Archivos Mensuales: enero 2012

¡Identifíquese!

Por Fernando Savater en EL CORREO (22 de Enero de 2012)

Solo los racismos, los integrismos religiosos y los totalitarismos pretenden hacer depender la ciudadanía de una identidad única y excluyente, obligando a quienes no la comparten a vivir como extranjeros en su propio país

El otro día, en la tertulia matutina de la SER, se comentaba elogiosamente la entrevista entre Antonio Basagoiti y Pello Urizar, celebrando lo mucho que había cambiado el PP «desde los tiempos de Mayor Oreja y María San Gil». Vamos, como si la situación política en el País Vasco fuese hoy igual que la de entonces y como si en su transformación no hubieran sido decisivas, entre otras cosas, la firmeza de personas como Mayor Oreja o María San Gil. Otro botón de muestra de la lectura sesgada, voluntarista y amnésica que suelen hacer de los ‘nuevos tiempos’ incluso los medios de comunicación más respetables…

Los resúmenes de prensa de la citada entrevista decían que Basagoiti había reconocido que, aunque ETA no tiene legitimación política alguna, existe en Euskadi «un conflicto político entre identidades». Como es natural, no sé hasta que punto esta información es exacta y en qué contexto debe ser entendida como expresión de las ideas del líder del PP vasco. Que entre nosotros hay conflictos políticos, no uno sino varios como en cualquier otra parte, es cosa que aceptan Basagoiti, Urizar, ustedes que me leen y yo que les escribo. Si no fuera así, aparte de que constituiríamos una rara excepción planetaria que nos asemejaría más a un panal de abejas que a una comunidad humana, vendrían ya sobrando todas las instituciones democráticas de nuestra sociedad, tanto generales como locales. Nos levantaríamos cada mañana pensando todos lo mismo y los medios de comunicación ya no sabrían a cuantos accidentes navales y crímenes pasionales recurrir para hacer entretenidos sus informativos…

Lo curioso es que el conflicto político que aquí se destaca por antonomasia sea «entre identidades». Porque precisamente reducir la necesaria dialéctica entre proyectos políticos en enfrentamiento entre identidades es lo que caracteriza al nacionalismo que hemos conocido. Como si la cuestión importante fuese lo que cada cual es en su esencia y no lo que proponen unos y otros para resolver los problemas y encauzar la vida en común. Todavía en su reciente discurso al asumir de nuevo el liderazgo del PNV, Iñigo Urkullu proponía desbancar de Ajuria Enea a sus actuales ocupantes a fin de alcanzar «un Gobierno vasco de verdad, un Gobierno del PNV», lo que sonaba a reprochar a los socialistas falta de identidad ‘vasca’. Después Urkullu aclaró que se refería a mejorar su gestión, aunque no pone en duda su condición de vascos, lo que a algunos nos ha parecido una excelente noticia. Pero no puede extrañarse el jeltzale del equívoco: son cosas que oímos todos los días y que ya han arraigado incluso en la forma de expresarse de los no nacionalistas. Como cuando se habla de ‘parlamentarios vascos’ o ‘senadores vascos’ para señalar a los nacionalistas, como si no hubiera vascos tan dignos de ese gentilicio como ellos en otros grupos políticos.

Es cosa sabida que todos podemos considerarnos revestidos de múltiples identidades, unas duraderas y otras fugaces, unas que nos avergüenzan y otras que nos enorgullecen, unas relevantes y otras triviales, en su mayor parte convencionales y casi siempre superpuestas. Nuestras identidades expresan nuestras obligaciones, nuestras apetencias, nuestras relaciones y nuestras actividades, tanto ocasionales como permanentes. Ya en 1908 observaba G. K. Chesterton: «Casi cada uno de nosotros es a la vez un contribuyente, un alma inmortal, un inglés, un bautizado, un mamífero, un poeta menor, un juez, un hombre casado, un ciclista, un cristiano, un comprador de periódicos y un crítico de Mr. Alfred Austin. Deberíamos tener un uniforme para cada cosa». La idea del uniforme no está nada mal (a continuación Chesterton propone algunos muy divertidos y hasta el más austero de nosotros tiene varios en casa para distintas ocasiones ceremoniales, deportivas o simplemente climatológicas), pero lo malo es cuando alguien se empeña en uniformizarnos de un único modo, convirtiendo una de nuestras identidades posibles en obsesivamente obligatoria y predominante sobre todas las demás. Y sobre todo cuando se reserva el derecho de autorizarnos a usar ese uniforme o prohibírnoslo.

En los Estados democráticos actuales (y en cada ciudadano) conviven diversidad de identidades, o sea formas de ser o de creer que somos. Solo los racismos, los integrismos religiosos y los totalitarismos pretenden hacer depender la ciudadanía de una identidad única y excluyente, obligando a quienes no la comparten a vivir como extranjeros en su propio país o herejes aborrecidos. Los necesarios conflictos de la política en democracia nunca son colisiones entre identidades (formas de ser) sino entre propuestas de organización de la convivencia (o sea, formas de estar juntos). O incluso formas de separarse civilizadamente, porque el independentismo no es un rasgo identitario de los auténticos vascos sino un proyecto de los nacionalistas. Que por cierto en el caso de Escocia y Gran Bretaña el premier Cameron ha enfocado de un modo interesante, al proponer un referéndum vinculante inmediato e inequívoco.

Puede ser un camino entre otros para regresar de la inextricable cháchara identitaria a una cierta racionalidad política.

Ilustración- Iker Ayestarán

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Democracia vs. Franquismo

Uno de esos quiebros macabros del destino ha hecho coincidir, en el día de hoy, dos acontecimientos singulares: el entierro de Manuel Fraga y el primero de los tres juicios abiertos por el Tribunal Supremo contra Baltasar Garzón.

Nada tienen que ver la extinción física de uno de los últimos protagonistas políticos del franquismo y el primer acto de un calvario judicial que muy probablemente pondrá fin a la carrera de uno de los magistrados más reconocidos de la democracia.

Pedro María Martínez, 27 años… Francisco Aznar, 17 años… Romual Barroso, 19 años… José Castillo, 32 años… Bienvenido Pereda, 30 años… Murieron el 3 de marzo de 1976 en Vitoria-Gasteiz, cuando la policía disolvió a tiros una asamblea de trabajadores en huelga que se celebraba en una iglesia. Fraga era ministro de Gobernación, el máximo responsable político de la policía que abrió fuego. La calle era suya, de palabra y de facto. Ninguno de estos crímenes fue jamás juzgado.

Enrique Ruano, 21 años. Fue un estudiante de derecho asesinado en 1969 por la Brigada Político Social, la policía política de la dictadura. ¿Su delito? Repartir pasquines antifranquistas. Según la versión del régimen, Ruano se suicidó lanzándose por una ventana. Según quedó claro hace unos años, Ruano fue torturado durante cuatro días y después ejecutado de un disparo; de su cadáver se serró el hueso de la clavícula para esconder el agujero de una bala. Fue Fraga, ministro de Información, quien se ocupó de filtrar al ABC una carta de la víctima que lo presentaba como un suicida. Fue también el mismo Fraga quien llamó al padre de Ruano para recordarle que tenía otra hija, para amenazarle, para decirle que se callara.

Fraga ha recibido hoy sepultura en Galicia homenajeado como hombre clave de la Transición democrática, al tiempo que el otrora “guerrero insobornable” de la judicatura contra el terrorismo, la corrupción y el crimen de Estado se sentará en el banquillo por haber dado curso legal a la petición fiscal de pinchar conversaciones entre presos y abogados para buscar el destino de millones de euros distraídos durante años de las arcas públicas por la mayor trama de corrupción política de las últimas décadas.

La justicia no puede obedecer al azar. Si no es igual para todos ya no es justicia.

+ info en Garzón, en el punto de mira

+ info en Tres tristes trajes

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Hay tiempo

Puedes intentar huir de la historia de tu vida. Pero no puedes (…)

El corazón se rompió. Te conoceré cuando seamos dos viejos. Y puede que sabios. Espero que sabios.

Te conozco ahora. Tu historia. La mía no es la que hubiera elegido desde el principio. Pero la acepto. Es mi historia. Y sólo mía. Y aún no ha terminado.

Hay tiempo.

Hay mucho tiempo

Fragmento final del capítulo 4, de la serie ‘Iluminada

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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Resumen 2011

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas.

Retazos del Mundo -ahora plus– fue visto cerca de 57.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 21 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera. Vaya, vaya,…

Para ver el repor completo, pinchar aquí

Feliz 2012 a tod@s!

Hay tantos mundos como cerebros hay en el mundo- Eduard Punset

Por © Iñigo Ortiz de Guzmán

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