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2º Asalto

Pactar es ceder un poco

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Mariano Rajoy sigue sin contar con ningún apoyo a su candidatura tras unas conversaciones en las que se ha confirmado el distanciamiento del PP con el resto de formaciones, a las que no ofrece medidas concretas

Lo intuyó Dámaso Alonso: Madrid es una ciudad de más de un millón de pactistas, pero sin tradición de pactos. Por eso los pactos no salen. Ya fallaron en la pasada legislatura y, si nadie lo remedia, la situación va camino de repetirse, aunque no a petición del distinguido público. El PP tiene claras las cosas: o se acepta que Mariano Rajoy sea presidente o habrá nuevas elecciones. ¿Qué ofrece a cambio? No se sabe. Dijo, eso sí, que debe haber un gobierno estable, pero se olvidó de explicar las acciones que acometería el ejecutivo para el que pide apoyo parlamentario. Sus portavoces hablan de matizar el programa electoral, e incluso de modificar la ley de educación, aprobada durante los años de mayoría absoluta contra todos los demás partidos y movimientos sociales. Pero eso es ofrecer la piel de un oso que no ha cazado y que no tiene medio de cazar: no puede aplicar su programa electoral porque carece de apoyos suficientes y, aunque Rajoy consiga ser presidente del gobierno, este tendrá que asumir las modificaciones que el Parlamento introduzca en las leyes que aprobó en su día en solitario (solo la laboral contó con los diputados de la entonces CiU). Mientras, visto que en la primera repetición el discurso del miedo a la inestabilidad y a Podemos le permitió crecer en número de diputados, Rajoy ha decidido insistir en la estrategia confiando en atemorizar a los que vieron sus fuerzas disminuidas.

Complicado acercamiento

Hay en la Cámara formaciones más afines a la derecha. En primer lugar, Ciudadanos (que el miércoles daba un giro a su estrategia al anunciar su abstención

El discurso exhibido por el PP hace que el acercamiento a los nacionalistas resulte casi imposible

en segunda vuelta), pero también el PNV o el Partit Demòcrata Català (PDC), que agrupa las cenizas de Convergència. Pero los populares han esgrimido el discurso del españolismo recentralizador con tal vehemencia que el acercamiento a ellos resulta imposible en el caso del PDC y muy difícil con los nacionalistas vascos, sobre todo porque en Euskadi habrá elecciones en otoño. Es cierto que el PNV ha sido siempre un partido de orden y que incluso su primera negativa fue educada, pero el acercamiento a cualquier nacionalismo periférico resulta indigesto para Ciudadanos, único partido que ha cuestionado el cupo vasco. Algo que ni siquiera el PP hace porque, como dijo en campaña el filósofo y candidato jeltzale Daniel Innerarity, “no conviene patear un avispero”.

El socio natural

Así las cosas, el probable aliado del PP es Ciudadanos. Sus dirigentes ya han entendido que su misión es encontrar la vía que facilite prestar sus votos al Partido Popular.Albert Rivera ha aprovechado estos días para trabajarse el discurso de modo que donde dijo que nunca permitiría (ni con el voto ni con la abstención) que Mariano Rajoy repitiera como presidente figure que había dicho todo lo contrario, naturalmente, por el bien de España. El problema es conseguir, como pretende, que le ayude el PSOE (aunque sea absteniéndose), de modo que Ciudadanos no quede como único apoyo a un PP con el que no quiere pactar nadie, entre otros motivos porque los populares no quisieron pactar nada durante los cuatro años en los que no les fue necesario. La insistencia de Rivera en que el PSOE debe colaborar en la investidura de Rajoy hay que entenderla como una acción en defensa propia: si Ciudadanos se convierte en la muleta del PP, con Rajoy al frente, sin compensaciones en una supuesta lucha contra la corrupción, su futuro puede quedar en entredicho. ¿Para qué dos partidos de derechas si el comportamiento es similar?

La papeleta del PSOE

El papel más difícil, sin embargo, es el de los socialistas. Aunque Pedro Sánchez sugiera que no habría terceras elecciones si no hubiera habido segundas, lo cierto es que el PSOE lo arriesga todo, tome la decisión que tome, tras un primer voto (al que Rajoy puso fecha en el 3 de agosto para aumentar la presión) que será necesariamente negativo. El líder socialista dejó muy claro que la obligación de encontrar apoyos para el gobierno del PP es del propio PP y no puede cargar a los demás con la culpa de sus incapacidades. Sánchez reiteró que el voto de los socialistas será siempre negativo, pero no por Rajoy, sino porque el programa del PP es incompatible con el del PSOE. Los socialistas no pueden conceder en modo alguno que Rajoy salga a la primera y solo muy a regañadientes pueden aceptar abstenerse en la segunda votación (o en la tercera, si fuera el caso) si obtuviesen claras contrapartidas que presentar a su electorado. Lo contrario sería el suicidio o la ruptura de un partido que, por otra parte, no está especialmente cohesionado.

Para permitir que Rajoy (u otro candidato del PP) sea el nuevo presidente del gobierno, el PSOE necesita concesiones de los populares. Concesiones de contenido: en educación, por supuesto, pero también en lo relativo a libertades (ley mordaza), en el modelo laboral (cambios en la contratación y en la negociación colectiva), en economía (financiación autonómica, fiscalidad y pensiones) y en asuntos aparentemente menores pero, al final, esenciales para la organización de la convivencia, como acabar con el sometimiento del poder judicial y de los medios de información públicos al Partido Popular.

El PSOE puede aceptar abstenerse solo si obtiene claras contrapartidas para mostrar a sus votantes

Es probable que Ciudadanos exija cambios en la ley electoral y nuevas medidas anticorrupción. En ambos casos podrá contar con Pedro Sánchez y sumar, además, el apoyo de Podemos, a quien los socialistas no querrán dejar el monopolio de la oposición. En el pasado el PSOE podría no haber sido receptivo a una reforma que afecte al sistema de representación electoral, pero tras el susto de las últimas elecciones los tres partidos pueden defender con argumentos una modificación que haga el reparto de escaños más proporcional a los votos reales. Menos partidario será, en cambio, el Partido Popular, gran beneficiado en el presente.

Buscar por esta u otras vías la colaboración de Unidos Podemos es esencial para los socialistas porque si un día quieren gobernar difícilmente podrán hacerlo solos, y no está claro que la derecha piense ayudarles. Nunca lo ha hecho. Por su parte, los partidos nucleados en torno a Pablo Iglesias, pasado el sarampión, tendrán que aceptar que en el Parlamento cabe algo más que el mero no a lo que hagan los otros. Y para eso necesitarán pactar. Los más cercanos y con mayores coincidencias programáticas son los socialistas.

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Asunto sensible

Queda la patata caliente de la reforma constitucional. Rivera ha querido presentarse como el adalid de lo que él llama el “frente constitucionalista”. Eso tiene poco recorrido. Tan constitucionalista es quien defiende que la Constitución no se toque (o se toque poco) como quien propone (Unidos Podemos) modificarla respetando los mecanismos que la propia Constitución prevé. Y esta modificación tendrá que hacerse contemplando el problema territorial que se vive en Cataluña, donde la pasiva indolencia de Rajoy ha sido un maná para el independentismo. Los socialistas (o una parte de ellos) hablan de reforma federal; Unidos Podemos, de una España plurinacional. No todo parecen divergencias. Y también se abre aquí un campo donde exigir gestos al PP a cambio de permitir su gobierno en minoría.

Vistas las cosas, no todo está perdido. Nadie puede imponer sus proyectos a los demás. Queda la vía de la negociación y hasta, quizás, puedan alcanzarse acuerdos.

Por Francesc Arroyo, AHORA SEMANAL

IlustraciónRaúl Arias

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Panama Papers

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La patria son los impuestos

Reflexión, por Pepa Bueno

La era del secreto bancario ha terminado, dijeron solemnemente los líderes del G20 reunidos en abril de 2009 bajo la impresión todavía de la caída de Lehman Brothers y el tsunami financiero que le sucedió. Y el entonces primer ministro de Reino Unido Gordon Brown fue muy lejos: “Hemos acordado acabar con los paraísos fiscales que no comunican la información que se les reclama. El secreto bancario del pasado tiene que acabar”.

Y en el año 2012 la Unión Europea aprobó un plan para luchar contra la evasión fiscal. Y aquí estamos, siete años después de aquella solemnidad, hablando de miles de documentos y cientos de personas con actividades opacas en Panamá.

Lo peor es que no es ninguna sorpresa. La sorpresa es desde luego comprobar la impunidad de todo un primer ministro islandés invirtiendo en bonos contra su propio país o un presidente argentino poniendo en marcha una campaña para pedir a los argentinos que retornen su dinero al país mientras su familia, con su nombre incluido, registra sociedades en oasis sin transparencia. Muchas de las actividades que se cuentan ahora gracias a la filtración masiva del despacho Mossack Fonseca son legales. Pero la legalidad se cambia y eso se anunció cuando Sarkozy decía hace siete años que había que refundar el capitalismo.

Todo ha cambiado en estos 7 años de la gran crisis, todo menos que el dinero, el gran dinero, se sigue moviendo sin control democrático, mientras las arcas públicas necesitan más recursos que nunca.

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VÍDEO INTERACTIVO

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Queda para Rato

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Fíjense qué honrado es el PP

Por Rosa Paz

Uno de los elementos del argumentario del PP que sus dirigentes tienen más interiorizado es aquel que consiste en repetir frases del estilo: “Fíjense ustedes si este partido combate la corrupción que la justicia investiga la Gürtel y el caso Bárcenas estando el PP en el Gobierno”. Lo dicen como queriendo dar a entender que el Ejecutivo podría impedirlo si quisiera y trasmitiendo la idea de que el poder político tiene la potestad de frenar a los jueces y no la utiliza. No la tiene, pero seguro que muchas veces lo intenta. Con estas afirmaciones, los dirigentes del PP no solo pretenden pasar por adalides de la honradez, sino que lanzan además un ataque directo a la imprescindible pedagogía democrática sobre la separación de poderes, de la que tan necesitado está este país.

Pero la realidad es la que es y los ciudadanos saben que el PP ha puesto todas las trabas que ha podido a la instrucción de los sumarios de la Gürtel y de Bárcenas y que los fiscales y los jueces han seguido adelante con ellos, como en su día hicieron con los GAL o los casos Roldán y Mariano Rubio, cuando el PSOE estaba en el poder. Poder que, por cierto, perdieron los socialistas precisamente por esas causas.

A la lista de escándalos del PP se ha añadido en los últimos días el descubrimiento de que Rodrigo Rato, el todopoderoso vicepresidente Económico del Gobierno de José María Aznar, se acogió a la amnistía fiscal de Montoro y está acusado por la Agencia Tributaria de fraude fiscal, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. Las imágenes de su detención el pasado jueves dieron la vuelta al mundo, porque Rato es persona conocida por los medios de comunicación de todo el planeta, dado que a su condición de exministro y exvicepresidente del Gobierno de España une la de exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional.

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Ha habido rumores sobre si Rato ha sido elegido por sus antiguos compañeros de partido como chivo expiatorio para frenar el desgaste social y electoral que les están causando tantos y tan graves casos de corrupción. Se dice que ha sido el Gobierno el que ha elegido la fecha del registro policial de sus viviendas y sus despachos y de su arresto durante 8 horas y que habría sido el Ejecutivo el que también habría avisado a la prensa para garantizar la conveniente difusión de la historia. Dudas que de momento no se despejan. Porque no se entiende qué beneficio le puede reportar al PP el estallido del caso Rato a cinco semanas de las elecciones. Salvo que se temieran, claro, que el juez podía ordenar el registro para la jornada de reflexión.

Habiendo sido Rato uno de los hombres más poderosos del PP junto con Aznar, Fraga y el propio Rajoy y siendo tan impactantes los hechos que le atribuye la justicia, no parece que de aquí al 24 de mayo se vaya a dejar de hablar de él. Ni aquí ni en el resto del mundo. Ni parece tampoco que el argumentario citado en el arranque les vaya a salvar de la quema, por mucho que el reaparecido Esteban González Pons lo utilizara el jueves para decir, sin el más mínimo rubor, que “si un partido como el PP no pone ningún obstáculo para que un icono como Rodrigo Rato pase por lo que ha pasado, algún crédito tiene que tener”. Eso es querer apuntarse un tanto sin haber hecho nada para merecerlo. No poner ningún obstáculo -que vayan ustedes a saber si lo ha puesto- es su obligación. Otra cosa habría sido haber denunciado a Rato o a Bárcenas o a Correa ante la Agencia Tributaria o ante la Fiscalía o ante el juez de guardia, eso sí que habrían sido ejemplos de lucha contra la corrupción.

@pazmacazaga

IlustraciónManel Fontdevila

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Opus Dei: el Arte del caciquismo

Hace no mucho que pude tener la suerte de conocer esta historia antes de su publicación, de manos de su autora Maite Garbayo. Una historiadora del arte, licenciada por la Universidad de Mexico. Una vasco-navarra de pro, defensora del feminismo y de tantos otros temas sociales; que ha sabido reflejar la realidad de un tema tan espinoso como es la corruptela que tristemente está hoy tan en boga. Periodismo de investigación puro y duro que ya quisieran haber mostrado con tanta vehemencia muchos profesionales del sector.

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El Museo del Opus en Navarra:

el expolio continúa

LOS FAVORES DEL GOBIERNO DE UPN

El pasado 22 de enero se inauguró en Pamplona el Museo de la Universidad de Navarra,último tentáculo que el todopoderoso Opus Dei despliega en la Comunidad Foral.

Por las fotos del evento desfilan las fuerzas vivas del “régimen”, militares uniformados incluidos, y las planas mayores del Opus Dei y de UPN que escoltan a la monarquía en su primer viaje a tierras navarras desde su coronación.Contemplando las imágenes, cuesta creer que aquí ha habido una Transición.

Analizando el caso en profundidad, empiezan a aparecer toda una serie de sospechosas coincidencias que me esforzaré en resumir. Casualmente, Navarra ha sido la única Comunidad a nivel estatal en la que (por el momento) se ha aprobado y ya implantado la Ley de Mecenazgo. El Parlamento la saca adelante el 16 de mayo con los votos de Unión del Pueblo Navarro y el Partido Socialista de Navarra, y con la oposición de EH Bildu, Izquierda Unida y Aralar-NafarroaBai.

La ley apuesta por la privatización de la cultura por medio de otorgar a las aportaciones privadas deducciones fiscales de hasta el 80% en el IRPF y de cerca del 50% en el Impuesto de Sociedades, los mayores incentivos fiscales de todo el Estado. En el caso de las empresas, además, la aportación tendrá la consideración de partida deducible, por lo que el beneficio de la donación ronda el 50% de lo otorgado. Para que una persona o entidad pueda beneficiarse del mecenazgo, el gobierno de UPN debe declararla previamente de “Interés Social Mecna”.

Es decir, es el Gobierno de Navarra quien decide qué proyectos, qué entidades o qué artistas pueden recibir mecenazgo acogiéndose a los beneficios de esta ley, y cuáles no. La Ley señala entre los “posibles” beneficiarios, además de a los y las artistas con domicilio fiscal en Navarra, a la Iglesia Católica y a las universidades establecidas en Navarra. Como por ejemplo, la Universidad del Opus Dei, que en unos pocos meses abrirá un museo de arte contemporáneo.

En el momento en el que la Ley se aprueba, surgen ya algunas voces críticas en el ámbito de la cultura navarra. En hordago.org, Patxi Zuñiga se pregunta: “Si la Iglesia Católica o la Universidad de Navarra entran en el apartado de posibles beneficiarios, ¿no estaremos subvencionando por la vía de la desgravación, un tipo de cultura sectaria?”, y señala a meses vista al futuro Museo de la Universidad de Navarra como caso perfecto subvencionable para desgravar fortunas al mismo tiempo que se promociona una cultura de “valores espirituales”.

Estas sospechas no van nada desencaminadas, sobre todo si tenemos en cuenta que tan solo unos meses antes, el 24/02/2014, cuando la Consejera de Economía y Hacienda del Gobierno de Navarra (Lourdes Goicoechea Zubelzu) comparece en el Parlamento ante la Comisión de Investigación sobre la situación de la Hacienda Foral Navarra, es interpelada por haber tenido contacto con un representante de la Universidad del Opus mientras a esta entidad se le realizaba una inspección fiscal. La Consejera admite haber mantenido dicha reunión en septiembre de 2013, pero no para “asesorarles” sobre cómo salir indemnes de la inspección fiscal, sino para “hablar de la Ley de Mecenazgo”. Es decir, casi un año antes de que se apruebe la Ley, el Gobierno de Navarra ya se está reuniendo con la Universidad para planificarla.

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Pero veamos la sucesión de los hechos. La Ley Foral de Mecenazgo entra en vigor el 1 de octubre de 2014, cuando se abre el plazo de solicitudes. Las entidades o personas que deseen obtener el calificativo “de interés social mecna” pueden presentarse hasta el 31 de octubre. Mientras todo esto sucede, se anuncia en prensa la aportación dineraria de Obra Social La Caixa y Fundación Caja Navarra al Museo de la Universidad de Navarra:ambas entidades se comprometen a invertir 2,5 millones de euros en los próximos cinco años.

El 16 de enero de 2015 se publica en el Boletín Oficial de Navarra la resolución de las solicitudes, aprobada el 31 de diciembre de 2014. En ella, cuatro proyectos de la Universidad de Navarra son declarados “de interés social” para acogerse a la Ley de Mecenazgo: Biblioteca de la Universidad de Navarra, Instituto Cultura y Sociedad, Actividades culturales y, como no, Museo de la Universidad de Navarra. Casualmente, esta declaración de interés social, en lo concerniente a los proyectos de la Universidad de Navarra, estará en vigor hasta el 31/12/2019. Cinco años, los mismos que  La Caixa y la CAN han anunciado que apoyarán económicamente al museo.

Ya el texto de la Ley dejaba muy claro que “las universidades establecidas en Navarra” eran potenciales beneficiarias del mecenazgo, sin embargo, no vemos a la Universidad Pública de Navarra por ninguna parte. El solo hecho de que esta Universidad tenga que utilizar el adjetivo de Pública para distinguirse de la del Opus Dei, que usurpó durante el franquismo su denominación, clama al cielo. Nunca el Gobierno debió aceptar que el Opus Dei registrara a su nombre la marca Universidad de Navarra, pero eran los tiempos del nacionalcatolicismo (Muez, 2011:57).

Según el mismo autor, en 1962 se firmó un acuerdo entre la Iglesia Católica y el Gobierno español, aún hoy vigente, según el cual “Las Universidades erigidas por la Santa Sede en España se llamarán Universidades de la Iglesia”. Por tanto, el calificativo Universidad de Navarra incumple las exigencias legales vaticanas y españolas, y la Universidad debería llamarse en realidad Universidad de la Iglesia en Navarra. Otra Ley de 2001 (Ley 17), en su artículo 5, prohíbe la denominación exclusiva Universidad de Navarra, puesto que ésta debiera estar acompañada de otra denominación no geográfica que la califique sin confusión. Todo este asunto sitúa al Opus Dei, una vez más, por encima de la ley. Y también a su museo, que utiliza las siglas MUN (Museo Universidad de Navarra).

En el discurso inaugural del Museo, Sánchez Tabernero (Rector de la Universidad) señaló que el Museo se ha construido gracias a la ayuda económica de empresas y personas, sin tener financiación pública, aunque añadió: “aún no hemos perdido la esperanza”. Claro llamado de urgencia a un gobierno de UPN con el que tal vez solo le queden unos meses más de complicidad.

Pero Señor Sánchez Tabernero… ¿todavía quiere más? ¿No le parecen suficientes los 22,2 millones de euros presupuestados hasta el momento (de los que todavía falta conseguir el 45%, que obviamente estará amparado por los beneficios de la Ley), ni los 2.5 millones prometidos por la CAN y la Caixa, ni las nuevas donaciones que vendrán atraídas por los incentivos fiscales sin parangón que proporciona la Ley? Está claro que en Navarra, los discípulos de Escrivá de Balaguer han sido siempre insaciables. Recapitulemos.

Los terrenos sobre los que se asienta el nuevo museo, como todo el resto del Campus (la mayor zona verde de la ciudad, a ambos lados del río Sadar), fueron un “regalo” de la Diputación Foral de Navarra y del Ayuntamiento de Pamplona, que se complementó con cuantiosas aportaciones dinerarias por parte del Estado (en 1979 los diarios locales hablaban ya de más de 120 millones de pesetas), y de la propia Diputación Foral (entre 1960 y 1970, 1.600 millones de pesetas provenientes del presupuesto ordinario; la Facultad de Medicina y Farmacia fue financiada en su totalidad por esta institución).

La expropiación del Campus fue promovida por el propio Ayuntamiento de Pamplona, ya que únicamente los entes públicos pueden expropiar. Se inició en 1964, con cierto sigilo, sin mostrar abiertamente que el destinatario exclusivo iba a ser el Opus Dei.

En 1973, Carrero Blanco, presidente del Gobierno, y Julio Rodriguez, exprofesor de la Universidad, miembro del Opus Dei y en aquel entonces Ministro de Educación, aprueban la expropiación forzosa de los terrenos a favor del Opus Dei, en lo que se conoce como “Decreto Carrero Blanco”. En 1979, un grupo de concejales de izquierda que por aquel entonces poblaba el Ayuntamiento de Pamplona solicitó del Gobierno estatal su derogación, pero tras las elecciones de aquel mismo año, el nuevo ayuntamiento “democrático”, acordó retirar la petición de derogación.

El decreto franquista siguió operando: a finales de los años setenta, cuando el Ayuntamiento iba a destinar la antigua fábrica de Chalmeta para construir la Escuela Pública de Magisterio, el Gobierno expropió estos terrenos al Ayuntamiento y se los entregó al Opus para levantar su Escuela privada de Arquitectura.

Para valorar todo esto en su justa medida, hay que tener en cuenta, además, que el Campus funciona como una zona privada, donde el acceso no es libre a cualquier ciudadano y porque sí: existen controles de seguridad y parte del terreno está cercado con vallas. Es irónico, sino cínico, que uno de los programas con los que arranca el Museo se llame “Tender puentes”, pues está situado en medio de un fortín.

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Sin embargo, desde el Ayuntamiento de Pamplona ya han empezado, literalmente, a “tender puentes”: el pasado 29 de octubre UPN deja estupefactos a los grupos de la oposición al anunciar (sin debatirlo previamente en la comisión) que destinará 800.000 euros del presupuesto de Urbanismo de 2015 a la construcción de una pasarela peatonal que unirá el barrio de Iturrama con el Museo de la Universidad de Navarra (y con el Campus entero, por supuesto). En la noticia, que aparece en el Diario de Noticias de Navarra el 30/10/2014, se resalta que “el pago de esa infraestructura para unir el nuevo museo con la ciudad iguala, en los planes del equipo de Gobierno, toda la partida de ayudas a la manutención para las familias en riesgo de exclusión en Pamplona”.

Visto el panorama, sorprende que Sánchez Tabernero señale en el acto inaugural que todavía no han perdido la esperanza de recibir dinero público. Pero lo que más sorprende es que el Opus Dei piense que los ciudadanos/as debemos financiar con nuestro dinero la ideología ultracatólica, ultraderechista, reaccionaria, misógina, homófoba… (y un largo etcétera) que promueve su Universidad y que, seguramente, promoverá también su Museo.

Podrían correr ríos de tinta a este respecto, pero mencionaré únicamente algunas cuestiones acaecidas durante los últimos años. Como por ejemplo, el I Congreso Internacional de Ideología de Género, organizado por el Grupo de Investigación Interdisciplinar Igualdad y Género, perteneciente al Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad del Opus. No cuesta mucho imaginar la “ideología de género” que profesa la Obra, pero nuevamente el Congreso superó toda expectativa, con ponencias que planteaban la necesidad de considerar la homosexualidad una patología para que existan unos “derechos de atención propios de cualquier otra enfermedad del estilo”, u otra que pedía una cláusula de objeción de conciencia para que las entidades gestoras de las adopciones puedan negarse a entregar los niños a familias que no cuadraran con los principios de la familia cristiana.

Podríamos comentar también que en Navarra ha sido imposible abortar durante los últimos 25 años debido a las presiones del Opus Dei, y que por ello las mujeres debían ser derivadas a otras comunidades autónomas. Actualmente, las mujeres que deciden interrumpir su embarazo son hostigadas por sectores del Opus y por estudiantes de la Universidad de Navarra, que hacen guardia en la puerta de la Clínica ginecológica Ansoain para increpar a las mujeres que entran y salen. En alguna ocasión, Monseñor Francisco Pérez González, Arzobispo de Pamplona, se ha unido al particular “escrache” anti-elección, como cuando rezó un rosario en la entrada de la clínica.

Estas son solo algunas de las cuestiones que preceden y enmarcan al nuevo museo de arte contemporáneo navarro. Sabemos que los museos no son simples contenedores de obras de arte, no son espacios neutros ni descontextualizados. Son instituciones productoras de saber/poder y transmisoras de valores ideológicos.Ofrecen, como señala Carol Duncan, “valores y creencias sobre la identidad social, sexual y política, en forma de experiencia viva y directa”.

Es extraño que desde el ámbito del arte contemporáneo no se hayan alzado voces críticas, y también que algunos artistas y/o trabajadores del sector artístico colaboren con el museo o asistan a su inauguración sin cuestionar públicamente el sesgo ideológico de la institución ni los tejemanejes legislativos y económicos que siguen haciendo posible que el Opus Dei ostente el poder que ostenta en Navarra, que ahora pretende ser también de orden artístico-cultural. Mencionar también que en la lista de profesionales que colaborarán con el museo durante los próximos meses, encontramos bastantes nombres extranjeros, algunos de reconocido prestigio en el ámbito del arte contemporáneo. Ya que el museo se presenta como Museo de la Universidad en Navarra, y teniendo en cuenta la problemática de nomenclatura aludida anteriormente, parece más que posible que muchos de estos invitados foráneos no sepan exactamente a dónde vienen.

Es bien sabido que históricamente la procedencia del dinero que financia las artes ha sido, en demasiadas ocasiones, oscura y cuestionable. Lo sigue siendo hoy día, con bancos y fundaciones que lavan su cara al mismo tiempo que desgravan impuestos. Pero el caso aquí expuesto no es únicamente oscuro: es un agujero negro. No deberíamos promover ni amparar un tipo de arte o de cultura que ni siquiera se asientan sobre unas bases mínimas de laicismo, posibilidad de disenso o reconocimiento de la diversidad. Y que además operan y han operado a partir del expolio de recursos públicos en beneficio de unos grupos de poder concretos y en detrimento de la construcción de una arena artística y cultural pública, plural y de calidad, que es de lo que adolece Navarra en estos momentos.

Por Maite Garbayo Maeztu, investigadora y crítica de arte. Profesora Asociada de Didáctica de las Artes visuales en la Universidad Pública de Navarra.

– Publicado en Periódico Diagonal

– Ilustración, Iker Ayestarán

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La pérdida de papeles de Rajoy

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Adiós, adieu, goodbye, ciao, auf wiedersehen

Por Maruja Torres

Lo que vimos en el Hemiciclo no fue sólo a un presidente del Gobierno a quien la oposición, cual gota malaya, fue sacando de sus casillas, como han divulgado acertadamente los medios, tan poco habituados a verle perder sus flemas y otros humores. Lo que también vimos fue al soberbio, despreciativo, elitista y muy peloteado y aclamado por los suyos Mariano Rajoy, tratando por fin a la oposición, de viva voz y ya no sólo mediante ausencias y huidas, tal como ha venido tratando a los españoles desde que empezó a mandar.

Aquel hombrón torpe e inseguro que salía del helicóptero sin dar la vuelta al ruedo y con los pelillos alborotados, aquel comedido funcionario que sustituyó a Rato en el último momento en los designios de Aznar –y eso porque a don Rodrigo le dio por romper con su santa, lo que a Botella le sentó como un crucifijazo–, aquel obediente Hijo del Dedo del Amo, ha ido recuperando, quién sabe si formando, su verdadera personalidad: a costa de nosotros, los ciudadanos degradados a súbditos. Lo ha hecho hasta convertirse en ese tipo arrogante, de audaz mediocridad, crecido sobre nuestras carencias y alentado por su propia sordera, ese individuo desabrido del que hemos tenido constancia en su última -es de desear- comparecencia parlamentaria como líder de un Gobierno que nos ha desgarrado las tripas gracias a su mayoría absoluta.

Tanto tiempo acostumbrado a que a su entorno le gusten sus pedos, engolfado en el aroma de sus propias mentiras, se le fue el oremus y le embargó esa ira típica del secundario sin más talento que el de sobrevivir pero venido a más por sustituciones del azar y descoyuntadas coyunturas históricas. Tanto ímpetu mostró ayer para mandar a su casa al actual líder de la oposición y descalificar a todos los otros, que tuvimos que frotarnos los ojos, oh, no, simplemente tuvimos que volver a mirar sus fotos con Merkel haciendo el Camino de Santiago, para recordar lo fundamental de su verdadero carácter: su capacidad de sumisión ante el poderoso. Algo que le define tanto como su recochineo en la jodienda del de abajo. Tierno con las espuelas, duro con las espigas.

Destinado a que sus palabras se pierdan –más allá de la puerta de la Cámara, de la Puerta de Toledo y de la Puerta de Alcalá– como orines en el desaguadero (fin de la cita escatológica), de sus postreros rejones apenas quedará el frío recuerdo de la ceniza de sus puros caída sobre la contraportada de un Marca atrasado. Seguirá existiendo en nuestro país una derecha heredera del franquismo, repensada para el neoliberalismo y aliada con los poderes fácticos, la inventora de FAES y otras fundaciones, pero el capataz será ya otro –y de nosotros dependerá su poder–, y el de hoy, casi de ayer, evocará hazañas desde su puerta giratoria o desde sus conferencias bien pagadas -supongo que en su nivel se valora mucho el efecto adormidera-, y recordará que lo hizo mejor, que es lo que hacen los ex presidentes, además de trincar por ser jarrones chinos.

De hecho, todo lo de ayer contenía aires del odioso ayer, de trámite final desesperado, con el animoso Sánchez emulando a lobezno y un Garzón merecedor, en mi opinión, de echar su discurso en la calle y en las plazas, que es donde debe reverdecer el Parlamento. Y la libertad.

rajoy mentira

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Ciudad muerta

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4 de febrero de 2006. Una noche en la que se celebraba una fiesta okupa en un edificio perteneciente al ayuntamiento de Barcelona, en el distrito de Ciutat Vella.

Tras una pelea entre los asistentes y agentes de la Guardia Urbana, una maceta lanzada desde la parte superior impactó en la cabeza de uno de los policías hiriéndolo de gravedad (acabó en estado vegetativo). Siete personas fueron detenidas. Quizá a causa de la reyerta, acabaron en el Hospital del Mar. Allí coincidieron con Patricia Heras y su amigo Alfredo, que habían tenido un accidente de bici, pero la policía pensó que también habían estado involucrados en los hechos del edificio okupa. Tras el juicio, fueron condenados a entrar en prisión. El Tribunal Supremo ratificó la sentencia y así Patricia Heras cumplió sentencia en 2010. Meses después, cuando pudo salir de la cárcel gracias al tercer grado, Patricia se quitó la vida saltando desde la ventana de su habitación. Ninguno de los condenados reconoció nunca haber participado en esos hechos. Patricia narró todo lo vivido en aquella noche del 4 de febrero en su blog, Poeta Muerta.

En 2011, dos de los agentes presentes aquella noche allí y cuyo testimonio sirvió para encarcelar a Patricia y al resto de condenados, se vieron involucrados en una paliza a un chico negro, hijo de un diplomático, siendo condenados. Fue el último empujón para que Xavier Artigas y Carlos Ortega dieran el paso de rodar esta película que arrancó gracias a una campaña de micro-mecenazgo en la que lograron 4.700 euros. Ese dinero unido a muchas horas de trabajo posibilitó la producción de este documental.

El documental no hace concesiones, no quiere ganarse al público. No quieren los directores conquistar las buenas conciencias “sino acabar con ellas porque son un paraguas bajo el que se perpetúan el abuso de poder y la impunidad”.

 +info en VERNE

e cracia

‘Ciutat morta’ (o cómo la mierda flota)

Por Jordi Évole

Ya no lo tienen tan fácil. A muchos que creían tenerlo todo muy bien atado, se les ha escapado el control de lo que no querían que se supiera. Siguen teniendo la sartén por el mango, pero el mango cada vez es más corto. Y no se enteran de que el mundo ya no es como ellos habían soñado, si es que esa gente alguna vez tuvo sueños.

Los esfuerzos políticos, mediáticos, policiales o judiciales para silenciar la historia de ‘Ciutat morta’ habrían triunfado en otra época. Pero ya no. Empujando desde abajo se puede lograr que una noticia silenciada por los de arriba llegue a ser portada. Los autores del documental, Xavier Artigas y Carlos, Xapo, Ortega no lo tuvieron fácil. Intentaron, sin éxito, coproducirlo con TV-3. Pero para ser justos creo que no lo hubiesen logrado con ninguna tele: ni con otras públicas, ni con ninguna gran privada, incluido el grupo en el que trabajo. Lo hubiesen logrado si se hubiese sabido de antemano la enorme audiencia que tendría. El negocio -casi siempre- funciona así. Pero Artigas y Ortega no se rindieron. Lo autofinanciaron con un micro-mecenazgo de más de 4.000 euros, que sirvieron para pagar el 10%. El resto, horas de trabajo gratis. Valía la pena explicar esa historia.

Luego, proyecciones en salas alternativas, festivales, premios, y el silencio -con excepciones- de los grandes medios y el de casi todos los programas, incluido el que yo dirijo. Hasta que una pregunta parlamentaria de David Fernández de la CUP desbloqueó su emisión en la Televisió de Catalunya, una televisión que tiene un canal grande (TV-3) y otros más pequeñitos, como El 33. Adivinen por cuál se emitió. (Por cierto, un aplauso para Àlex Gorina).

¡Qué absurdo recorte!

Y, a la desesperada, uno de los policías aludidos en ‘Ciutat morta’ logró que un juez evitase la emisión de cinco minutos del ‘docu’.¡Qué absurdo! El documental se estrenó hace año y medio, se ha proyectado en multitud de salas, se puede descargar gratis, y esos minutos han sido los más retuiteados en las últimas 24 horas. Resultado: más de 250.000 visitas. Lo dicho, no se enteran.

Los autores del documental están agotados pero satisfechos. Y no les debe faltar un puntito de rabia por todos aquellos, yo el primero, que hemos hablado tan tarde de los dramáticos, injustos y tristísimos hechos que narra. Ojalá hubiesen querido participar todos los implicados: los exalcaldes o los jefes y compañeros del policía que resultó gravemente herido, para contar con todos los puntos de vista. Pero no contestaron a la invitación.

Gracias Xavi y Xapo por mostrarnos otra versión de los hechos, la que se quiso silenciar, gracias por denunciar la tortura y por no estigmatizar a nadie por algo tan superficial como su estética. Y, sobre todo, gracias por descubrirnos la ironía, la sensibilidad y la poesía de Patricia Heras.

“Absolución”

He ahorcado a mi inocencia.
Su orgullo adolecido aún voraz no impide que se mee encima,
su belleza efímera,
expira con los últimos latidos suplicantes.
Perdida entre flujos corporales viscosos y detritos.
La he visto patalear rabiosa e indefensa hasta morir,
parecía más humana que yo,
en su rostro desfigurado leo un pánico sumiso y crudo
que me arde entre las piernas…

Le he cortado el cuello a mi ilusión,
la colgué de un semáforo ciego
y vi cómo se desangraba incrédula,
borboteando nerviosa,
vi el dolor brillar muy cerca,
se fue apagando velado tras su mísero destino.

Abro la caja y está vacía.

Ciudadana Cristina

infanta

Una infanta en el banquillo

Por Arturo González

En algunas cosas la democracia funciona. Por ejemplo, en la Justicia. A pesar del Poder político.

A lo tonto, a lo tonto, entre descreimientos y artimañas, ya la tenemos sentada en el banquillo de los reos. El juez Castro argumenta de modo irrebatible y fácilmente comprensible: si la fiscalía y Hacienda acusan por los mismos delitos a Urdangarin y su socio Torres y esposa, no hay razón por la que no se pueda juzgar a la hermana del Rey y tampoco se le puede aplicar la llamada doctrina Botín del Tribunal Supremo que señala que si no acusan la fiscalía y la abogacía estatal en un delito que alude al Estado, no puede juzgarse. O todos o ninguno.

Ahora vendrá un largo periodo de intentar recursos, pero el momento estelar de apertura de juicio oral ya es una realidad. Como recriminó la Audiencia de Valencia, sorprendente e indebidamente se libran la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, y el anterior Presidente de la Comunidad, Francisco Camps. Serán 17 los acusados. Veremos si por fin la Infanta renuncia a sus derechos sucesorios y si la Caixa le mantiene su trabajo en Suiza.

Con esto, la Monarquía no va a caer. Pero se la reconduce a lo asignado en la Constitución: solo el Rey es inviolable, y durante su mandato. Por eso el Gobierno se precipitó a proteger la figura del rey Juan Carlos cuando abdicó.

No se trata de que la condenen o no. Se trata de que sea juzgada como los demás ciudadanos, y como afirmó su padre. En unos momentos de deterioro político tan severo como el que padecemos, cuando la Ruleta de la fortuna electoral ha comenzado a girar, es un punto de normalidad y satisfacción. Ayer, Pedro Sánchez dio pena en su comida con una familia catalana en el programa Salvados; Pablo Iglesias se escaqueó en su defensa del derecho a decidir de los catalanes en su primer mitin en Barcelona con la triquiñuela de ‘derecho a decidir, sí, pero para todo’; el representante de Izquierda Unida, Alberto Garzón, acusó a Podemos de ambigüedad ideológica y apuntarse a posiciones socialdemócratas, como el PSOE; el ministro de Industria cursó una lección de nula inteligibilidad sobre el precio de la energía en el programa El Objetivo, sin que la audaz Ana Pastor le recuerde que el déficit tarifario viene de Aznar y no de la época de Zapatero; y el nuevo portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, se sumó con entusiasmo a lo grosero en sus (falsas) críticas a Podemos, igualándose a Cospedal, Floriano y González-Pons.

Estamos, pues, ante una Infanta con amor, pero sin romance que la evoque en el futuro. Ante una monarquía descapitalizada, una familia desestructurada, unos seres sin ropajes, como refleja el pintor Antonio López en su cuadro recién entregado, que rompe, aunque aún no del todo, con la Historia. Una Infanta que quiso ser mujer objeto y un juez no se lo permitió.

Publicado- 21 Diciembre/ Blog- Puntadas sin Hilo

Ilustración- ‘La Gran Familia’ Alfons López

 

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Atragantamiento en Génova

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El cuento de la abuelita

Por Ignacio Escolar

Érase una pobre abuelita sexagenaria que presidía un partido madrileño incompatible con la corrupción. A pesar de su alegría y su bondad, la abuelita tropezaba una y otra vez con malvados políticos que se aprovechaban de ella y abusaban de su confianza para robar. Bajo las faldas de esta sexagenaria de voz temblorosa, creció un consejero de Deportes llamado Alberto López Viejo, que se llevó 5,5 millones de euros en mordidas de la Gürtel. Y unos consejeros de Sanidad llamados Juan José Güemes y Manuel Lamela, imputados por cohecho y prevaricación. Y un presidente de la patronal como Gerardo Díaz Ferrán, hoy preso en Soto del Real. Y un montón de alcaldes, concejales y diputados autonómicos que hicieron de la Comunidad de Madrid un lodazal que la pobre abuelita se afanaba por limpiar.

La abuelita se llama Esperanza Aguirre y ayer volvió a tomar el pelo a los ciudadanos con otro cuento increíble de tragar. A la pobre sexagenaria la han vuelto a engañar, una vez más. Ha descubierto, “alucinando en colores”, que lo que medio Madrid ya sabía sobre Francisco Granados era verdad: que su fiel lugarteniente era un político corrupto, un chorizo, un ladrón que al parecer se forró cobrando comisiones del 3% aquí y allá.

“Si hubiera tenido la sospecha más mínima, habría actuado con prontitud”, dice ahora Esperanza Aguirre. No puede ser más cínica. Descartado que Aguirre sea estúpida, sólo queda pensar que no se quiso enterar. Francisco Granados es el mismo político  al que le quemaron un coche en su garaje que estaba a nombre de un constructor de su pueblo pero conducía su mujer. En lugar de sospechar, Aguirre llegó a decir que era “un atentado político”.

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Granados es también el político que se construía a su medida una enorme mansión del tamaño de un centro de salud y que no parecía tener intención de pagar. Y es también el mismo político siniestro que escogió a varios de los espías de la Gestapillo, esa agencia de mortadelos pagada por la Comunidad de Madrid y que en parte estaba formada por guardias civiles de Valdemoro, el pueblo del que Granados fue alcalde.

El fétido olor de la corrupción hace años que impregnaba todo lo que Granados tocaba. Lo sabíamos varios periodistas, que publicamos muchas de estas historias. Lo sabía la oposición, que le señalaban como gran conseguidor. Lo reconocían en privado otros dirigentes del PP, que contaban que desde Génova le habían llamado la atención. Lo sabía medio Madrid, menos Esperanza Aguirre. Ella no.

Francisco Granados no sólo es el principal beneficiado de esta nueva trama de corrupción, sino también su presunto promotor. La operación Púnica, como la ha bautizado la Guardia Civil, saca su apelativo del nombre científico del granado: Punica granatum. Correa es a la Gürtel como Granados a la Púnica. Como ambas tramas corruptas, al Partido Popular de Madrid.

Aguirre dice ahora que “no va eludir su responsabilidad”. ¿Y cuál es esa responsabilidad? “Pedir disculpas”, nada más. La abuelita retirada de la política que aún preside el PP de Madrid dice sentir “una profunda vergüenza”, pero no se plantea dimitir. También seguirá trabajando para una empresa de cazatalentos; es evidente su buen ojo a la hora de fichar.

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Hay que recordarlo: Esperanza Aguirre llegó a la presidencia de la Comunidad de Madrid gracias al ‘tamayazo‘; fue el propio Francisco Granados quien presidió la comisión de investigación parlamentaria para “aclarar” ese caso de corrupción. Fue la candidata que pagó gran parte de su campaña electoral a la Gürtel, por medio de “donativos” de empresarios como Díaz Ferrán y Arturo Fernández a Fundescam.

Detrás de cada político corrupto hay dos tertulianos, decía una famosa pancarta del 15M. Pronto veremos a algunos periodistas justificar el buen hacer de Esperanza, su mano dura contra la corrupción, su valentía al dar la cara y hablar a los ciudadanos para pedir perdón. Dentro de unos días, lo mismo Aguirre nos cuente que fue ella quien descubrió la trama Púnica, como antes hizo con la Gürtel. El cuento de la abuelita crecerá, ya lo verán. Y habrá quien se lo quiera tragar.

Ilustración- Manel Fontdevila –Francisco Ibañez

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Genocidio en Gaza

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Israel, Palestina: Cómo empezó todo

“Si eres neutral ante situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor” (Desmond Tutu)

Esto, lo que está ocurriendo en Gaza, se inició hace mucho tiempo. Comenzó con los pogromos, las persecuciones racistas de judíos primero en Rusia, después en Europa. Comenzó con el antisemitismo europeo, con el nazismo, con el genocidio contra los judíos y con la posterior decisión de Europa, motivada por la culpa de lo ocurrido, de apoyar y fomentar el sionismo -surgido en el siglo XIX- y la masiva emigración judía a Palestina.

Comenzó cuando el protectorado británico de Palestina miraba hacia otro lado mientras los judíos se organizaban en bandas armadas que cometieron atentados terroristas, matando a gente, contra objetivos británicos y árabes.

En 1947 la ONU, motivada por la responsabilidad y culpa europea del horror contra los judíos, aprobó un plan de partición que asignó el 54% de la Palestina del mandato británico a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional.

En los primeros meses de 1948 las fuerzas armadas judías clandestinas -escribo judías porque así se autodenominaban, y aún no se había declarado la independencia de Israel- elaboraron el Plan Dalet, cuyo fin era, entre otras cosas, hacerse con el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv, una zona que no figuraba como futuro territorio israelí en el plan de partición de la ONU. De ese modo expulsaron a miles de personas y asesinaron a cientos. Es decir, ya hubo entonces un plan de limpieza étnica.

Después, cuando los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel tras su nacimiento en mayo de 1948, las fuerzas armadas israelíes aprovecharon para ocupar más tierras y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó a tener un 78% del territorio (posteriormente, en 1967 Israel ocuparía el 22% restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este).

Tras la guerra del 48, muchos palestinos intentaron regresar a sus casas, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la resolución 194, incumplida hasta hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.

gaza star
Solo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15% de la población, que en 1952 accedieron a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.

Gaza

Gran parte de los palestinos de Gaza son refugiados, expulsados o descendientes de los expulsados en 1948 a través de lo que constituyó, según historiadores israelíes como Ilan Pappé, una limpieza étnica, con el objetivo de levantar un Estado de mayoría judía. Incluso el historiador israelí sionista Benny Morris, ha escrito que “con la suficiente perspectiva resulta evidente que lo que se produjo en Palestina en 1948 fue una suerte de limpieza étnica perpetrada por los judíos en las zonas árabes”.

Los palestinos de Gaza viven hacinados, castigados, limitados. Israel controla qué productos y personas acceden a la Franja y prohíbe la entrada de materiales fundamentales. Practica un castigo colectivo.

Esto, lo que está pasando en Gaza, se inició hace 66 años, cuando se optó por una concepción de Israel como un Estado judío con mayoría judía. Para mantener esa mayoría Israel practica la ocupación, aparta y discrimina a los palestinos y, de vez en cuando, lleva a cabo operaciones militares que matan a cientos o miles y provocan el desplazamiento de miles más.

Para mantener la mayoría judía…

El Estado israelí, para ser fiel a su autodefinición -Estado judío- excluye el concepto de ciudadanía universal. Si aceptara como ciudadanos a los palestinos de Gaza y Cisjordania -territorios que controla u ocupa- su concepción como Estado judío estaría en peligro, ya que la población judía dejaría de ser la mayoritaria.

La elevada natalidad entre los palestinos es una de las preocupaciones principales de Israel. Lo llaman la cuestión demográfica. Ya hoy los judíos dentro de la llamada Línea Verde -las fronteras de antes del 67- conforman el 70% de la población, y se calcula que dentro de veinte años podrían ser el 50%.

Israel se opone a la creación de un Estado palestino pero también se niega a conceder derechos plenos y ciudadanía a los palestinos de Gaza y Cisjordania, porque si lo hiciera, estaría renunciando a su carácter judío como Estado. Es decir, a lo que algunos historiadores y politólogos llaman etnocracia.

Como subrayaba el israelí Sergio Yahni, integrante del Alternative Information Center, en una conversación que mantuvimos en Jerusalén:

 “Israel solo puede ser un Estado judío si mantiene la supremacía demográfica o legal de la población judía, pero para ello tiene o que llevar a cabo una nueva limpieza étnica, como la de 1948, o practicar la segregación étnica legalizada, es decir, el apartheid. Mientras Israel no asuma una verdadera transformación democrática, no viviremos en paz y seguirá la represión”. ( “El hombre mojado no teme la lluvia”, Ed.Debate, 2009).

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La Ley de Bienes Ausentes

Para que Israel pudiera ser un Estado judío, el gobierno del primer ministro David Ben Gurion organizó la recolonización de las tierras y distribuyó los bienes inmuebles que llamaron “abandonados”. Para ello se aprobó en 1950 la Ley de los Bienes Ausentes, que gestionó el traspaso a manos judías de las casas de los palestinos, no solo de los que se habían ido fuera de las fronteras israelies, sino también de aquellos que habían sido reubicados dentro del Estado israelí.

También se aprobaron otras leyes que prohibieron la venta o transferencia de tierras para garantizar que no cayeran en manos palestinas, y que permitían decretar la expropiación de bienes por interés público o declarar una superficie como “zona militar cerrada”, lo que impedía a los propietarios de la misma reclamarla como suya. De ese modo, 64.000 viviendas de palestinos ya habían pasado a manos judías en 1958.

La Ley del Retorno

Otra de las leyes fundamentales y una de las más controvertidas es la Ley del Retorno, que confirma esa insistencia en el carácter judío del Estado a través de la concesión de privilegios a los judíos. Esta ley concede el derecho a la ciudadanía de todos los judíos del mundo, de los hijos, nietos y cónyuges de los judíos, así como de quienes se conviertan al judaísmo. Sin embargo, no incluye a los judíos de nacimiento convertidos a otra religión y de hecho se ha denegado la ciudadanía a varios judíos convertidos al cristianismo.

La polémica en torno a esta ley reside en que Israel no permite regresar a su hogar a los palestinos expulsados ni a sus descendientes. Pero, por poner un ejemplo, un sueco que se convierta al judaismo sí tiene derecho a residir en Israel y a obtener la ciudadanía. Además, es probable que pudiera acceder a ayudas económicas del Estado para financiar estudios o adaptación a su nuevo hogar.

En 2003 se construyó un escalón más en esta política exclusivista con la aprobación de la Ley de Ciudadanía y Entrada en Israel, que indica que los palestinos de Cisjordania o Gaza menores de 35 años y las palestinas de Cisjordania o Gaza menores de 25 años no podrán residir en territorio israelí aunque se casen con un/a israelí. Sin embargo, si cualquier europeo contrae matrimonio con un ciudadano israelí tendrá derecho tanto a la residencia como a la ciudadanía.

La ocupación

La ocupación es la esencia del Estado israelí tal y como se concibe a sí mismo a día de hoy. Los colonos conforman una especie de ejército israelí paralelo al oficial, ya que ejercen una función paramilitar, la de invadir y ocupar, motivados por razones políticas, religiosas y también económicas, ya que el Estado concede préstamos y subvenciones a aquellos judíos que se instalan en la tierra de los palestinos.

En el territorio palestino de Cisjordania viven 450.000 colonos judíos, con una población total de más de dos millones de habitantes. Las colonias judías consumen un promedio de 620 metros cúbicos de agua por persona al año frente a los menos de 100 metros cúbicos de los palestinos. Esto sucede porque los asentamientos se apropian de parte de los acuíferos y de las áreas con más reservas.

Los colonos pueden llevar armas. Además, sus asentamientos están protegidos por el Ejército israelí, que de este modo legitima la ocupación. Es el propio Estado el que administra los terrenos de Cisjordania.

A través de las colonias, Cisjordania se ha convertido en una zona acantonada, sin continuidad territorial, donde los pueblos y ciudades están desconectados entre sí, convertidos en islotes rodeados por controles militares israelíes y por asentamientos judíos. Un Estado palestino con esta Cisjordania actual no contaría con conexión territorial y tendría tantas fronteras como colonias hay.

Exclusión y discriminación

Para controlar a la población palestina, Israel limita sus movimientos, lleva a cabo arrestos arbitrarios, aplica la llamada ley de detención administrativa, que permite mantener encarcelado a un palestino sin cargos ni juicio hasta al menos dos años, impide a los palestinos salir de su localidad o les obliga a esperar horas para hacerlo, les niega servicios públicos fundamentales, les prohibe construir viviendas y de hecho destruye algunas de sus casas, con la excusa de que no cuentan con permisos de construcción que se les deniegan de forma sistemática.

gaza mandela

En la práctica aplica un apartheid y se guía por la ley del talión. Si alguien mata a un israelí, es el propio Estado el que se encarga de la venganza, derribando la casa de la familia del presunto culpable, torturándole a él, a sus amigos o familiares, o impulsando una ofensiva militar en su barrio o en otro, como la actual contra Gaza. Al contrario de lo que debería ser la actuación de un Estado democrático, Israel opta por la venganza en vez de por la vía judicial.

El precio de la paz

Ante ello, Estados Unidos o la Unión Europea se limitan a murmurar con tibias condenas que son simple tinta sobre papel, porque mientras las emiten, mantienen a Israel como socio comercial preferente, le venden armas, le brindan apoyo diplomático y estratégico. Nuestros gobiernos son corresponsables -desde hace décadas- del destino de palestinos e israelíes.

Como me dijo Rami Elhanan, israelí que perdió a su hija en un atentado de Hamás, los judíos que apuestan por excluir a los palestinos se excluyen a sí mismos, “están volviendo al gueto. La solución está encima de la mesa, pero solo llegará cuando Israel se dé cuenta de que el precio de no tener paz es más elevado que el de tenerla”.

Este año Hamás y Al Fatah anunciaron su reconciliación y un acuerdo incipiente para un gobierno de unidad nacional. Las autoridades palestinas han hablado incluso de estar dispuestas a recurrir a la vía judicial para denunciar a Israel en tribunales internacionales. Ante ello, la respuesta de Tel Aviv ha sido más mano dura. No quiere al pueblo palestino unido, porque eso también amenaza el carácter judío de su Estado.

La radicalización está llegando a tal punto que han brotado nuevos grupos extremistas israelíes que atacan a los manifestantes israelíes que salen a la calle para pedir paz y libertad para Palestina.

En su ansia por querer más, Israel sigue renunciando a un acuerdo más que beneficioso para él, por el cual los palestinos tendrían un Estado con tan solo el 22% de la Palestina inicial, lo que supondría ordenar la salida de Cisjordania de los 450.000 colonos judíos, algo a lo que Tel Aviv no está dispuesto, al menos hasta ahora.

De todo esto va lo que ocurre estos días en Palestina, en Gaza, en Cisjordania.

Otro Israel es posible

Cada día que pasa los palestinos son reducidos a números o al olvido, recubiertos por esa perversa sospecha que persigue a tantas víctimas, y que susurra “algo habrán hecho”, “algo habrán hecho”, porque resulta increíble que los crímenes se cometan con tanta impunidad. La entidad que se erige a sí misma como árbitro moral para decidir qué debería ocurrir y qué no en Palestina es la misma que robó y sigue robando la tierra de otros.

No hay solución militar posible porque a pesar de todo, a pesar de lo que dijera Golda Meir en 1969, Palestina y los palestinos existen. La única solución pasa por poner fin a la ocupación, a los asentamientos, a la exclusión. El racismo, según el semiólogo Walter Mignolo, es la decisión de aquellos que están en el poder de clasificar y evaluar el grado de humanidad de los otros con el objetivo de controlar y dominar.

Dicho en palabras de la académica israelí Nurit Peled, “el Estado de Israel, que se declaró oficialmente un Estado de apartheid, se distingue por lo que ha sido siempre el método del racismo más típico y exitoso: la clasificación de los seres humanos”.

Otro Israel es posible, al igual que otra Sudáfrica fue posible.

Por Olga Rodríguez– periodista

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Rusia devoradora

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Putin: regreso al pasado

Por Antonio Elorza

La intervención de Putin en Crimea acumula rasgos comunes con la estrategia expansionista de Hitler en los años treinta

Cuando a principios de marzo Hillary Clinton hizo notar que la intervención de Putin en Crimea recordaba la estrategia expansionista de Hitler en los años 30, se ganó buen número de críticas. Evidentemente, el recurso a Hitler parecía demagógico, las situaciones eran muy diferentes, etc. No obstante, si por encima de la distancia histórica atendemos al análisis del procedimiento, los rasgos comunes se acumulan —justificación de la violencia por la protección de ciudadanos e intereses soviéticos, desprecio del Derecho internacional, voluntad anexionista—, con la variante esencial de que los antecedentes del irredentismo de Putin se encuentran en la historia soviética.

Concretamente, a) en la concepción de un espacio político, la exURSS, que ha de estar sometido directa o indirectamente a la dominación de Moscú: el “círculo próximo” de que hablara hacia 1992 el neodemócrata Ambarzumov; b) en el recurso al nacionalismo granruso —que dijera Lenin— como factor de cohesión interno, y c) por fin en la táctica de impulsar el propio dominio mediante la convergencia de movilizaciones de minorías comunistas —hoy rusas— en el país a dominar, cuya acción insurreccional legitima la intervención armada, bien por tropas regulares (Georgia), bien por un ejército ruso enmascarado (Crimea), o por ambas cosas juntas, como ahora puede suceder.

La concesión masiva de pasaportes rusos a los grupos rusófonos o afines, para presentar así la invasión como pedida protectora de sus ciudadanos, ya experimentada con éxito en Osetia del Sur, se repite en Ucrania. De ahí la alarma de Hillary Clinton: también los sudetes eran de lengua alemana, pero eso no justificaba mutilar Checoslovaquia. Por eso conviene desconfiar de las declaraciones de Putin. Él mismo lo explicó: el fin de la URSS fue la gran catástrofe del siglo XX. ¿Por qué no reconstruirla en la medida de lo posible, a favor de debilidades ajenas? Pudo verse en 2008: la intervención en Osetia era una cosa, bombardear e invadir Georgia, otra. Ahora el juego es claro: siendo imposible tutelar Ucrania, toca su desmantelamiento.

“La defensa del socialismo es el deber internacionalista supremo” dijo Brezhnev (Suslov) para justificar la invasión de Praga en 1968. Y antes hubo Hungría en 1956. Pero en vez de “socialismo” se trataba ante todo del espacio conquistado en 1945, explicó pronto Brezhnev. Era una idea de Stalin, hoy viva: había que conservar el legado imperial zarista, aunque tantos rusos siguieran en la miseria. Para lograr ahora el regreso al 91, ¿qué mejor que reproducir el procedimiento ya patentado desde 1920-21 en el Cáucaso, para desde la subversión de minorías locales legitimar la intervención armada? Los grupos armados, minoritarios aunque pertenezcan a la mayoría étnica, se presentan por Moscú como expresión de toda la sociedad. Ay de quién les toque. Lo importante es que el orden (ruso) reine en Ucrania.

Ilustración- Joao Fazenda

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