saneamiento de cuentas? Sí, obligar a bancos y autonomías a reducir sus deudas o a ahorrar más dinero para responder, lo que hace que tengan menos dinero para, por ejemplo, prestar a los ciudadanos. ¿Medidas de estímulo? Sí, medidas económicas que permitan que empiece a circular dinero, aun a costa de descuadrar las cuentas, para intentar que la economía se mueva (que la gente consiga préstamos, compre, invierta, se cree empleo y todas esas cosas)

  • ¿Qué puede cambiar si Hollande gana a Sarkozy? Todo. Para empezar, el color político de Europa, que en los últimos años ha pasado del rojo socialdemócrata al azul conservador y liberal bajo el que se han puesto en marcha esas medidas que tanto nos han hecho apretarnos el cinturón. La locomotora europea es Alemania, pero su comparsa es Francia. El tándem Sarkozy-Merkel, ambos bajo un mismo signo político, ha actuado por su cuenta y ha arrastrado a todo el continente. Pero con Hollande, socialista, Merkel tendría un contrapeso importante que, probablemente, aumentaría su poder rodeándose de las voces críticas a la política económica de Merkel que llega de algunos países poderosos, como Italia.
  • ¿Y quién es Hollande? Hollande es el resultado de una serie de casualidades. Un tipo discreto, prudente, educado, casi gris, que sobrevivió de milagro en política. Pasó un primer trago tras su divorcio de Ségolène Royal, que a la postre sería su rival en el partido y, además, le derrotaría. Cuando Royal se estrelló contra Sarkozy en las elecciones de hace cinco años supo salir a flote en pleno marasmo socialista francés, pero nadie pensaba que sería él y no Dominique Strauss-Kahn quien lideraría el partido. Cómo iba un tipo tan gris a conseguir hacer frente a un tipo duro, sólido y con la experiencia de dirigir el FMI. Pero llegó el escándalo sexual de DSK y Hollande se impuso como siempre, con calma y sin hacer ruido.
  • ¿De qué depende quién gane? De muchas cosas. Para empezar, el sistema electoral galo es diferente al nuestro, con un sistema de dos vueltas en el que para la segunda sólo concurren los dos candidatos más votados. En la primera vuelta apenas hubo distancia entre Sarkozy y Hollande, y la clave estaba en los otros partidos. Sarkozy endureció aún más su discurso para robar votos a la ultraderecha, que quedó tercera con su mejor resultado hasta la fecha. Sin embargo, su líder, Marine Le Pen, ya dijo que iba a votar en blanco. Hollande intentó lanzar guiños a centristas, liderados por Bayrou, e izquierdistas, liderados por Melenchon, con cierto éxito: ambos le apoyarán y puede que su electorado también.
  • ¿Cuál puede ser la clave? Ese sistema a doble vuelta es el que condiciona todo porque se elimina de un plumazo la posibilidad de castigo a los dos grandes partidos, como suele suceder cuando hay descontento con la clase política. Sólo ha habido una excepción, hace más de una década, cuando la ultraderecha llegó a la segunda vuelta a costa de los socialistas, algo que fue una bomba el la línea de flotación de la Francia democrática. Del mismo modo, elimina de la ecuación a los partidos populistas que tan bien se manejan en contextos de crisis y acaban enrareciendo el ambiente y destabilizando gobiernos. Sólo hay que ver el ejemplo holandés.

¿En qué puede cambiar mi futuro el voto de los griegos?

La situación de Grecia es justo la contraria de la francesa. Ellos no deciden lo que se hace en Europa, sino que sufren lo que Europa decide que hagan. Son el farolillo rojo del continente, quienes han lastrado a buena parte de la economía europea, iniciando la cascada de rescates y haciendo que los ‘mercados’ desconfíen de otros países periféricos, como Portugal, Irlanda, Italia o España. La situación en Grecia es tan extrema que no les gobierna quien ellos eligieron, sino un Ejecutivo artificial impuesto por Europa y pactado por los partidos sin que los ciudadanos hayan dado su opinión. Esta situación antidemocrática llegó después de que los conservadores falsearan todas sus cuentas y escondieran el agujero negro del país a las autoridades económicas europeas y los socialistas fueran incapaces de recortar todo lo que Bruselas exigía para darles el dinero prometido.

El resultado es impredecible. La ciudadanía, harta, decepcionada, incendiando la calle huelga general tras huelga general, ha visto que su clase política es incapaz de resolver sus problemas y que viven bajo la imposición de un gobierno de títeres que ellos mismos no han elegido. Es de esperar, pues, que partidos minoritarios con líderes carismáticos encuentren su caldo de cultivo perfecto para emerger. Puede ser el populismo de derechas o el de izquierdas, puede ser un movimiento social radical, puede que un partido ultranacionalista. Lo único que es más o menos esperable es que el color del Parlamento griego sea notoriamente euroescéptico. O no.

  • ¿Qué puede pasar? Lo más probable es que los dos grandes, que llevan alternándose en el poder, salgan castigados y emerjan partidos extremos de izquierda o derecha que puedan desestabilizar aún más al país y, en consencuencia, a la Unión Europea, de la que muchos de ellos querrían salirse sin pagar sus deudas pendientes. Lo más salomónico, que los dos grandes vuelvan a intentar un gobierno de coalición para seguir aplicando las recetas de Bruselas, aumentando así el descontento social y quizá agravando aún más el problema de cara a las próximas elecciones, lleguen cuando lleguen.
  • ¿Quiénes son los dos grandes partidos? A un lado los socialistas del PASOK, que gobernaban antes de este Ejecutivo ‘impuesto’. De la mano de Evangelios Venizelos, ministro de economía en la actualidad y mano ejecutora de los recortes. Al otro, los conservadores de Nueva Democracia, con Antonis Samaras al frente, el favorito de la Unión Europea, pero quizá no de unos griegos que vieron que su partido falseó las cuentas públicas para mantenerse en el euro.
  • ¿Quiénes están a la izquierda de los grandes? Formaciones como el Partido Comunista, de Aleka Papariga, una veterana comunista venida de tiempos pasados que ha subido como la espuma en los sondeos. O como Syriza, una coalición de izquierda radical liderada por un joven político surgido de la fragua de las protestas estudiantiles.
  • ¿Quiénes están a la derecha de los grandes? El partido populista ortodoxo LAOS, dirigido por Georgos Karatzaferis, una escisión del partido conservador liderada por el emergente Panos Kammenos y, especialmente, los neonazis de ‘Amanecer Dorado’ que acaudilla el exmilitar Nikolaos Michaloliakos.

Lo dicho: ve a por unas palomitas y siéntate en el sofá a esperar a ver qué música tocan ahora los violinistas del Titanic europeo.

Noticia recogida por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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What must be said

Lo que hay que decir

El escritor alemán Günter Grass advierte en el Süddeutsche Zeitung de una guerra contra Irán. En su poema titulado “Was gesagt werden muss/ What Must Be Said” el premio Nobel de Literatura se opone a un ataque israelí contra la antigua Persia, y apela a la hipocresía de Occidente de su silencio.

 Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
 
 

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Ilustración- Iker Ayestarán

Tipografía- 366 cool things

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La UE se re-inventa

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Más bien se podría decir que la Unión Europea se rompe.

Aunque si fuéramos rigurosos con la realidad, se re-rompe porque nunca terminó de existir. Al menos, no tal y como quiso ser concebida.

Pero, ¿por qué? La lista de motivos es larga, sin duda: desde las diferencias culturales e idiomáticas a, sobre todo, la renuncia de los países -sobre todo de los poderosos- a renunciar a la cuota de soberanía que sería necesario para funcionar como Unión.

Precisamente por este último motivo, la UE se re-rompe ahora con la salida de Reino Unido -y cuatro países más- de la reforma de los Tratados.

Sarkozy se ha desquitado hablando de “nuestros amigos británicos” al anunciar la medida de crear un nuevo tratado de austeridad, imperativo en el caso de la Eurozona y voluntario para quien quiera compartir la política fiscal que dicta el tándem Merkozy.

Dicho de otro modo, la UE a la carta de Berlín y París.

Sarkorzy ya ha utilizado a Londres de cabeza de turco por si la jugada sale mal, acusándole de bloquear la unanimidad, pero lo cierto es que a Cameron no le quedaba otra salida para que a su regreso a la City no se lo comieran crudo los propios miembros de su partido.

Desde hace meses se enfrenta a un motín interno en su propio partido liderado por los euroescépticos.

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Kaputt

(por Ernesto Ekaizer)

Ay Bernabé, perdón, Mariano, quién te ha visto y quién te ve! Hasta el 20-N, todo era recuperar la confianza con el cambio de Gobierno para comenzar a superar la crisis y dejar así atrás la prima (de riesgo) de Zapatero.

Pero veamos lo que ayer por la tarde explicó Rajoy a sus conmilitones del Partido Popular Europeo. Dijo: “Necesitamos reformas estructurales… Pero para que estas reformas puedan asegurar una Europa nueva, es preciso, ya sin más dilación, poner en marcha todos los medios y recursos disponibles para contener la hemorragia de la deuda soberana”.

Vaya, vaya, ¿en qué acto de la campaña del 20-N hemos oído hablar a Rajoy de la crisis española en el contexto de esta “hemorragia de la deuda soberana”? ¿Acaso en su debate con Rubalcaba? Por supuesto que no. Y, uno, claro, se pregunta: esta hemorragia que ya lleva su tiempo y que era evidente en plena campaña electoral, ¿cuándo la ha descubierto Rajoy?

Ahora que va a asumir la presidencia del Gobierno, esta hemorragia requiere una operación urgente. Rajoy: “Soy consciente de que estas intervenciones requieren de un entorno de seguridad y de una mayor disciplina que eviten la irresponsabilidad presupuestaria. Pues adelante, hagámoslo. España lo apoyará…”.

En román paladino: ahora que Zapatero (aplaudido por Durão Barroso, Merkel, Sarkozy, Trichet y Obama) ya se va, saque el BCE su bazuca y arregléme a mi, Rajoy, que inspiro toda la confianza que se puede pedir, el soberano problema de la deuda. Fíjense ustedes: Rajoy, que había criticado a Zapatero por proponer el “atajo” de los eurobonos, habla ahora de “intervenciones”, sin atreverse, claro, a apuntar al BCE, no sea que su presidente se ofenda. Pero he aquí que este discurso quedó desfasado ya no digamos desde que fuera escrito sino incluso antes de ser pronunciado en Marsella en la tarde de ayer. Porque el presidente del BCE, Mario Draghi, fulminó esas expectativas en su rueda de prensa celebrada en Fráncfort varias horas antes de la alocución de Rajoy.

Se mostró Draghi sorprendido de que se interpretasen sus palabras ante el Parlamento Europeo, en el sentido de que si la cumbre aprueba un refuerzo de la disciplina fiscal, el BCE intervendría masivamente en los mercados para fijar límites a los tipos de interés de los bonos o a las primas de riego. De bazucas o intervenciones decisivas, y un eventual préstamo del BCE al FMI, para contener hemorragias, nada de nada.

Barroso en un diálogo captado por los micrófonos, mientras se hacían las fotos, explicó a Rajoy que el secretario del Tesoro, Timothy Geithner, con el que se entrevistó el próximo presidente español el miércoles, es junto a Obama partidario de la expansión fiscal. “Esto de la expansión fiscal”, se oye farfullar a Rajoy. “Yo no tengo alternativa a la reducción del déficit…”. Barroso le da ánimos: “La nuestra (alternativa) es la buena”.

Ya Margaret Thatcher dijo al lanzar su programa de austeridad y liberalización salvaje de 1979 que “no hay alternativa”. En inglés se convirtió en un acrónimo muy popular: TINA (There Is No Alternative). Tanto la fallida petición de Rajoy a cortar la hemorragia como el show de Merkozy coinciden en lo mismo: Kaputt.

Es decir: todo se ha perdido, estropeado o arruinado.

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Donde dije digo, digo Diego

La bolsa baja, la prima sube.

Y Cristobal Montoro calla.

“Que nosotros ganemos le conviene a Alemania, a Europa y a los mercados. Ese solo hecho ya les da tranquilidad”, prometía el portavoz de economía del PP justo antes de votar.

Lo cierto es que el martes España pagaba más intereses que Grecia por sus nuevos bonos.

Mientras en el Congreso buscan cómo acelerar el traspaso de poderes. Hasta los suyos le exigen a Rajoy que adelante unas gotas de su pócima milagrosa: que explique ya su plan.

Sí, aquel que se pasó la campaña diciendo que no podía detallar los recortes porque no conocía el estado real de las cuentas; como si no fuesen datos públicos. No vaya a ser que desenfunde la tijera antes de llegar a Moncloa.

¿Incongruencias? Varias.

Y eso no es todo.

El pasado mes de febrero, al referirse a ciertas medidas presupuestarias que acababa de anunciar Zapatero tras un encuentro con Angela Merkel, dijo Mariano Rajoy: “A mí, como español, no me gusta que desde fuera me digan lo que hay que hacer”.

Esta semana la canciller alemana, dos agencias de calificación y varios periódicos influyentes en el establishment financiero internacional le dijeron al líder del PP lo que tiene que hacer.

“Usted ha obtenido el mandato claro de su pueblo para decidir y aplicar rápidamente las reformas necesarias”, le transmitió Merkel en un telegrama de felicitación por su victoria electoral que, salvo ese párrafo imperativo, no pasa de ser una nota protocolaria tipo de felicitación.

La agencia Fitch, por su parte, emplazó a Rajoy a “sorprender” a los inversores con un “ambicioso y radical programa de reformas estructurales y fiscales”.

Pero el silencio impera.

Que se sepa, el aludido no ha comparecido para expresar en público su patriótico rechazo a semejante injerencia.

El futuro Presidente del Gobierno podrá alegar que no interpreta esos mensajes como órdenes porque también es partidario de los ajustes que se le reclaman; pero ¿osaría enviar un telegrama perentorio al ganador de unas elecciones en Alemania o Francia?

Por lo demás, alguien debería explicar a Merkel que su interpretación del resultado del 20-N es errónea: Rajoy no obtuvo el “mandato claro de su pueblo” para aplicar con rapidez las reformas.

Lo que sucedió es que el PSOE perdió millones de votantes y se hundió en el abismo precisamente por entrar en el discurso único y socialmente injusto de los recortes.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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