Archivo de la categoría: con la economía a cuestas

La vergüenza nacional

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Spanish Shame

Por Antón Losada

Empezamos la semana post 1-0 con el independentismo llenando las calles, convencido que la independencia estaba la vuelta de la esquina porque a Europa no le iba a quedar más remedio que intervenir ante la imagen brutal ofrecida por el Estado español y la innegable demanda de la sociedad catalana.

Por su parte, en el otro lado cundía el desanimo y el desconcierto por las imágenes de los antidisturbios contra las urnas y la desesperación ante la inacción de un Mariano Rajoy que, una vez más, tenía las horas contadas por cobarde y pusilánime.

Hoy renace el mito de la mayoría silenciosa, las calles rebosan de banderas de España y las estaciones y notarias de empresas que huyen de Catalunya, sin complejos se llama golpismo a la gente votando y Mariano Rajoy vuelve a ser ese líder imbatible, maestro de los tiempos, inigualable en su habilidad para maximizar los errores del adversario. Entre el independentismo cunden la división y el desanimo ante la constatación de aquello que no veía sólo quien no quería verlo: ni Europa va a intervenir en su ayuda, ni se puede declarar la independencia en el corazón de la UE y esperar que todo siga igual.

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¿Qué ha pasado? ¿Quién tiene razón? Ha pasado aquello que inevitablemente tiene que pasar cuando unos se empeñan en negar la realidad y la demanda mayoritaria de votar, mientras otros se obstinan en declarar la independencia sin contar con un indispensable y abrumador respaldo social. Los dos relatos se equivocan y hacen una lectura errónea de una realidad que se empeña en seguir su propio camino y no plegarse a las conveniencias de unos y otros.

La gente y el dinero no huye de la independencia, escapa de la incertidumbre. No es que quieran quedarse en esta España, sólo les asusta la incapacidad manifiesta de unos y otros para buscar soluciones. La unidad de un Estado no puede fiarse únicamente a las amenazas y al miedo del dinero, tampoco a la estrategia marianista de agotar al rival hasta que se equivoque. La independencia de nueva nación en la Europa de hoy sólo puede llegar de manera acordada, no por la vía unilateral; por muy duras que puedan resultar las imágenes de los telediarios.

Sólo existe un dato común a ambos relatos: la vergüenza de muchos y el asombro de toda Europa al comprobar la incapacidad de la democracia española para resolver sus dilemas políticos como hacen las democracias avanzadas: por la vía de la negociación y el compromiso.

Seguramente la Unión Europea puede decirlo más alto, pero no más claro. Ni el gobierno español puede seguir por la vía de la violencia legal y la represión policial como única respuesta a una legitima demanda política, respaldada por un apoyo social tan evidente como amplio, ni la Generalitat puede empeñarse en seguir forzando la vía de los hechos consumados declarando una independencia que ningún Estado de la Unión va a reconocer.

Ahora pueden escuchar y empezar a negociar un compromiso o pueden seguir abochornándonos a muchos hasta el infinito y más allá.

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Brexit time

‘To Brexit or not to Brexit’

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Reino Unido no está plenamente dentro de la UE, no participa de la moneda común ni del espacio Schengen

No existe un peligro real de que Reino Unido salga de la Unión Europea. Por una razón elemental: Reino Unido no está plenamente dentro de la UE. No participa de la moneda común ni del espacio Schengen. Y ha logrado amañar con Bruselas unas condiciones inaceptables para chantajear con la permanencia: ni cesión de soberanía, ni libertad de movimientos a los ciudadanos comunitarios, ni siquiera igualdad en los derechos laborales.

Eran los presupuestos desde los que David Cameron estaba seguro de haberse granjeado la victoria del referéndum. No proponía a sus compatriotas permanecer en la UE, reivindicaba una situación de privilegio y de excepción que discriminaba a los demás países y que retrataba al proyecto comunitario en su extrema fragilidad.

Está claro que la Unión Europea no puede permitirse la salida de Reino Unido. Por razones económicas. Por motivos geopolíticos y psicológicos. Y por cuestiones conceptuales, pero es la misma UE la que ha emprendido un camino de involución y ha degradado sus razones fundacionales. Lo demuestra la psicosis de la inmigración. Lo prueba el alzamiento de las fronteras. Lo explica el rebrote de los nacionalismos y de los neofascismos en la frontera Este. Lo acredita la vergüenza del pacto con Turquía.

Se le han dado al autócrata y teócrata Erdogan expectativas de integración en la UE como prebenda a la externalización de la crisis de los refugiados. Más lejos está Turquía de los estándares comunitarios —libertad de expresión, presos políticos, islamización—, más cerca se encuentra de incorporarse al sindiós comunitario.

El problema de idiosincrasia, de sentido, de crisis existencial, le sorprende a Europa en la tesitura de aferrarse a la victoria de Cameron, cuya euforia y temeridad en el momento de proponer el referéndum se resiente ahora de la tragedia personal que supondría perderlo. Debería abdicar, purgar su irresponsabilidad, expiar el abuso del estrés plebiscitario en las cuestiones viscerales, de Escocia a Bruselas.

Tony Judt tiene escrito que los británicos no son realmente europeos en la connotación y evolución comunitarias. La peculiaridad insular, la historia y el sentimentalismo del imperio explican que un vecino de Bristol sienta más cercana una playa de la India o un paisaje neozelandés que una aldea de Eslovenia o una isla griega.

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Se explica así la ineficacia de los mensajes apocalípticos que han coreografiado todas las instituciones, tratando de seducir a los escépticos con el miedo y la aprensión. La cuestión es que no se vota con la cabeza. Ni siquiera puede decirse que la victoria del Brexit constituya un revulsivo a la xenofobia. Nigel Farage se atribuirá todos los méritos en la eventualidad de la ruptura y en la simplificación del debate, pero no se explica el euroescepticismo sin el euroescepticismo que ha fomentado la UE.

Por Rubén Amón

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‘Marca España’

La ciudadanía está más que harta del descaro con el que los culpables de la crisis se están yendo de rositas con el dinero de los contribuyentes. Gracias a la vista gorda de nuestras autoridades, para las que el interés público es siempre secundario frente a los intereses privados de los poderosos.

La detención bajo fianza multimillonaria impuesta a Gerardo Díaz Ferrán no es más que otra cortina de humo con la que se trata de ocultar que, aparte de este cabeza de turco, en España hay miles de evasores de capitales y defraudadores de impuestos que hurtan al Tesoro público el equivalente al 23,3% del PIB.

En nuestro país padecemos la tercera tasa de fraude fiscal más elevado de la UE-15 y en los últimos tres años de crisis los ingresos tributarios se han reducido en 41.140 millones de euros; más que todo lo que se dedicará al rescate de la banca. Mientras se mutilan los servicios sociales, y se recortan los salarios y las pensiones.

Queremos saber quiénes son los otros Díaz Ferrán…cuyo inolvidable aforismo («hay que trabajar más y cobrar menos») nunca se aplicó a sí mismo. O cuando decía «que la mejor empresa pública es la que no existe» (y la mejor, la que le venden a él) o cuando argumentaba que hacía falta «una reforma laboral profunda y global» para (¡ojo!) “calmar a los mercados”, días antes de dejar a sus propios trabajadores sin cobrar.

Éste era el empresario modelo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

labanda presidente

Trabajar menos para robar más

Por José María Calleja

Pensamiento Díaz Ferrán:

Si Esperanza Aguirre es “cojonuda”, le doy mucho dinero para su campaña electoral.

Si la mejor empresa publica es “la que no existe”, me trinco el dinero que los inmigrantes latinoamericanos han ahorrado para pagarse los billetes de avión que les lleven a su tierra en Navidad y dejo a 5.000 personas en la tierra de la España que marca (ocurrió en 2009). Que no hubieran comprado billetes en mi compañía aérea.

Si pagar impuestos es un atraso, demos un mangazo de 50 millones de euros, de los que solo han aparecido 4,9 en Suiza, y expoliemos nuestras propias empresas.

Si de defender a la familia se trata, comprémonos un yate, un casoplón en Baleares, otra vivienda de lujo en Madrid y unos apartamentos en la zona más cara de Nueva York para las hijas, que pasean al perro con un collar con la bandera de España marcada.

Viva el mercado libre, mueran las subvenciones, excepto las mías, viva la competencia libre, la caza a lo bestia y los taxidermistas; viva lo hortera, los coches de lujo y quien los trujo.

Gerardo Díaz Ferrán ha sido el gran timonel de los empresarios españoles durante años, lucecita del Pardo sin apenas criticas entre los suyos; bueno, sí, yo he escuchado a ese empresario hotelero ejemplar, Antonio Catalán (AC), decir en mi programa, en CNN+, que Díaz Ferrán era un “delincuente” y un “defraudador”, y que tenía que dimitir como presidente de la CEOE. El denunciado no interpuso querella alguna. Ningún otro empresario ha dicho en voz alta algo que al parecer todos comentaban, en voz más o menos baja, mientras aplaudían al empresario saqueador ahora detenido como si estuvieran en un congreso del PC Chino.

Queda por saber si en esta cadena de mando de responsabilidades criminales su segundo en el escalafón, Arturo Fernández, no el actor, estaba al tanto de los enjuagues de su conmilitón. También si su sustituto, Joan Rosell, sabía qué tipo de negocios hacía su antecesor.

Ferrán no se ha aplicado nada de su propia máxima “trabajar más y cobrar menos”, y en realidad ha trabajado menos para trincar más. Le han pillado en casa con 150.000 euros, un lingote de oro  -que dicen que vale 60.000 euros- y una cara dura como el cemento armado.

El jefe, hasta hace un rato, de todos los empresarios españoles de la CEOE, pensaba que sobraban todos los sindicatos  -excepto el del crimen, entiendo- y debía ver con buenos ojos la amnistía fiscal, al final de la cual ha sido detenido.

Díaz Ferrán es de esa corriente de pensamiento económico que sostiene que no hay mejor cosa que no pagar impuestos. Coherente hasta el fin con su ideario, evadía a Hacienda, alzaba bienes, tomaba el dinero y corría. Un ladrón, por decirlo claramente.

En Suiza están alterados, han descubierto que en el local empresarial de la España que marca, se juega.

Ilustración- Jordi Labanda

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El Rescate conlleva recortes y termina en recesión.

Rajoy es el profeta de las malaventuranzas.

A los bancos que han malversado los fondos de sus clientes, se les recompensa con el dinero de todos. Y a los parados que cotizaron cuando tenían curro, para moverles a buscar un empleo chungo y mal pagado se les mangará al menos dieciocho meses de lo que es suyo. A este paso, la jubilación quedará reducida a cinco años, para animar a los viejos a espicharla y así ahorrarnos hospitales o excursiones del Imserso.

Robin Hood no existe. Bobín, sí.

Subimos el IVA para que baje el turismo y suba el fraude. Privatizaremos la Renfe, que es lo único que funciona en este país. Puestos a elegir, frente al “que se jodan” de la niña de Fabra, prefiero el “manda huevos” de Federico Trillo. “¿De qué se ríe, señor ministro, de qué se ríe?”, que diría Mario Benedetti. Nos prometen pobreza y les compramos la moto: “Pobre es aquel que necesita demasiado”, dijo en la cumbre sobre sostenibilidad de Río, Pepe Mújica, el presidente de Uruguay.

Habría que pensar qué es realmente lo más recomendable. Si elegir entre ‘lo malo o de lo malo lo peor’. Lo malo es no decir la verdad desde un principio.

Pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana La Roja, pero enmudece cuando su gobierno le miente y le traiciona.

La prima toca máxicos históricos mientras el fortín del Congreso cierra por vacaciones.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

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¿Pero qué mentira es esta?

Ahora lo llaman racionalización.

Llamen como lo llamen. El caso es que se puede nombrar de muchas maneras: reducción, supresión, recorte, reforma, bajada/subida, austeridad,… Es lo que se podría empezar a conocer como el Estado del Malestar. Sí, ese estado al que nos tendremos que acostumbrar a partir de hoy. En total, entre éste y el anterior recorte, 92.000 millones de euros de ahorro -en principio- que el Gobierno de España va a acometer en los próximos años. Es el resultado de las mayorías absolutas.

Las pensiones, el sistema funcionarial, las prestaciones por desempleo, los incentivos a los autónomos-al empresariado joven, las ayudas a la dependencia, la representatividad sindical o municipal (o sea, la voz de los ciudadanos), la asistencia sanitaria o el acceso a la educación pública y gratuita. Todo esto, y mucho más, se está yendo al garete. Todo por haber mirado de soslayo a las cuentas de un país que gastaba por encima de sus posibilidades. Una permisividad de gasto a ciertas Comunidades Autónomas inimaginable, por cierto.

Todo por no haber controlado esos gastos superfluos en abrir aeropuertos y más aeropuertos, en AVEs, en creación de mega-palacios de congresos, campos de golf, super-Vegas españolas, macro-cárceles… y sus correspondientes facturas de mantenimiento. Y poco en inversión cultural y en I+D también, por cierto.

Se están además trastocando las libertades y los derechos, claramente. Libertades y derechos que conseguimos en los 80, y adonde precisamente ahora parece que estamos abocados a volver. No ya a ese Estado del Bienestar de hace treinta años, sino al siglo XIX. Ya lo advirtieron los sindicatos y los economistas heterodoxos tras la última reforma laboral: hemos retrocedido más de un siglo en privilegios sociales, entregando todo el poder al patrón, dejando en sus manos la modificación de las condiciones laborales y desactivando la fuerza colectiva al devaluar los convenios. Si a ello le sumamos el creciente ejército del montante de seis millones de parados, que consigue el efecto de abaratar la mano de obra y obligar a los trabajadores a aceptar lo que les echen, el viaje al pasado es total.

Había otras propuestas de tijeretazo, como gravar grandes fortunas, recortar el dinero a la Iglesia o reducir más la asignación de la Casa Real. Pero Rajoy dice que no.

Mientras tanto, se lleva a cabo una amnistía fiscal a los defraudadores.

100.000 millones de inyección a la Banca nacional. Que nadie dice que no sea necesaria, pero no tenía que haber sido necesario si los políticos (de derechas, de centro, de izquierdas) hubiesen hecho su trabajo. ¿Dónde ha estado el Banco de España? ¿Y tantas Cajas politizadas? ¿Y tanta manga ancha en dar créditos para inflar aún más la burbuja inmobiliaria y las deudas de los ciudadanos? Ahora se habla de crear ‘Bancos malos‘. Lo dice Bruselas. Es el resultado de no cumplir bien los deberes precisamente por estar en la UE.

El modelo basado en el crédito ahora no tiene cómo volver a crecer y crear empleo. Demasiado poco control para que unos hincharan sus arcas y otros tantos se vean abocados a pagar viviendas que ya no tienen. Es el resultado de la vanidad típica de esta cultura latina. De poseer, de tener, de querer más y más.

Y, para más inri, sube el IVA. Ya en el BOE, se aplicará de facto a partir de septiembre. Lo que significará una pérdida del poder adquisitivo y del consumo, se quiera admitir o no. Una medida ya de por sí injusta. Un impuesto que será uno de los mayores mayores en Europa, sólo por detrás de Grecia, Portugal, Irlanda y los tres estados nórdicos (Dinamarca, Suecia y Finlandia). Se estima que supondrá de media un aumento de gasto de unos 500€ por familia al año. O sea que estaremos igual o peor como hasta ahora, eso seguro.

Una subida que cuando lo llevó acabo el anterior Ejecutivo se criticó desde las filas populares.

Improvisación permanente, ocultación de la letra pequeña. Todo ello acompaña al plan de estabilización más fuerte de la historia contemporánea.

Todo me recuerda a aquella frase de Sara Montiel, hace ahora diez años, cuando negaba que se había casado, con ese”¿Pero qué pasa? ¿Pero qué invento es esto?“.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Vivir por encima de…

Solo hay dos futuros para Europa y cualquiera de los dos llegará pronto.

O Alemania quita el freno de mano y permite una verdadera unión económica que garantice la solvencia de los países miembros y de sus sistemas financieros; o el euro se rompe, vuelven la peseta, el dracma, la lira y el marco, con unas consecuencias durísimas para todos, también para el estado germano.

Hace falta que los países del sur cumplan con sus cuentas públicas, pero también una Europa solidaria con un Tesoro común que proteja al euro: el que circula en Berlín y el que guardan en el colchón los aterrados atenienses. No queda ya ni mucho tiempo ni muchas más salidas. Si Alemania no permite otras políticas, tras el fracaso del rescate parcial a España viene el rescate completo.

Y tras España, la siguiente en caer es Italia.

Un dosier para Merkel y Lagarde

Por Elvira Lindo

Hace tres años escribí en esta misma columna en la que estoy sentada (si me pusiera en pie, daría un mitin) que antes de la crisis yo tiraba las páginas ocres de los suplementos de economía a la papelera. Despeluchaba el periódico como se despelucha un pollo antes de llegar a casa. Exageraba, como pueden imaginar, pero detrás de cada exageración se atisba la verdad, y lo cierto es que las páginas de economía me daban pereza. O perezón, que describe mejor la galbana dominguera. Llegó la crisis, y una se sentó, como se sentaron muchos de ustedes, pertrechada con las gafas de ver (como antes se decía) para ilustrarme sobre lo que nos estaba pasando y sobre lo que nos quedaba por pasar. En un principio me sentí motivada, por aquello de que la dichosa manía de racionalizarlo todo conduce a pensar que la información es el primer paso para el hallazgo de soluciones, pero una vez que los analistas nos han dejado claro que los economistas llevan camino de encabezar el ranking de diagnósticos garrafales y predicciones incumplidas, y una vez que se nos ha contado que algunos de ellos, muy notables, han sido cómplices de la situación en la que nos encontramos aliándose con la perversión financiera, ya no leo las páginas ocres con el ansia de encontrar información que incluya un halo de esperanza; todo lo contrario, lo que siento yo, lo que usted siente, es zozobra y temor. Incluso los artículos del laureado

Krugman me han empezado a dar susto: aun estando de acuerdo con él en lo esencial, que las sociedades ahogadas por las deudas no tienen posibilidad de recuperación, me espanta cada vez que le leo la palabra corralito, y pienso que, sabiendo como él sabe que esta puñetera economía se basa en la confianza y en la especulación, amenazar con corralitos es añadir tres barrotes a la valla en la que podríamos vernos acorralados. Un amigo economista me decía el otro día que los premios Nobel son muy peligrosos, por cuanto provocan demasiada fe en los lectores. Digo yo que entre el catastrofismo de Krugman y el optimismo insensato que mostró Rajoy cuando le concedieron el ya denostado préstamo tiene que haber un clavo ardiendo al que agarrarse.

En los últimos tiempos procuro centrarme en la sección de Sociedad. Al menos me informa de cómo afecta a los seres humanos la puñetera economía. Inmigrantes que han de regresar a su país de origen porque pierden el trabajo, desahucios, comedores de Cáritas, niños que sufren el paro de sus padres, familias que viven de la pensión de los abuelos, abuelos que tienen que abandonar la residencia y volver a casa, jóvenes que regresan a la casa paterna, trabajadores interinos de hospitales que se quedan sin trabajo a los cincuenta años, profesores interinos que han de abandonar una escuela pública que ve aumentar su ratio de alumnado por clase. Todo eso a diario. Para entender esa realidad no hace falta tener formación de economista ni trabajar en un organismo europeo. “Esto es simple, querida, como un globo de luz del hotel en que vives”, como decía el poeta González Tuñón. Deberían guardarse convenientemente todas esas historias y archivarlas en una carpeta, clasificadas por países, según el orden de intervención: Portugal, Irlanda, Grecia, Italia, España. Los países castigados. Y una vez que estuvieran recogidas esas penurias individuales que expresan tanto de las consecuencias de este puñetero martirio económico, le mandaría el dosier a personas como Christine Lagarde, directora del FMI, que debe de observar desde muy lejos el desamparo en el que se encuentran muchas familias europeas del sur como para atreverse a decir que hemos de reservar la piedad para los niños africanos. O a Angela Merkel, en la que no conviene personalizar la decisión de este castigo, puesto que ella obedece a una ideología concreta, o a una idea respaldada por muchos: los países mediterráneos solo aprendemos la letra cuando nos la inculcan con sangre.

Son muchas las ocasiones en las que he escrito sobre el despilfarro español. Tantas como para que no se me pueda acusar de defender ahora lo que sin duda fue un disparate económico. Basta con salir al extranjero, pisar un aeropuerto de una ciudad europea y compararlo con la T-4 para percibir cómo el gasto en España ha sido irritante. También he defendido que la austeridad debe llegarnos a todos y que debemos enseñar a nuestros hijos de una vez por todas que los derechos no existen sin deberes. Hay que aprender a vivir de otra manera, sabiendo lo que cuesta un curso en la universidad o una visita al médico. Pero eso no tiene nada que ver con que nos vayan encogiendo la sanidad pública o empeorando el sistema educativo. Porque somos también muchos los ciudadanos que hemos trabajado duro, pagado nuestros impuestos e inculcado a nuestros hijos que nadie les debe nada y que la democracia es un ejercicio recíproco de generosidad. Hacer que una parturienta griega no tenga comadrona o que un español de casi sesenta años pierda un trabajo que es a su vez necesario en la sanidad española es hacer pagar a justos por pecadores. Cada vez que nos rebajan el sueldo sentimos como que estamos pagando la factura de esa irresponsable clase política que dilapidó el dinero de nuestros impuestos.

¡Encima!

Artículo de opinión publicado en EL PAIS (24 Junio)

Ilustración- Iker Ayestaran

Por © Iñigo Ortiz de Guzman

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‘Bailout’

Pregunta un periodista: “Si según usted la sociedad no va a sufrir, ¿por qué no se ha pedido antes el rescate?”.

Responde De Guindos: “A usted no le tocaba preguntar ahora”.

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares.

Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes).

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones.

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate o, lo que es lo mismo, bailout en inglés.

En contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

Guste o no.

Según Vicenç Navarro (catedrático de Políticas Públicas) la razón de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre.

Cuesta creerlo, pero así de claro parece ser. Nadie ha dicho lo contrario.

© Iñigo Ortiz de Guzmán

Viñetas- Por Manel Fontdevilla

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Bankiestafados

Embarazada, pero poquito

Por Arturo González

España quedará embarazada pero solo un poquito, como en el chiste, si se confirma que el ‘rescate suave’ por parte de la Unión Europea afectará únicamente a los bancos, quedando el resto de la economía a salvo. Hay que ser muy ingenuo para creer que los bancos españoles van a aceptar esta violación consentida y tragarse ellos solitos las restricciones y condiciones que les impondrá Europa para sanear sus balances sin traspasar esas mermas a los ciudadanos. Prepárense para lo peor en sus relaciones con su banco. De modo que aún no se sabe si al final habrá parto luminoso, con cesárea o desgraciadamente aborto. Por si acaso tomemos la píldora del día siguiente o poscoital, que aún pero por poco tiempo se encuentra sin receta. No nos fiamos de Europa como progenitor; solo Rajoy y Guindos lo hacen, aunque la criatura salga deforme. Los bancos no son ONGs y parece que todavía no ha nacido quien pueda contra ellos. Ahora están escondidos y mendicantes, aparentando poca salud y fortuna. Alguien ha propuesto que ‘su crisis’ la paguen exclusivamente, como sería lógico, los accionistas y los gurús del capitalismo ya han saltado aullando, no, no, tenemos que pagarlo entre todos aun no habiendo comido del pastel. Son inmunes e inatacables.

Porque vamos a ver, ¿alguien se cree que la querella del Fiscal General del Estado contra Bankia por estafa y falsedad prosperará? La falsedad, la administración desleal, el delito contable, algo tan etéreo en el firmamento penal español y qué tan bien habrán preparado. No es temerario decir que nadie lo cree, aunque el pueblo entero lo reclame. Se diluirá como la investigación a Dívar o el ridículo de las diligencias sobre los restos de un tren del 11-M. Si ni siquiera el PP permite que se investigue en el Parlamento, y el PSOE e IU, aun en minoría, no braman hasta la conmoción y el escándalo, sino que se limitan a protestar tímidamente como corderitos respetuosos.

La perdiz está borracha de tanto mareo y dime y direte, con siempre las mismas perdigonadas contra el culo de los contribuyentes ‘normales’. En otros lugares como Francia la perdiz está abatida y se conoce el cazador: ‘Francia cumplirá el objetivo de déficit sin austeridad’, ha prometido el presidente Hollande. ‘Se apoyará más en la fiscalidad que en el ahorro y los recortes’. O sea y en vulgar: que los ricos paguen más y de verdad. También rebajó la jubilación a los 60 años. ¡Mira qué es fácil! Una enmienda a la totalidad del Plan Rajoy.

Nosotros preferimos ser hijos putativos de Europa y Rajoy salvará el pellejo con sus perversiones del lenguaje, hace una semana no se iba a rescatar a los bancos de ninguna manera, y ahora esto es un capón flojito y solo quedarse sin postre. Con ello se asegura la permanencia durante muchos, muchos años. Con las múltiples Oposiciones retorciéndose en el suelo como cucarachas.

Sí, España está embarazada pero poquito por una inseminación artificial de 100.000 millones de euros, una minucia.

Reeditado por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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¡Joe con la prima!

Es como para una película de José Luis Ozores.

Estamos harto preocupados por el nivel de la prima de riesgo, el número más temido desde el 13 que va junto al martes. Es como para dejar de comer, al menos hasta la hora de la cena. Aquí va una buena solución: la web para tener controlada a la prima al instante. O, lo que es lo mismo, la página que nos dirá cuándo es el momento de meternos en el búnker con nuestra escopeta de cartuchos y 1000 latas de melocotón en almíbar.

Ya no se piensa en otra cosa…

No todos tenemos la suerte de manejar la tensión como se debe. Vamos, que no recuerdo que se alcanzaran estos niveles de estrés desde que, en el colegio, nos dijeron que el cantante de Europe había muerto. Poco después nos enteramos que no era cierto y, visto el retorno a los escenarios que tuvo el grupo no hace muchos años, no habría estado de más, la verdad.

Volvamos a centrarnos. Cuando los mayas decían ’21 de diciembre de 2012′, se referían a ’517′ en la prima de riesgo. De un error de traducción vienen estos lodos. Ese es el nivel en el que los mares se teñirán de rojo, habrá una plaga de langostas africanas, Amaia Montero sacará un nuevo disco y Rodrigo Rato conseguirá que un banco que preside dé beneficios.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Francia y Grecia, en la cuerda floja

Se decide tu futuro (y lejos de tu casa)

Por Borja Ventura

En este mundo global que tenemos a nadie extraña que el futuro no dependa de uno mismo. Ahí fuera hay señores que toman decisiones que nos afectan y determinan. Y ese ‘fuera’ atañe tanto a otra ciudad, como a otro país y, en no pocos casos, a señores que toman decisiones en otro continente.

Nuestra vida es así. De hecho, suerte tenemos si tras algunos rumbos tomados hay señores y no ‘mercados’, que tan funestas ideas han tenido con países como el nuestro. Pero pocas veces el futuro de todos nosotros se decide de forma tan directa en dos escenarios simultáneos y en un solo día. Francia y Grecia deciden, nosotros iremos detrás.

Domingo de elecciones. No aquí, sino fuera. Domingo de elecciones en dos países bien distintos, en situaciones bien distintas, con formas de influir bien distintas. Pero que mano a mano nos van a determinar. Este domingo otros ciudadanos van a decidir por nosotros, porque de lo que salga del voto de galos y helenos dependerá en gran medida lo que suceda estos años y el rumbo que tome la crisis. Y no, no es uno de esos eslabones de la cadena. Es, posiblemente, una decisión en dos escenarios que cambiará todo de una forma u otra. Francia puede decidir un cambio de rumbo económico para todos, y Grecia puede votar a un partido que termine de pegar fuego al euro. Siéntate, coge un cuenco de palomitas y disfruta. El apocalipsis de la UE será televisado.

¿En qué puede cambiar mi futuro el voto de los franceses?

Si has notado que la crisis se ha recrudecido tras un periodo de estabilización es en gran medida porque en Europa se ha impuesto una política de austeridad total en forma de recortes, presión fiscal y saneamientos de cuentas. Y si Europa ha hecho eso es porque Alemania lo ha decidido y Francia ha aplaudido. La presión de los recortes ha sido tan fuerte que algunas voces discrepantes han empezado a surgir, diciendo que sólo con recortes se terminará de ahogar a la gente y que hay que tomar medidas de estímulo.

Si no te has enterado de lo del punto anterior, te lo traduzco. ¿Recortes? Sí, menos dinero para determinadas cosas, como educación, sanidad, becas, investigación… ¿Presión fiscal? Sí, aumento de impuestos, sea en el IRPF, sea en el IVA a partir del año que viene. ¿Saneamiento de cuentas? Sí, obligar a bancos y autonomías a reducir sus deudas o a ahorrar más dinero para responder, lo que hace que tengan menos dinero para, por ejemplo, prestar a los ciudadanos. ¿Medidas de estímulo? Sí, medidas económicas que permitan que empiece a circular dinero, aun a costa de descuadrar las cuentas, para intentar que la economía se mueva (que la gente consiga préstamos, compre, invierta, se cree empleo y todas esas cosas)

  • ¿Qué puede cambiar si Hollande gana a Sarkozy? Todo. Para empezar, el color político de Europa, que en los últimos años ha pasado del rojo socialdemócrata al azul conservador y liberal bajo el que se han puesto en marcha esas medidas que tanto nos han hecho apretarnos el cinturón. La locomotora europea es Alemania, pero su comparsa es Francia. El tándem Sarkozy-Merkel, ambos bajo un mismo signo político, ha actuado por su cuenta y ha arrastrado a todo el continente. Pero con Hollande, socialista, Merkel tendría un contrapeso importante que, probablemente, aumentaría su poder rodeándose de las voces críticas a la política económica de Merkel que llega de algunos países poderosos, como Italia.
  • ¿Y quién es Hollande? Hollande es el resultado de una serie de casualidades. Un tipo discreto, prudente, educado, casi gris, que sobrevivió de milagro en política. Pasó un primer trago tras su divorcio de Ségolène Royal, que a la postre sería su rival en el partido y, además, le derrotaría. Cuando Royal se estrelló contra Sarkozy en las elecciones de hace cinco años supo salir a flote en pleno marasmo socialista francés, pero nadie pensaba que sería él y no Dominique Strauss-Kahn quien lideraría el partido. Cómo iba un tipo tan gris a conseguir hacer frente a un tipo duro, sólido y con la experiencia de dirigir el FMI. Pero llegó el escándalo sexual de DSK y Hollande se impuso como siempre, con calma y sin hacer ruido.
  • ¿De qué depende quién gane? De muchas cosas. Para empezar, el sistema electoral galo es diferente al nuestro, con un sistema de dos vueltas en el que para la segunda sólo concurren los dos candidatos más votados. En la primera vuelta apenas hubo distancia entre Sarkozy y Hollande, y la clave estaba en los otros partidos. Sarkozy endureció aún más su discurso para robar votos a la ultraderecha, que quedó tercera con su mejor resultado hasta la fecha. Sin embargo, su líder, Marine Le Pen, ya dijo que iba a votar en blanco. Hollande intentó lanzar guiños a centristas, liderados por Bayrou, e izquierdistas, liderados por Melenchon, con cierto éxito: ambos le apoyarán y puede que su electorado también.
  • ¿Cuál puede ser la clave? Ese sistema a doble vuelta es el que condiciona todo porque se elimina de un plumazo la posibilidad de castigo a los dos grandes partidos, como suele suceder cuando hay descontento con la clase política. Sólo ha habido una excepción, hace más de una década, cuando la ultraderecha llegó a la segunda vuelta a costa de los socialistas, algo que fue una bomba el la línea de flotación de la Francia democrática. Del mismo modo, elimina de la ecuación a los partidos populistas que tan bien se manejan en contextos de crisis y acaban enrareciendo el ambiente y destabilizando gobiernos. Sólo hay que ver el ejemplo holandés.

¿En qué puede cambiar mi futuro el voto de los griegos?

La situación de Grecia es justo la contraria de la francesa. Ellos no deciden lo que se hace en Europa, sino que sufren lo que Europa decide que hagan. Son el farolillo rojo del continente, quienes han lastrado a buena parte de la economía europea, iniciando la cascada de rescates y haciendo que los ‘mercados’ desconfíen de otros países periféricos, como Portugal, Irlanda, Italia o España. La situación en Grecia es tan extrema que no les gobierna quien ellos eligieron, sino un Ejecutivo artificial impuesto por Europa y pactado por los partidos sin que los ciudadanos hayan dado su opinión. Esta situación antidemocrática llegó después de que los conservadores falsearan todas sus cuentas y escondieran el agujero negro del país a las autoridades económicas europeas y los socialistas fueran incapaces de recortar todo lo que Bruselas exigía para darles el dinero prometido.

El resultado es impredecible. La ciudadanía, harta, decepcionada, incendiando la calle huelga general tras huelga general, ha visto que su clase política es incapaz de resolver sus problemas y que viven bajo la imposición de un gobierno de títeres que ellos mismos no han elegido. Es de esperar, pues, que partidos minoritarios con líderes carismáticos encuentren su caldo de cultivo perfecto para emerger. Puede ser el populismo de derechas o el de izquierdas, puede ser un movimiento social radical, puede que un partido ultranacionalista. Lo único que es más o menos esperable es que el color del Parlamento griego sea notoriamente euroescéptico. O no.

  • ¿Qué puede pasar? Lo más probable es que los dos grandes, que llevan alternándose en el poder, salgan castigados y emerjan partidos extremos de izquierda o derecha que puedan desestabilizar aún más al país y, en consencuencia, a la Unión Europea, de la que muchos de ellos querrían salirse sin pagar sus deudas pendientes. Lo más salomónico, que los dos grandes vuelvan a intentar un gobierno de coalición para seguir aplicando las recetas de Bruselas, aumentando así el descontento social y quizá agravando aún más el problema de cara a las próximas elecciones, lleguen cuando lleguen.
  • ¿Quiénes son los dos grandes partidos? A un lado los socialistas del PASOK, que gobernaban antes de este Ejecutivo ‘impuesto’. De la mano de Evangelios Venizelos, ministro de economía en la actualidad y mano ejecutora de los recortes. Al otro, los conservadores de Nueva Democracia, con Antonis Samaras al frente, el favorito de la Unión Europea, pero quizá no de unos griegos que vieron que su partido falseó las cuentas públicas para mantenerse en el euro.
  • ¿Quiénes están a la izquierda de los grandes? Formaciones como el Partido Comunista, de Aleka Papariga, una veterana comunista venida de tiempos pasados que ha subido como la espuma en los sondeos. O como Syriza, una coalición de izquierda radical liderada por un joven político surgido de la fragua de las protestas estudiantiles.
  • ¿Quiénes están a la derecha de los grandes? El partido populista ortodoxo LAOS, dirigido por Georgos Karatzaferis, una escisión del partido conservador liderada por el emergente Panos Kammenos y, especialmente, los neonazis de ‘Amanecer Dorado’ que acaudilla el exmilitar Nikolaos Michaloliakos.

Lo dicho: ve a por unas palomitas y siéntate en el sofá a esperar a ver qué música tocan ahora los violinistas del Titanic europeo.

Noticia recogida por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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