Ciudad muerta

ciutat morta cartel

4 de febrero de 2006. Una noche en la que se celebraba una fiesta okupa en un edificio perteneciente al ayuntamiento de Barcelona, en el distrito de Ciutat Vella.

Tras una pelea entre los asistentes y agentes de la Guardia Urbana, una maceta lanzada desde la parte superior impactó en la cabeza de uno de los policías hiriéndolo de gravedad (acabó en estado vegetativo). Siete personas fueron detenidas. Quizá a causa de la reyerta, acabaron en el Hospital del Mar. Allí coincidieron con Patricia Heras y su amigo Alfredo, que habían tenido un accidente de bici, pero la policía pensó que también habían estado involucrados en los hechos del edificio okupa. Tras el juicio, fueron condenados a entrar en prisión. El Tribunal Supremo ratificó la sentencia y así Patricia Heras cumplió sentencia en 2010. Meses después, cuando pudo salir de la cárcel gracias al tercer grado, Patricia se quitó la vida saltando desde la ventana de su habitación. Ninguno de los condenados reconoció nunca haber participado en esos hechos. Patricia narró todo lo vivido en aquella noche del 4 de febrero en su blog, Poeta Muerta.

En 2011, dos de los agentes presentes aquella noche allí y cuyo testimonio sirvió para encarcelar a Patricia y al resto de condenados, se vieron involucrados en una paliza a un chico negro, hijo de un diplomático, siendo condenados. Fue el último empujón para que Xavier Artigas y Carlos Ortega dieran el paso de rodar esta película que arrancó gracias a una campaña de micro-mecenazgo en la que lograron 4.700 euros. Ese dinero unido a muchas horas de trabajo posibilitó la producción de este documental.

El documental no hace concesiones, no quiere ganarse al público. No quieren los directores conquistar las buenas conciencias “sino acabar con ellas porque son un paraguas bajo el que se perpetúan el abuso de poder y la impunidad”.

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e cracia

‘Ciutat morta’ (o cómo la mierda flota)

Por Jordi Évole

Ya no lo tienen tan fácil. A muchos que creían tenerlo todo muy bien atado, se les ha escapado el control de lo que no querían que se supiera. Siguen teniendo la sartén por el mango, pero el mango cada vez es más corto. Y no se enteran de que el mundo ya no es como ellos habían soñado, si es que esa gente alguna vez tuvo sueños.

Los esfuerzos políticos, mediáticos, policiales o judiciales para silenciar la historia de ‘Ciutat morta’ habrían triunfado en otra época. Pero ya no. Empujando desde abajo se puede lograr que una noticia silenciada por los de arriba llegue a ser portada. Los autores del documental, Xavier Artigas y Carlos, Xapo, Ortega no lo tuvieron fácil. Intentaron, sin éxito, coproducirlo con TV-3. Pero para ser justos creo que no lo hubiesen logrado con ninguna tele: ni con otras públicas, ni con ninguna gran privada, incluido el grupo en el que trabajo. Lo hubiesen logrado si se hubiese sabido de antemano la enorme audiencia que tendría. El negocio -casi siempre- funciona así. Pero Artigas y Ortega no se rindieron. Lo autofinanciaron con un micro-mecenazgo de más de 4.000 euros, que sirvieron para pagar el 10%. El resto, horas de trabajo gratis. Valía la pena explicar esa historia.

Luego, proyecciones en salas alternativas, festivales, premios, y el silencio -con excepciones- de los grandes medios y el de casi todos los programas, incluido el que yo dirijo. Hasta que una pregunta parlamentaria de David Fernández de la CUP desbloqueó su emisión en la Televisió de Catalunya, una televisión que tiene un canal grande (TV-3) y otros más pequeñitos, como El 33. Adivinen por cuál se emitió. (Por cierto, un aplauso para Àlex Gorina).

¡Qué absurdo recorte!

Y, a la desesperada, uno de los policías aludidos en ‘Ciutat morta’ logró que un juez evitase la emisión de cinco minutos del ‘docu’.¡Qué absurdo! El documental se estrenó hace año y medio, se ha proyectado en multitud de salas, se puede descargar gratis, y esos minutos han sido los más retuiteados en las últimas 24 horas. Resultado: más de 250.000 visitas. Lo dicho, no se enteran.

Los autores del documental están agotados pero satisfechos. Y no les debe faltar un puntito de rabia por todos aquellos, yo el primero, que hemos hablado tan tarde de los dramáticos, injustos y tristísimos hechos que narra. Ojalá hubiesen querido participar todos los implicados: los exalcaldes o los jefes y compañeros del policía que resultó gravemente herido, para contar con todos los puntos de vista. Pero no contestaron a la invitación.

Gracias Xavi y Xapo por mostrarnos otra versión de los hechos, la que se quiso silenciar, gracias por denunciar la tortura y por no estigmatizar a nadie por algo tan superficial como su estética. Y, sobre todo, gracias por descubrirnos la ironía, la sensibilidad y la poesía de Patricia Heras.

“Absolución”

He ahorcado a mi inocencia.
Su orgullo adolecido aún voraz no impide que se mee encima,
su belleza efímera,
expira con los últimos latidos suplicantes.
Perdida entre flujos corporales viscosos y detritos.
La he visto patalear rabiosa e indefensa hasta morir,
parecía más humana que yo,
en su rostro desfigurado leo un pánico sumiso y crudo
que me arde entre las piernas…

Le he cortado el cuello a mi ilusión,
la colgué de un semáforo ciego
y vi cómo se desangraba incrédula,
borboteando nerviosa,
vi el dolor brillar muy cerca,
se fue apagando velado tras su mísero destino.

Abro la caja y está vacía.

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