Archivos Mensuales: marzo 2013

Escracheando

El problema es que exploten pocos: eso proporciona excusas a los carceleros del régimen

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El Escarche

Por Maruja Torres

Si existiera un termómetro para medir la temperatura de la sangre cuando bulle de indignación, habría que observarlo atentamente. Entre la repugnancia que producen los malintencionados disparates verbales de los meninos y meninas del Gobierno, y su malévola gestión de nuestros asuntos, parece difícil no reconocerse a uno mismo en permanente estado de preescrache. Somos muchos los que no hemos salido del armario de nuestra ira individual. Pero los cazos casi hierven, aunque todavía no sepamos en qué momento abandonaremos nuestras cocinas para ir a depositar las rebeldías en el caldero común. Un caldero que hay que verter, claro que sí, a las puertas de los responsables.

Sería un milagro que semejante paso colectivo se llevara a cabo sin una dosis de violencia, dada la violencia social y moral que el propio Gobierno aplica con sus decretazos cotidianos, a fuego rápido. ¿De verdad creen que alguien que no tiene con qué dar de comer a sus hijos y que se ha quedado sin techo no acabará por estallar? El problema es que exploten pocos: eso proporciona excusas a los carceleros del régimen. Si lo hiciéramos muchos, muchísimos, ya no sería escrache, sino una actitud mayoritaria más valiosa que los votos que condujeron a los verdugos hasta aquí.

Estamos hartos, eso queda claro. Canalizar la hartura es nuestra tarea más importante. El escrache, ¿les ofende? ¿No les parece democrático? ¿Únicamente ustedes pueden cargarse la democracia, desde lo alto, para imponernos esto?

En Wikipedia se dan muchas versiones del origen de la palabra lunfarda escrache, pero a mí me gusta uno que ni siquiera es su origen. Fonéticamente, me recuerda el verbo francés cracher, escupir, y muy especialmente la novela de Boris Vian J’irai cracher sur vos tombes, que trata de la venganza de un mulato contra la tiranía de los blancos. Pues eso.

Twitter- @marujatorres

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Stupid Paro

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El bote del desempleo ya supera los cinco millones. La generación que va a entrar en el mercado laboral se verá abocada a marcharse o a acceder en condiciones penosas. La generación que alcanza ahora su madurez laboral perderá lo mejor de su vida intentando recuperar sus niveles de renta. La generación que se encamina hacia el final de su vida laboral, saldrá del mercado a precio de saldo. Bueno para los negocios y la patronal. Malo para la economía y el país.

El paro supone un desastre económico, pero sobre todo implica un desastre social. El coste no se limita solo a la dimensión económica. Se distribuye a través de la confianza en las instituciones, el capital social o la calidad de la democracia. Si el sistema no se ocupa de sus problemas, cuando la red social de subsistencia no aguante más, mucha gente acabará buscando algo o alguien que sí lo haga.

Mientras, el gobierno solo tiene ojos para el déficit y solo tiene un relato y un mensaje en la boca: austeridad. En sus discursos habla del empleo como la gran prioridad, pero en sus políticas la creación del empleo va la última de la lista. Cuando todo lo demás se haya arreglado, entonces nos ocuparemos del paro.

En frente, la oposición mayoritaria se pierde en un discurso paralelo donde ofrece lo mismo que el PP, pero mejor, una especie de “austeridad con rostro humano”. Se puede crear empleo y reducir el déficit, dicen. No es cierto. O déficit o empleo. O devolver las deudas ahora, o crecer para devolverlas cuando se pueda. Sin un discurso alternativo, no puede haber alternativa.

Solo hay un parado que preocupa de verdad al Partido Popular y al gobierno: Luis Bárcenas. Por él, se hace lo que sea. Desde una simulación en diferido a una conexión en directo. Si al ejecutivo le preocupasen tanto los derechos y oportunidades de los otros parados, seguramente nos iría a todos mucho mejor.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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