Democracia vs. Franquismo

Uno de esos quiebros macabros del destino ha hecho coincidir, en el día de hoy, dos acontecimientos singulares: el entierro de Manuel Fraga y el primero de los tres juicios abiertos por el Tribunal Supremo contra Baltasar Garzón.

Nada tienen que ver la extinción física de uno de los últimos protagonistas políticos del franquismo y el primer acto de un calvario judicial que muy probablemente pondrá fin a la carrera de uno de los magistrados más reconocidos de la democracia.

Pedro María Martínez, 27 años… Francisco Aznar, 17 años… Romual Barroso, 19 años… José Castillo, 32 años… Bienvenido Pereda, 30 años… Murieron el 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz, cuando la policía disolvió a tiros una asamblea de trabajadores en huelga que se celebraba en una iglesia. Fraga era ministro de Gobernación, el máximo responsable político de la policía que abrió fuego. La calle era suya, de palabra y de facto. Ninguno de estos crímenes fue jamás juzgado.

Enrique Ruano, 21 años. Fue un estudiante de derecho asesinado en 1969 por la Brigada Político Social, la policía política de la dictadura. ¿Su delito? Repartir pasquines antifranquistas. Según la versión del régimen, Ruano se suicidó lanzándose por una ventana. Según quedó claro hace unos años, Ruano fue torturado durante cuatro días y después ejecutado de un disparo; de su cadáver se serró el hueso de la clavícula para esconder el agujero de una bala. Fue Fraga, ministro de Información, quien se ocupó de filtrar al ABC una carta de la víctima que lo presentaba como un suicida. Fue también el mismo Fraga quien llamó al padre de Ruano para recordarle que tenía otra hija, para amenazarle, para decirle que se callara.

Fraga ha recibido hoy sepultura en Galicia homenajeado como hombre clave de la Transición democrática, al tiempo que el otrora “guerrero insobornable” de la judicatura contra el terrorismo, la corrupción y el crimen de Estado se sentará en el banquillo por haber dado curso legal a la petición fiscal de pinchar conversaciones entre presos y abogados para buscar el destino de millones de euros distraídos durante años de las arcas públicas por la mayor trama de corrupción política de las últimas décadas.

La justicia no puede obedecer al azar. Si no es igual para todos ya no es justicia.

+ info en Garzón, en el punto de mira

+ info en Tres tristes trajes

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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