Archivos Mensuales: abril 2012

La mentira

Elogio de la mentira

Por Antonio Dyaz

Xavier Álvarez es un héroe. Ha conseguido que la Corte Suprema de los Estados Unidos le reconozca su derecho inalienable a mentir. Mintió al decir que jugaba al hockey con los Detroit Red Wings, mintió acerca de estar casado con una estrella mexicana y mintió al comentar haber rescatado al embajador de EEUU durante la crisis de rehenes en Irán. Pero, solamente, cuando dijo haber recibido la Medalla de Honor al Mérito Militar, su mentira quebrantó la Ley y su caso saltó a los medios.

En nombre de la verdad han corrido ríos de sangre. Lo malo es que la verdad como tal, simplemente, no existe; de ahí, la sangre.

No es lo mismo engañar que mentir. Por eso no hay un código de publicidad mentirosa, sino engañosa. La publicidad miente, por supuesto, pero de una forma más o menos elegante pues nos encanta ser objeto de ese juego en que la verdad queda relegada a un segundo plano.

La mentira es una ventaja evolutiva que solo los primates superiores (y algunos futbolistas) hemos conseguido desarrollar. La tecnología nos hace más llevadero el octavo mandamiento de Moisés (en el caso, altamente improbable, de que esta leyenda del desierto contenga un ápice de verosimilitud). Por ejemplo, la ‘Realidad Aumentada’, de la que se espera un volumen de negocio de cientos de millones de dólares el próximo ejercicio, no es sino la enésima floritura de la mentira. ¿Por qué no llamarla ‘Realidad Falsa’? Porque suena mal. El marketing se ocupa de pulir esas aristas del lenguaje ya que pagamos para que nos mientan (por eso vamos al cine o compramos el periódico, entre otras cosas).

Sin mentiras, nuestras parejas y nuestras familias se habrían derrumbado hace tiempo (muchas de ellas se derrumban después de todo, a pesar de nuestra continuada y meritoria falta de sinceridad).

Sin mentiras, todo el sistema diplomático y de política exterior sería inútil y cada país estaría en guerra con el vecino solo por expresarse con franqueza ante los micrófonos de la ONU (o en sus legendarios urinarios).

Y sin mentiras, no habría abogados, lo que puede parecer una ventaja a simple vista pero que, sin duda, acarrearía algunos inconvenientes.

Si la primera vez que somos invitados al hogar familiar, nuestra futura suegra nos pregunta: “¿Te ha gustado la paella, hijo?”, un abismo se abre ante nosotros, sobre todo, si el arroz era incomestible. Podemos elegir entre destrozar nuestra incipiente relación espetando la expresión: “¡Ojalá te mueras, Francisca!”, o plegarnos a las convenciones y pronunciar esta otra relamida: “Estaba deliciosa, señora Paquita”.

La sinceridad está sobrevalorada y se ha convertido en una lacra que solo produce dolor. Mentir es divertido, sobre todo, si no se persigue fin alguno. Le recomiendo adquirir soltura deslizando en cualquier conversación pequeñas inexactitudes como estas: “Ayer me compré un termómetro” o “Me excita Lina Morgan”, para así perder el miedo, pues ¿quién quiere saber la verdad? Solo los débiles.

Finalicemos este alegato mencionando esas mentiras, susurradas entre las sábanas a nuestros seres queridos en bolas, con el único fin de obtener más caricias, más placer…

…o más dinero.

Publicado por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Recopilación de fotografías e ilustraciones en Pinterest

Frida Kahlo

© Iñigo Ortiz de Guzmán 

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Air Doll

Film: ‘Air Doll/Kûki ningyô‘ (2009), de Hirokazu Koreeda

Secuencia película-min.45

– Dime, ¿has oido hablar de un insecto llamado efímera? Ese insecto muere un día o dos después de dar a luz. Tiene el cuerpo vacío, no tiene ni estómago ni intestinos. En su interior solamente tiene huevos. Es una criatura nacida sólo para dar a luz. Los seres humanos no somos muy diferentes, nada tiene sentido.

– Yo también estoy vacía.

– Que coincidencia, a mi me pasa lo mismo, estoy vacío.

 – ¿Cree qué habrá más como nosotros?

– Hoy en día, todo el mundo está vacío. 

– ¿Tódo el mundo?

– Sí, sobre todo las personas que viven en ciudades como esta. No eres la única. Oye, ¿conoces alguna poesía?

– ¿Poesía?

 – ¿No conoces ninguna poesía? Ahh, no importa. La vida está…
– La vida está…

Parece que la vida está organizada de una forma en la que nadie es feliz sin compañía.

Así como las flores no les basta con tener pistilos y estambres. Un insecto o el viento deben ayudarlas a polinizar.

La vida es soledad que sólo con otro se puede satisfacer.

Parece como si el mundo es la suma de esos otros. Y, sin embargo, no sabemos no nos dicen que nos complementamos mutuamente. Vivimos de forma desperdigada.

Conducimos nuestras separadas vidas, perfectamente ignorantes uno del otro. O a veces, poder encontrarnos con la insoportable presencia de otros.

¿Por qué este mundo está construido de forma tan improvisada?

Un tábano, rodeado de luz, vuela hasta posarse sobre una hermosa flor. Yo también podría haber sido un tábano para alguien. Y quizás tú también alguna vez hayas sido mi brisa

Película completa (1:56:00)

Tener alma es una terrible experiencia.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

+movies en Chill.com

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Videos de los buenos.

Música, video arte, comedia, films, animación,…

Todo en uno.

I don’t know about my dreams
I don’t know about my dreamin anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Might as well fall in.

I don’t know about my love.
I don’t know about my loving anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Might as well fall in.

I don’t know about my dreams.
I don’t know about my dreaming anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Falling.

I don’t know about my love.
I don’t know about my loving anymore.
All that I know is
I’m loving, falling, loving, loving.
Might as well love you.

I don’t know about my love.
I don’t know about my loving anymore.
All that I know is
I’m turning, turning, turning, turning,
Might as well turn in.

I don’t know about my dreams.
I don’t know about my dreaming anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Might as well fall in.

I don’t know about my love.
I don’t know about my loving anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Might as well fall in.

I don’t know about my dreams.
I don’t know about my dreaming anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Falling.

I don’t know about my love.
I don’t know about my loving anymore.
All that I know is
I’m loving, loving, loving, loving.
Might as well love you.

I don’t know about my dreams.
I don’t know about my dreaming anymore.
All that I know is
I’m falling, falling, falling, falling.
Might as well fall in.

Música- James Blake

Link: chill.com/inigoortizdeguzman

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Italia

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Firenze y Siena en Semana Santa 2012.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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What must be said

Lo que hay que decir

El escritor alemán Günter Grass advierte en el Süddeutsche Zeitung de una guerra contra Irán. En su poema titulado “Was gesagt werden muss/ What Must Be Said” el premio Nobel de Literatura se opone a un ataque israelí contra la antigua Persia, y apela a la hipocresía de Occidente de su silencio.

 Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.
 
 

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Ilustración- Iker Ayestarán

Tipografía- 366 cool things

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