Archivos Mensuales: febrero 2012

Lo que quiero ahora

Será por la edad, porque de leer siempre algo queda, por esos golpes de la vida, de tanto caer y de no tener más remedio que levantarte -más por los demás que por uno mismo-, porque hay que ser positivos. Sí, eso es. Basta de quejarse, de tantos choques de ego.

El otro día me llegó vía @ un artículo de Ángeles Caso, a la que realmente -desde su paso por TVE en los años 80 y por sus premios literarios- apenas la he seguido. Y ahora me doy cuenta de lo mucho que me he podido perder. De saber lo que uno quiere. Bueno, casi. De lo que percibe. ¿Quién lo sabe a ciencia cierta?

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

Lo que quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso. O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación –al menos la sensación– de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran areposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una mujer amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Por Ángeles Caso (Gijón, 1959) en Magazine LA VANGUARDIA

I find shelter, in this way
Under cover, hide away
Can you hear, when I say?
I have never felt this way

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Could I be, was I there?
It felt so crystal in the air
I still want to drown, whenever you leave
Please teach me gently, how to breathe

And I’ll cross oceans, like never before
So you can feel the way I feel it too
And I’ll mirror images back at you
So you can see the way I feel it too

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Maybe I had said, something that was wrong
Can I make it better, with the lights turned on?

Música- The xx

+ info en 11.1.11

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De viaje por…

المغرب MARRUECOS: Marrakech y Essaouira

Marrakech está teñida de sangre.

Cuando se clavó la afilada Kutubia en su corazón, la ciudad entera sangró y sangró hasta que las murallas y las paredes de todas las casas quedaron totalmente cubiertas de rojo.

Es una famosa leyenda local que muestra el carácter mágico y salvaje que se oculta, agazapado, en el interior de la gran capital del desierto, el puerto del norte del Sahara, el oasis en el que recalaban las polvorientas caravanas de camellos y los prodigios de toda África.

Eso es Marruecos… un compendio de muchas y diversas sensaciones.

Y si hubiera que poner un título a la experiencia en esta y en la otra ciudad costera de Essaouira que visitamos mi gran amigo Luis y moi sería algo como “País de contrastes, de colores ocres, de una luz intensa, de un olor característico a especias, de grandes diferencias de clase, de chicos ‘avispados‘ que te quieren hacer de guía por dos dirhams, de callejuelas que te hacen recordar a Ali Baba, de espectaculares puestas de sol… Pero sobre todo, Marrakech es donde el paso del tiempo brilla por su ausencia. En definitiva, donde los sueños exóticos se hacen realidad”

Salam aleikum!

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Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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