Quizás

¿Se llama temor
…a todo aquello que nos es desconocido?
…cuando nos preguntan algo y no sabemos contestar?
…a lo absurdo?
…a aquello que no podemos quitarnos de la cabeza cuando nos sentimos solos y abandonados?
…al simple hecho de amar y no ser correspondido?
…a intuir las cosas de manera diferente?
…el que observes, después razones… para, al final, no decir nada?
…, sí, sí,… Eso que precisamente nos cuesta nombrar?
…el sentirse rechazado?
…luchar por causas en las que crees y aún así ser considerado un ‘bicho raro’?
…a ser un ser algo alterado?
…a querer formar un mundo nuevo, impulsar ese alma que -de alguna forma- te inquieta?
…querer cambiar las posibilidades que se nos dan ya de por sí elaboradas?
…en general, a no saber lo que uno quiere? 
 
QUIZÁS.
 
¿A qué tanto miedo, entonces?
El mundo da vueltas y vueltas. Pero el espanto sigue ahí. No podemos quitárnoslo de encima.
¡Ojalá no fuera tan complicado!
Todos somos uno, iguales. Aunque haya personajes que consideran que es todo lo contrario. Nacionalidades aparte, en el fondo somos una milésima parte de un sinfín de planetas que desconocemos. Por eso y por mucho más. Por nuestro desconocimiento, no debe haber ni mejores ni peores. Simplemente somos. Simple y llanamente, existimos.
Por eso, deberíamos ser un todo. Estamos interrelacionados unos con los otros. Por eso es tan importante la conectividad con los demás. Pero de manera efectiva. Sin mirarse el propio ombligo. Así no hacemos nada. Porque entonces, habrá cada vez más ricos, pero también a la vez más pobres; menos oportunidades para todos. Habría que preguntarse si realmente es eso lo que queremos.
El pánico es propio de nuestro ser.
Otra forma de llamarlo es canguelo; lo que no controlamos. Ese yuyu a lo minoritario. Lo que no está escrito en los libros de texto. Es así. Dejarse llevar por lo que es políticamente correcto. Callamos. Lo hacemos por pavor a opinar diferente. En definitiva, por no querer destacar y encima te traten de loco. Lo curioso es que a uno lo tratan como tal, y todos tan campanchos.
No deberíamos conformarnos.
 
¿El verdadero temor no es sentirse invisible?
QUIZÁS.
Si yo lo supiera…
 
 
Llamémosle locura, o demasiada cordura.
…POR QUÉ NO!

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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