Archivos Mensuales: enero 2013

Asuntos internos

cinismo socratismos

Por Boris Izaguirre

Esperanza Aguirre acudió al programa de Carlos Herrera el mismo día que medio país se despertaba escandalizado, otra vez, al enterarse de que el antiguo tesorero del Partido Popular, Luis Bárcenas, había acumulado 22 millones de euros, tan bien conservados como él mismo, en un banco suizo. Esperanza, que ahora es “buscadora de talento”, dijo que desde hace tiempo ella viene exigiéndoles a los partidos que abran una “especie de oficina interna para, eso, estudiar, analizar los asuntos internos y evitar estas situaciones”. El problema con la propuesta de Aguirre no es que llegue tardísimo, sino que nuestro panorama político se despierta cada mañana con todo el aspecto de ser un pestilente asunto interno.

De poco sirve escandalizarse por este mal olor, ni sobreactuar, ni sentir que nos volvimos una imitación contante y sonante de las repúblicas latinoamericanas. No hace falta nada de eso, lo que deberíamos hacer es un buen trabajo de fontanería o pedir a Bárcenas y a los Pujol que nos enseñen cómo se hace, cuándo y con quién. Está claro que el sistema de los partidos, de las empresas y de los bancos favoreció el enriquecimiento ilícito y la impunidad; lo que no está bien es que solo lo sepan hacer unos cuantos. Hay que aprenderlo todo, desde cómo desfilar ante las cámaras en la Audiencia y que tu esposa combine abrigo de piel, bolso de lujo y radiografía de última tecnología, hasta cómo hacer que una operación bursátil te permita movilizar periódicamente miles de euros sin que nadie en el partido levante una ceja. O las dos.

Los dos ojos son necesarios para ver bien a Juan José Güemes, el hombre con mejor pelo del Partido Popular y cónyuge de Andrea Que se Jodan Fabra, que se mantuvo encantador y discreto sobre su participación en las empresas que suplen de material médico a los hospitales que privatizaba. Güemes no perderá su carrera ni su envidiable cabellera, solo será un corte de pelo doméstico, lo más seguro es que en pocos meses pueda volver a ponerse el moño donde quiera sin necesidad de crecepelo. Mientras, el Partido Popular insiste en que los asuntos internos se lavan, como la melena, en casa.

Habría que repeinar la coincidencia de que Esperanza Aguirre haya conseguido un empleo en un área profesional nueva para ella al mismo tiempo que Belén Esteban se estrena como consejera telefónica para el ahorro tarifario en una empresa de telefonía móvil. Está claro que la crisis nos está cambiando y seguimos sin darnos cuenta hacia dónde. Pero Esperanza y Belén sí lo saben y andan, cada una por separado, promocionando sus nuevos proyectos. Como los Pujol en México.

Pero Cataluña aún no es Liechtenstein, y Sevilla, tampoco. Nuevos proyectos que acaban en otro asunto interno: el duelo de damas, volantes y moños que se está viviendo en Sevilla entre las dos pasarelas de la moda flamenca, esa que te pones o bien en la Feria de Abril o en el Rocío, seas del PSOE o del PP. Raquel Revuelta y Laura Sánchez se han visto enfrentadas. Revuelta lleva unos años dirigiendo el Simof, un salón oficial de moda flamenca sólidamente afincado en el panorama internacional y con subsidio público. Sánchez se ha arrancado este año, y de manera privada ha propuesto otra plataforma, We Love Flamenco, que se proclama como moda flamenca alternativa y solidaria, porque el traje flamenco, ya se sabe, da mucho de sí. La pelea, entre lunares y bulerías, envuelve a otra icónica modelo, María José Suárez, a la que la veterana Revuelta supuestamente advirtió que no pisara la pasarela solidaria y alternativa. ¡Olé! María José se arrugó y no tomó esa alternativa. Sánchez, rápida, con los tacones en el suelo, ha declarado que la moda es un coso muy competitivo y que no pasa nada, que hay sitio para todas. Alternativas o no.

Si tenemos que aplaudir a alguien que se haya confesado esta semana, no será a Lance Armstrong, harto de EPO y de Oprah, sino a Jodie Foster por ser Miss Jodie Foster. Hemos crecido al lado de esta extraordinaria intérprete. Nos enamoramos en Bugsy Malone, nos volvimos casi tan locos como el que quiso dispararle a Reagan por ella, después de ver Taxi driver. Fuimos todos sus personajes en los ochenta y fuimos Claire en El silencio de los corderos y la mujer violada en busca de justicia en Acusados, pero también hemos llorado por su discurso en los Golden Globes, asumiendo sus 50 años y su rumoreada homosexualidad. Hollywood es casi el lugar más homófobo del mundo, donde muy pocos pueden atreverse a ir contra sus reglas. A una actriz de la calidad y éxito de Jodie jamás se le hubiera permitido hacer esa carrera si se hubiera declarado gay desde el principio. Con el prestigio ganado, decidida a abrirse otro camino en la vida, lo ha dicho para estar en paz consigo misma y con sus hijos, presentes en la sala, a los que llamó “mi moderna familia”. Frente a esa familia, la opción que ha propuesto Luis Alfonso de Borbón es volver a la del siglo XVII. Pero aun en el siglo XXI, los gais tenemos que seguir explicando nuestra condición cuando la mayoría de la gente jamás necesita explicar nada. Foster lo ha hecho con una clase magistral. Ahora tenemos que esperar a que Bárcenas y los suyos se decidan a hablarnos un poquito de sus asuntos internos.

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El discurso de Sáenz de Santamaría

¿Por qué el discurso de Soraya Sáenz de Santamaría parece sospechosamente emocionante pero falso al mismo tiempo? Me refiero a los aspectos formales, no al contenido ni a cuestiones políticas como la diferencia entre el número de viviendas ofrecidas a familias afectadas por desahucios y la realidad, u otras críticas relacionadas con la política social del Gobierno.

Por la diferencia entre la voz y los ojos. La vicepresidente ya ha demostrado en las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros que sabe cuándo tiene que bajar el tono (y el volumen) de la voz al hablar del impacto de los recortes del Gobierno o del drama del paro. Habitualmente, habla muy alto, con decisión, en general vocalizando bastante bien (a diferencia de muchos políticos) y con ganas de dejar las cosas claras. Los que le critican dicen que parece que está dictando los temas de una oposición, pero la política también es teatro (no necesariamente actuación, pero sí representación). Por ejemplo no hay que pensar que el micrófono servirá para que todos te escuchen. Hay que proyectar la voz. Como los actores buenos, a los que se les entiende perfectamente desde la última fila de butacas (la que está detrás de la columna).

Y cuando a Santamaría le toca mencionar a los millones de parados baja claramente el tono de voz, habla más despacio, hace que el que escucha tenga que prestar más atención, deja claro que no es una declaración política de las habituales, quiere hacer creer que de verdad siente lo que dice. Que lo consiga o no, es otro asunto.

Por comparar: a veces hasta cuando Montoro tiene que hablar de un tema serio, se le escapa el tono de cachondeo, la expresión coloquial o hasta la risa. Bueno, es un ejemplo facilón. Montoro es el otro extremo.

En las imágenes del discurso del jueves, la emoción está en el texto del discurso y en la voz (que por otro lado nunca llega a quebrarse; esa es la prueba del algodón, en especial cuando no estás leyendo un texto), pero no en los ojos, como creo que se puede apreciar si se ve el vídeo sin sonido. Y uno se acuerda de todos esos libros en los que el autor, no excesivamente original, escribe que el malo sonríe con la boca, pero no con los ojos.

Los ojos, siempre hay que mirar a los ojos. La boca a veces miente. En política, con mucha frecuencia.

Por Iñigo Sáenz de Ugarte

deshaucio banco

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Los descarados

pim pam

Los cínicos

Por Javier Gallego

El grado más avanzado de la corrupción no es el delito, es el cinismo con los que se comete o justifica el crimen. No hay mayor degeneración que la del corrupto que no esconde su condición y roba, engaña y hace daño abiertamente porque no ve su propia inmundicia. Algunos dirigentes del Partido Popular han alcanzado ese grado máximo de podredumbre moral. No solo son corruptos, son cínicos.

No se avergüenzan cuando mienten o cuando defienden acciones deplorables. Actúan con desFACHAtez. No utilizo las mayúsculas porque sea la derecha. No conoce ideología esta degeneración, la hemos visto también en el otro ala de la política española. Digo que esa forma impúdica de delinquir es fascista. Es pura soberbia, lejanía y prepotencia. Es la impunidad de quien se piensa por encima de la ley, la de quien se impone por la fuerza, la del que imparte la injusticia con un mazo.

En los últimos días y semanas, hemos visto un rosario de hechos censurables del partido del Gobierno justificados por algunos de sus miembros con cinismo ante las cámaras y micrófonos. Hemos visto a Güemes llamar “tontos” a los que ven, vemos, intolerable que fuera directivo de una empresa privada que se ha beneficiado de un servicio que él privatizó cuando estaba en la administración pública.

Güemes ha tenido que dejar el cargo por la lógica polémica que a él le parece una tontuna pero se ha ido diciendo que se ha coartado su libertad. Reclama para sí libertad quien compra y vende la de los demás. Güemes ha dejado su puesto pero la empresa a la que benefició, Unilabs, ya tiene lo que quería. Hay que ser muy cínico para hacerte la víctima cuando eres verdugo. Hay que ser muy cínico para tomar el pelo a la gente y encima llamarles tontos. El cínico nos toma por tontos porque se cree muy listo.

Hemos visto a otros antiguos compañeros suyos de partido defendiendo la legalidad de la acción de Güemes. Utilizan la legalidad como si fuera una coartada. Pues hay hechos que no son delito pero son un crimen. Hay hechos que son legales pero no son legítimos. Los cínicos confunden voluntariamente los términos. Es propio de los cínicos utilizar la legalidad a su conveniencia. Lo hemos visto en el caso Carromero.

Carromero ha cometido un delito juzgado y condenado por un tribunal cubano pero hemos visto cómo lo han extraditado de urgencia de Cuba, le han concedido la libertad nada más llegar a España y le han recolocado en su antiguo puesto de trabajo con la velocidad de un coche de carreras. A la misma velocidad con la que Carromero recupera el trabajo, miles de españoles lo pierden. Otro cinismo del Gobierno. Además, hemos visto cómo Esperanza Aguirre ha encumbrado a su colega como a un mártir del castrismo y le ha defendido como a una víctima. Eso también es cinismo.

Es descaro impúdico manipular la Justicia a tu antojo para favorecer a los tuyos mientras la mayoría ve violados sus derechos. Y hay que ser muy cínica para elevar a la categoría de héroe a un conductor temerario condenado. Los cínicos del Gobierno defienden la temeridad, no en vano ellos actúan temerariamente porque no temen las consecuencias. Y protegen abiertamente a quienes hacen lo mismo. Por eso han indultado a dos conductores temerarios y a cuatro Mossos d’Esquadra condenados por torturas, es decir, por atemorizar con violencia. La impunidad del cínico se asienta en el temor que infunde a los demás.

Todo esto será legal, sí. Pero es repugnante. Repugna la corrupción pero ofende más aún la desfachatez, descaro y obscenidad con la que actúan estos corruptos. La ofensa es doble. Y se multiplica en un momento en el que muchos españoles atraviesan momentos penosos. Es ofensivo que Rodrigo Rato se coloque con un sueldo millonario en la empresa privada, es obsceno que Ignacio González se compre un piso por 770.000 euros y en dudosas circunstancias en un país en el que están echando a la gente de sus casas por miles y es cínico que salga la vicepresidenta del Gobierno a fingir unas lágrimas por los desahuciados aunque no hace lo que tiene que hacer para evitar que los sigan desalojando.

Pero a los cínicos del PP nada de esto les parece escandaloso. Los cínicos niegan lo que todo el mundo ve. Pues no hay cinismo que pueda negar que Bárcenas se enriqueció como tesorero del Partido Popular. Ni hay cinismo que pueda esconder que durante dos décadas pagó sobresueldos a los miembros del partido en dinero negro, según publica hoy El Mundo. Tampoco hay cinismo que pueda justificar al presidente del Gobierno y a la presidenta del partido que sabían que esto ocurría. Como no hay cinismo que pueda explicar por qué Bárcenas sigue teniendo despacho, coche y secretaria en el PP si fue expulsado del partido, como publica hoy nuestro diario.

En España malversamos tanto que le hemos malversado hasta el sentido de la palabra “cínico”. Los cínicos griegos practicaban la austeridad frente al derroche de los poderosos y denunciaban con su sarcasmo los excesos, vicios y robos de las clases adineradas. En nuestro país, sin embargo, los cínicos se ríen de los más pobres robando, derrochando, prevaricando y mintiendo en sus narices. Tendríamos que ser todos muy cínicos para seguir tolerándolo.

crisis chorizo

Ilustración- Manel Fontdevila

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