Archivos Mensuales: diciembre 2012

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

The new Boeing 787 Dreamliner can carry about 250 passengers. This blog was viewed about 1.500 times in 2012. If it were a Dreamliner, it would take about 6 trips to carry that many people.

Haz click para ver el reporte completo.

12 del doce de 2012

Hueco en el alma. Sangre coagulada en las entrañas. Brusco eco. Silencio demoledor. Vacío avasallador. Demasiados recuerdos. Innumerables pasajes vitales. Paro cardíaco súbito. Sin tiempo a reaccionar. Son quizás muchos los miedos. Pero no hay excusa. La fortaleza no es suficientemente potente, no lo ha sido. No queda tiempo. El tren hace un rato que pasó, y no me subí a él. Nada ocurre sin motivo, por que sí. ¡Qué dura vida esta! ¿Qué queda? Heridas sin cicatrizar a las que se suman otras nuevas. De poco sirven las bocanadas de auxilio. Cada uno a lo suyo. Se lleva mejor. Todo pasa. Eso piensan. ¡Qué remedio! Futuro. Sigamos como hasta ahora. Que la especie continuará. Dos millones de años son poca cosa. Y aquí seguimos. Volviendo a caer. Poco a poco, y con caída libre. Sin flotadores que alivien el golpe. El fuego no se apaga. Las olas rompen en las rocas. Sigue lloviendo afuera como cada mañana. Las nubes acampan a sus anchas. Mientras tanto, un corazón late con menos fuerza. Las comisuras de los labios no se mueven como antes. La música es la de siempre. Al igual que el vuelo de las cigüeñas. Un día aquí, otro allá. Todo parece igual. Pero no. Algo ha vuelto a cambiar. Lentamente. Pausadamente. Con conocimiento de causa. No es nada nuevo. Es sensibilidad. Emociones encontradas. Y el reloj sigue marcando las horas. Las manecillas no dejan de dar vueltas. ¿Hasta cuándo? Porque el teléfono apenas suena. Y ese tiempo cada vez es más difícil sobrellevarlo. La ausencia no es buena compañera. Se ha marchado sin billete de vuelta. Con una bolsa y poco más. Distancia. Tristeza. Sin adioses. Tan sólo un te quiero. Gesticulando. Suficiente. No hace falta más. Lo demás se lleva por dentro. La pérdida no tiene calificativo. No sé dónde estoy. Sin momentos de felicidad. Más tristeza. Sufrimiento. Mirada a atrás. Por algo que supiste bueno y no pudiste retener. La gran incógnita. Presente incierto. Una sala de espera. Una cama a medio hacer. Debilidad. A oscuras, pero volando alto. Soñando con ese reencuentro. Una mínima esperanza. Eso es todo lo que me queda.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

«En los últimos días he estado
aprendiendo en cómo no confiar en las personas.
Y me alegro de haber fallado»
«Cuando mueres, todo lo que dejas
son los recuerdos que creaste
en la vida de otras personas»
«A veces dependemos de las personas
como un espejo para definirnos y
decirnos quiénes somos.
Y cada reflejo me convierte en mí misma
cada vez más»
(Elizabeth en “My Blueberry Nights”)

Don’t you cherish me to sleep
Never keep your eyelids clipped
Hold me for the pops and clicks
I was only for the father’s crib

Hair, old, long along
Your neck onto your shoulder blades
Always keep that message taped
Cross your breasts you won’t erase
I was only for your very space

Hip, under nothing
Propped up by your other one, face ‘way from the sun
Just have to keep a dialogue
Teach our bodies: haunt the cause
I was only trying to spell a loss

Joy, it’s all founded
Pincher with the skin inside
You pinned me with your black sphere eyes
You know that all the rope’s untied
I was only for to die beside

So it”s storming on the lake
Little waves our bodies break

There’s a fire going out,
But there’s really nothing to the south

Swollen orange and light let through
Your one piece swimmer stuck to you

Sold, I’m Ever
Open ears and open eyes
Wake up to your starboard bride
Who goes in and then stays inside
Oh the demons come, they can subside

+Reflexiones en Lo que NO quiero

‘Marca España’

La ciudadanía está más que harta del descaro con el que los culpables de la crisis se están yendo de rositas con el dinero de los contribuyentes. Gracias a la vista gorda de nuestras autoridades, para las que el interés público es siempre secundario frente a los intereses privados de los poderosos.

La detención bajo fianza multimillonaria impuesta a Gerardo Díaz Ferrán no es más que otra cortina de humo con la que se trata de ocultar que, aparte de este cabeza de turco, en España hay miles de evasores de capitales y defraudadores de impuestos que hurtan al Tesoro público el equivalente al 23,3% del PIB.

En nuestro país padecemos la tercera tasa de fraude fiscal más elevado de la UE-15 y en los últimos tres años de crisis los ingresos tributarios se han reducido en 41.140 millones de euros; más que todo lo que se dedicará al rescate de la banca. Mientras se mutilan los servicios sociales, y se recortan los salarios y las pensiones.

Queremos saber quiénes son los otros Díaz Ferrán…cuyo inolvidable aforismo («hay que trabajar más y cobrar menos») nunca se aplicó a sí mismo. O cuando decía «que la mejor empresa pública es la que no existe» (y la mejor, la que le venden a él) o cuando argumentaba que hacía falta «una reforma laboral profunda y global» para (¡ojo!) “calmar a los mercados”, días antes de dejar a sus propios trabajadores sin cobrar.

Éste era el empresario modelo.

Por Iñigo Ortiz de Guzmán

labanda presidente

Trabajar menos para robar más

Por José María Calleja

Pensamiento Díaz Ferrán:

Si Esperanza Aguirre es “cojonuda”, le doy mucho dinero para su campaña electoral.

Si la mejor empresa publica es “la que no existe”, me trinco el dinero que los inmigrantes latinoamericanos han ahorrado para pagarse los billetes de avión que les lleven a su tierra en Navidad y dejo a 5.000 personas en la tierra de la España que marca (ocurrió en 2009). Que no hubieran comprado billetes en mi compañía aérea.

Si pagar impuestos es un atraso, demos un mangazo de 50 millones de euros, de los que solo han aparecido 4,9 en Suiza, y expoliemos nuestras propias empresas.

Si de defender a la familia se trata, comprémonos un yate, un casoplón en Baleares, otra vivienda de lujo en Madrid y unos apartamentos en la zona más cara de Nueva York para las hijas, que pasean al perro con un collar con la bandera de España marcada.

Viva el mercado libre, mueran las subvenciones, excepto las mías, viva la competencia libre, la caza a lo bestia y los taxidermistas; viva lo hortera, los coches de lujo y quien los trujo.

Gerardo Díaz Ferrán ha sido el gran timonel de los empresarios españoles durante años, lucecita del Pardo sin apenas criticas entre los suyos; bueno, sí, yo he escuchado a ese empresario hotelero ejemplar, Antonio Catalán (AC), decir en mi programa, en CNN+, que Díaz Ferrán era un “delincuente” y un “defraudador”, y que tenía que dimitir como presidente de la CEOE. El denunciado no interpuso querella alguna. Ningún otro empresario ha dicho en voz alta algo que al parecer todos comentaban, en voz más o menos baja, mientras aplaudían al empresario saqueador ahora detenido como si estuvieran en un congreso del PC Chino.

Queda por saber si en esta cadena de mando de responsabilidades criminales su segundo en el escalafón, Arturo Fernández, no el actor, estaba al tanto de los enjuagues de su conmilitón. También si su sustituto, Joan Rosell, sabía qué tipo de negocios hacía su antecesor.

Ferrán no se ha aplicado nada de su propia máxima “trabajar más y cobrar menos”, y en realidad ha trabajado menos para trincar más. Le han pillado en casa con 150.000 euros, un lingote de oro  -que dicen que vale 60.000 euros- y una cara dura como el cemento armado.

El jefe, hasta hace un rato, de todos los empresarios españoles de la CEOE, pensaba que sobraban todos los sindicatos  -excepto el del crimen, entiendo- y debía ver con buenos ojos la amnistía fiscal, al final de la cual ha sido detenido.

Díaz Ferrán es de esa corriente de pensamiento económico que sostiene que no hay mejor cosa que no pagar impuestos. Coherente hasta el fin con su ideario, evadía a Hacienda, alzaba bienes, tomaba el dinero y corría. Un ladrón, por decirlo claramente.

En Suiza están alterados, han descubierto que en el local empresarial de la España que marca, se juega.

Ilustración- Jordi Labanda

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En sangrar anda el juego

sangrar

Lo peor de ser pobres

Por Andrés Trapiello

Cuando llegó el crac de 1929, algunos banqueros y bolsistas se arrojaron al vacío desde los rascacielos. Fueron las víctimas de las finanzas. Lo mismo ocurría con los ejércitos. Durante la primera Gran Guerra, generales y soldados marchaban al frente a pelear y matar o a que los matasen. Pero comprendieron que ni eran tan listos ni tan fuertes si las primeras víctimas tenían que ser ellos mismos, de modo que desarrollaron tácticas financieras y militares que les permitieran salvar su dinero y su pellejo en caso de que viniesen mal dadas. Les ha llevado mucho tiempo, pero puede decirse que los resultados son óptimos: se suicidan otros y mueren otros. Aunque los causantes de la ruina financiera sigan siendo los mismos que en 1929 y movidos por razones parecidas, la codicia y la usura, harían el ridículo suicidándose: eso se lo han dejado a los pobres, por lo mismo que en las guerras procuran que no mueran los soldados, como había ocurrido siempre, sino la población civil que no ha podido escapar de bombardeos y fuegos cruzados, o sea, también los pobres. A todos se nos hiela la sangre cuando oímos el número de víctimas civiles en las guerras de Iraq o Afganistán; a todos se nos ha apretado el corazón cuando se nos ha dicho que tal o cual persona se ha arrojado al vacío al írsele a desalojar por un desahucio de la casa donde vivía.

Los lectores (…) acaso recuerden que en ella se ha hablado alguna vez de las ventajas de una vida austera y sencilla, de la frugalidad frente a la glotonería, de la austeridad frente al despilfarro y del aprovechamiento de los recursos como alternativa a su consumo indiscriminado, del crecimiento en profundidad o elevación frente al crecimiento extensivo, en definitiva, de la virtud de aprender a ser feliz con poco para evitar ser desdichados en la abundancia, si acaso no lo somos como consecuencia de ella. No le importaba a uno que hubiera tales o cuales ricos, no envidiaba sus mansiones de gusto saudí ni sus yates o aviones ni sus fiestas. Le bastaban a uno bien pocas cosas: un trabajo justamente remunerado, lo preciso para poder tener un techo, unos cuantos libros, tres comidas al día no por frugales menos sazonadas, tiempo libre para dar de vez en cuando un paseo por el campo o visitar alguna ciudad especial, abrigo para el invierno y refresco para el verano y, claro, la salud para poder disfrutar de unos pocos amigos y una pequeña familia bien avenida. Puede alguien desear muchas más cosas, desde luego, pero dudo que pudiese nadie desearlas mejores.

Pues bien, estamos llegando a un punto en que ya ni siquiera les servimos pobres. Nos quieren en paro, sin casa, sin libros y, a ser posible, muertos. Preferirían, desde luego, que los muertos se quitaran de en medio con mayor discreción (lo de suicidarse deben de considerarlo un plagio de mal gusto y trasnochado), y seguramente en este momento están trabajando codo con codo los gobiernos y los banqueros para lograr una reducción tan apreciable como discreta de la población mundial, porque deben de encontrar irritante que una sola mujer que se arroja al vacío haya podido detener todos los desahucios.

Publicado en Magazine

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