Archivos Mensuales: marzo 2012

Fealdad + injusticia= huelgas

Miras a alrededor y lo que ves parece feo. Muy feo.

Ves a millones de personas en el paro, con los problemas económicos y anímicos que eso conlleva. A muchos de ellos rozando el umbral de la pobreza, o ya abiertamente dentro de ella. A muchos perdiendo esas casas a cuya compra los empujaron cínicamente los bancos. A cientos de miles de jóvenes capacitados y entusiastas con todas las puertas cerradas, salvo las de la emigración. Y a otros cientos de miles de mayores de 50 años que difícilmente podrán reincorporarse a la vida laboral.

Ves a un montón de políticos y expertos –españoles y europeos– que no saben por dónde tirar y terminan tirando por el camino más fácil, el de hacerles la vida aún más dura a quienes ya la tienen sobradamente complicada. La corrupción reptando como una serpiente de mil cabezas. Una sanidad cada vez peor. Una educación que fracasa demasiadas veces. Un sistema judicial al que en muchas ocasiones le interesa cualquier cosa menos la justicia.

Nos vamos volviendo miedosos, conservadores, cada vez más sumisos.

Mariano Rajoy parafrasea a los Rolling Stones: “En política uno no siempre consigue lo que se propone”. También asegura que el varapalo electoral del PP no es para tanto, que es un “gran resultado”, y que no dará ni un paso atrás. Los Stones tienen razón y el presidente del Ejecutivo no. Ojalá pudieras conseguir siempre lo que deseas, y está por ver que la reforma laboral de los populares no se deje pelos en la gatera de la huelga general.

Que la huelga sea un éxito le viene bien incluso a Rajoy, al que Europa quiere imponer unos recortes sin precedentes en el mundo, más duros incluso de los que ha exigido a Grecia, a Irlanda o a Portugal. Si los españoles nos tomamos este abuso con resignación, con apatía y con docilidad, el Gobierno no tendrá ni la voluntad ni los argumentos para plantarse ante Bruselas y Merkel.

Si no hay presión ciudadana, ¿quién nos va a salvar de un ajuste suicida del gasto público que nos lanza de cabeza a una durísima recesión?

Discurso final de la película ‘El Gran Dictador‘ dirigida por Charles Chaplin en 1940.

Considerado como uno de los mejores discursos sobre libertad y democracia.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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¿Desciende la pobreza?

Hace unas semanas el Banco Mundial publicó una breve nota de prensa de seis páginas, que causó gran impacto.

Señalaba que, a pesar de la recesión mundial, la pobreza extrema había bajado en el mundo. El título de la nota de prensa lo decía todo “Nuevas Estimaciones Revelan una Disminución de la Pobreza Extrema durante el periodo 2005-2010”. Ni que decir tiene que los mayores medios de información del mundo occidental, de sensibilidad liberal, ansiosos de buenas noticias, echaron campanas al vuelo. Los mayores diarios y semanarios del mundo publicaron noticias y artículos en lugar prominente, con titulares muy llamativos, anunciando la noticia. El del The New York Times era representativo: “La pobreza mundial desciende a pesar de la recesión económica mundial”. Titulares parecidos aparecieron en los mayores medios. Un tanto semejante ocurrió en la prensa liberal económica, desde el Financial Times al The EconomistÉste último señalaba que “por primera vez, el número de pobres desciende en todo el mundo”.

El problema con toda esta movilización mediática es que los datos, incluyendo los propios datos del informe del Banco Mundial, no reflejan esta realidad.

Lo primero que aparece es que los que el informe presenta van del año 1981 al 2008. El estudio del Banco Mundial es la evolución de la pobreza extrema durante este periodo. El último año analizado es -sí, no hay error- 2008, el primero de la recesión. En realidad, la crisis y la recesión se iniciaron aquel año, y a nivel mundial todavía continúa en muchas partes del mundo. Para llegar a la conclusión a la que llegaron los medios, el estudio tendría que haber analizado la evolución de la pobreza durante el periodo 2008-2012, y ver si realmente bajó durante esos años.

Pero el informe del Banco Mundial comete otro error que, como el anterior, le permite llegar a una conclusión equivocada. Analiza cuánta gente vive en el mundo con menos de 1.25 dólares al día. Y dado que el total, según sus cálculos, es  que en 2008 había 662 millones menos que estaban en esta condición que en 1981, concluye que la pobreza ha disminuido a nivel mundial. Puesto que este periodo ha sido el periodo liberal, es decir, el periodo que la mayoría de países del mundo, presionados por el Fondo monetario Internacional y por el Banco Mundial, han llevado a cabo políticas neoliberales, este descenso se presenta como la prueba del gran éxito de tales políticas. ¿O no?

Tal euforia ignora algunos hechos elementales. Uno de ellos es que la mayoría de este descenso del porcentaje de la población que vive con menos de 1,25 dólares al día se concentra en China (y en segundo lugar en la India), y China no ha seguido las políticas neoliberales en su desarrollo.

En contra de la sabiduría convencional neoliberal conocida como Consenso de Washington en EEUU, y Consenso de Bruselas en la UE, el Estado de China es altamente intervencionista, con pleno control público de la banca y del crédito.

En otros países donde la pobreza disminuyó a principios de este siglo, tales como Venezuela, Brasil, Argentina y otros países de América Latina, este descenso se debió precisamente a la revuelta en contra de las políticas neoliberales, rompiendo con ellas, mediante políticas intervencionistas de orientación redistribuidora, con activa participación del Estado en su actividad económica.

En definitiva, ¿funciona el sistema neoliberal entendido como tal? Todo apunta a que no.

De hecho, su impacto en la pobreza ha sido devastador y la crisis está acentuando todavía más esta situación. España es un claro ejemplo de ello.

La pobreza se está disparando, no reduciendo.

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Acerca del 11M

Hace casi un año que la conspiración del 11-M quedó definitivamente quebrada, aunque los conspiradores jamás lo admitirán.

Fue a finales de marzo de 2011, cuando el exminero José Emilio Suárez Trashorras presentó su recurso de apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En su escrito, Trashorras admite lo que no confesó ante la Audiencia Nacional, lo que demostraban todas las pruebas: que fue él quien robó la dinamita de Mina Conchita y quien después vendió esos explosivos al grupo islamista que cometió los atentados. No busquen esta información en El Mundo.

Nunca la publicó.

Trashorras en su recurso incluso pide perdón a las víctimas del atentado por “no haber prestado la colaboración necesaria” a la Justicia. En su confesión, tira por tierra toda la conspiración del 11-M: si el explosivo salió de Mina Conchita, si la compraron los islamistas, ¿qué más da que hubiese rastros de dinitrotolueno –probablemente por impurezas en la fabricación– en la Goma 2 ECO?

La última declaración de Trashorras también pone en su sitio ciertas exclusivas de El Mundo. La hemeroteca siempre deja en evidencia las mentiras. Solo hay que echar un vistazo a las portadas de septiembre de 2006, las declaraciones del mismo delincuente que ahora admite su papel en el atentado y que entonces confesaba al diario de Pedro J. Ramírez misteriosas conexiones con ETA y la Policía. Todos eran culpables. Todos, salvo él.

“Mientras El Mundo pague, yo les cuento la Guerra Civil”, dijo el propio Trashorrras a sus padres en una conversación desde la cárcel, previa a esa entrevista donde, en efecto, cantó las batallitas que El Mundo quería escuchar. Que sea ahora este mismo diario el que acuse a los sindicatos y a Pilar Manjon –portavoz de la asociación mayoritaria de las víctimas del 11-M– de utilizar el atentado contra el Gobierno a cuenta de la reforma laboral es solo una indecencia más. Hace bueno este famoso verso de Machado: “El más truhán se lleva la mano al corazón”.

Siempre es así.

 

 

 

 

 

 

Por Ignacio Escolar

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